La
acción profética de María
La misión actual de la Madre del Señor encuentra la clave de lectura en los Evangelios: “Sumamente amada de Dios, María es portadora de alegría (Lc. 1,44), solidaria con nosotros en el sufrimiento (Lc. 2, 35 ), modelo de itinerancia apostólica unida al rol de su divina maternidad (Lc. 1, 39).
En el museo de los Agustinos, en Toulouse (Francia), se conserva una talla del siglo XV que proviene del convento dominico de los Jacobinos. La Virgen, sentada, lleva a un lado al Niño y al otro el libro de los Evangelios. María concibe la Verdad, engendra la Verdad, proclama la Verdad. Es el Libro –dice santa Catalina de Siena- donde está escrita nuestra salvación”. María es imagen y modelo de la Iglesia.
Es a través de esta función profética de María y la belleza intrínseca del Rosario que nosotros nos unimos a Ella con la mente y el corazón de hijos.
El Rosario es un don carismático, profético. Es contemplación de la experiencia vivida por María con su Hijo; es la predicación típica dominicana.
El Rosario es una realidad viva. La oración mental y oral que el Rosario ofrece, tanto a los sencillos como a los doctos, está “fundada sobre la roca” de la Palabra, fuerza de Dios para “quien la escucha y la pone en práctica”.
Fr. Damián Byrne, O.P.
Oración
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y cruz y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección.
Que sepamos dirigir nuestra vida, como la Virgen María, en la contemplación y fidelidad de los diversos misterios de la vida de Cristo, que dan sentido a nuestro vivir en el gozo, en el dolor y en la esperanza de la gloria.
Misterios
Dolorosos
1º.
La oración en el huerto de Getsemaní:
“Jesús se apartó de los discípulos como un tiro
de piedra, y, puesto de rodillas, oraba diciendo Padre, si quieres, aparta de
mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. En medio de su
angustia oraba con mayor insistencia” (Lc 22, 39-42).
2º. La flagelación de
Jesús:
“Todos lo declararon reo de
muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y
le decía: Haz de profeta. Y los ciados le daban bofetadas”. “Pilato tomó a Jesús y mandó que lo azotaran”
(Mc 14, 65; Jn 19, 1).
3º. La coronación de
espinas:
“Los soldados trenzaron una corona de espinas y
se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de color púrpura. Salió
Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto de color púrpura. Pilato
les dijo: Aquí lo tenéis” (Jn 19, 2-3).
4º. Jesús carga con la
cruz:
“Tomaron a Jesús, y él,
cargando con la Cruz, salió al sitio llamado de la Calavera”. “Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de
mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él” (Jn 19,
16-17; Lc 23, 27).
5º. Crucifixión y
muerte de Jesús:
“Lo crucificaron a él y, con
él, a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. Junto a la cruz de Jesús
estaba su Madre. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto
quería, dijo a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn.
19, 18-30).
No olvidemos:
*
En cada misterio rezar un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
* Cada misterio es un momento para reflexionar sobre
la vida de Jesús y María, fomentando la fe, la esperanza y el amor.
* Al meditar
sobre cada misterio, pidamos a Dios que nos conceda un fruto espiritual
específico, como la humildad, el dominio de los sentidos y el orgullo, la paciencia,
la salvación de las almas, …
* Quizás, en esta ocasión, podríamos llevar
una intención especial de oración por los enfermos que conocemos.
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