La meditación o contemplación de los misterios del Rosario
El término “misterio” entró en el vocabulario del Rosario por primera vez en los estatutos de la cofradía del Rosario, en 1480, donde se enumeran los quince misterios distribuidos en tres series: gozosos, dolorosos y gloriosos. En el año 2002, el papa San Juan Pablo II añadió una cuarta, la de los misterios luminosos.
Desde muy pronto se vio la necesidad de “meditar” los misterios del Rosario para que esta oración no se convirtiera en mecánica y rutinaria. El papa San Pablo VI subrayaba que la contemplación de los misterios era un elemento tan esencial al rezo del Rosario que, si llegara a faltar, esta oración se volvería semejante a un cuerpo sin alma. Bien rezado, el Rosario es una oración contemplativa. San Juan Pablo II decía que el Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana.
¿Por qué hay que contemplar los misterios de Cristo? Porque para ir al Padre tenemos que pasar por Jesús, tenemos que contemplar e imitar los misterios de su vida. Sus acciones, sus palabras y sus gestos son verdaderos misterios, son medios de salvación, son fuente de vida eterna. Hay en ellos un significado oculto que no aparece a simple vista; por eso se nos invita a meditarlos una y otra vez. Pero, más allá de los misterios, lo que realmente nos interesa es la persona de Cristo: queremos buscarle a Él, entrar en comunicación con Él; entablar con Él una comunión de vida.
La meditación de los misterios del Rosario nos ayuda poderosamente a modelar nuestro corazón a imagen del corazón de Jesús. Y esto, a su vez, nos conduce necesariamente a “anunciar a Cristo”.
María fue la primera que contempló los misterios de su Hijo. Algunos los vivió en propia carne. El evangelista san Lucas alude a la dimensión contemplativa de María en dos ocasiones en las que nos dice que “conservaba todo esto en su corazón”. El Rosario es contemplar a Cristo con los ojos de María. Como enseña San Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre el Rosario, esta oración nos lleva a recordar a Cristo con María, a comprender a Cristo desde María, a configurarnos con Cristo a través de María, a rogar a Dios con María. Se trata de un modo insuperable de ir a Jesús por medio de la Virgen.
Meditar los misterios de la vida de Cristo, es decir, los misterios del Rosario, nos proporciona un inmenso caudal de vida. Nos ayuda a iluminar la realidad con una luz nueva; nos acerca a Dios, haciéndonos entrar en el mundo de sus “preocupaciones”, y, por ello, nos hace más sensibles a las necesidades de la gente que nos rodea. El Rosario sigue siendo una oración capaz de revitalizar la vida espiritual de todo cristiano.
Fr. Manuel Ángel Martínez, O.P.
Oración
Oh, María, Madre de Dios y Madre nuestra:
Enséñanos a aceptar la voluntad de Dios
con el Espíritu de la Anunciación.
Visítanos en nuestras necesidades
Como visitaste a Isabel.
Engéndranos a la gracia,
como engendraste a Jesús en la carne.
Preséntanos a Dios Padre,
como hijos tuyos.
Haz que nos perdamos un tiempo, cada día,
en comunicarnos con Dios, para que,
a ejemplo de tu Hijo, Jesús,
tengamos, como alimento, dejar que Dios
pueda “actuar su providencial plan de salvación”
sobre cada uno de nosotros.
Amén.
Misterios Gozosos
1º. La Anunciación del Ángel a María:
“El ángel, entrando en la presencia de María, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. María contestó: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,2 26-38).
2º. La Visitación de la Virgen a su prima Isabel:
“María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, y saludó a Isabel. Isabel dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Dichosa tú que has creído. María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor” (Lc 1, 39-56).
3º. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén:
“Mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. Un ángel se apareció a unos pastores y les dijo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2, 1-14).
4º. La Presentación de Jesús en el Templo:
“Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor. Simeón lo tomó en brazos y dijo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador” (Lc 2, 22-40).
5º. El Niño Jesús Perdido y Hallado en el Templo:
“Cuando Jesús cumplió doce años, subieron sus padres con él a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros” (Lc 2, 41-52).
No olvidemos:
* Cada misterio es un momento para reflexionar sobre la vida de Jesús y María, fomentando la fe, la esperanza y el amor.
* Al meditar sobre cada misterio, pidamos a Dios que nos conceda un fruto espiritual específico, como tener un corazón pobre y servicial, anteponer las cosas de Dios a cualquiera otra personal o mundana, estar atentos a las necesidades de los demás, ….
* Quizás, en esta ocasión, podríamos llevar una intención especial de oración por las monjas contemplativas.

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