viernes, 22 de julio de 2011

El encanto de lo cotidiano

Cada amanecer nos pone delante dos caminos: el del desánimo ante las dificultades y trabajos que tenemos que afrontar o el de la confianza en Jesús, el Señor de la Vida, el Amigo verdadero.

Cada amanecer nos invita a decidir cómo queremos vivir el día: con una actitud positiva mirando, escuchando, alabando, agradeciendo todo DON de Dios, o por el contrario, dejamos que en nuestra conciencia se despierte el recuerdo de los problemas, las dificultades, los conflictos sin resolver.

Al despertarnos el Espíritu de Vida y de Verdad, viene en nuestra ayuda de nuestra fragilidad y nos recuerda que nuestra vida está en las Manos del Padre.



Ven, Espíritu Santo,
enciende la llama de la fe-confianza
para percibir la verdad interior
que trae todo acontecimiento.

Ven, Espíritu Santo,
cambia nuestros sentimientos negativos
por los sentimientos de Jesús.

Ven, Espíritu Santo,
rompe la tristeza, la dureza y la angustia,
e inunda nuestro ser de Gozo y de Paz.

Ven, Espíritu Santo,
aviva en nuestro interior
las entrañas fecundas de vida  
para que derramen amor sin condiciones.

Ven, Espíritu Santo,
para que el amor y la vida
sean una ofrenda permanente,
abierta a quien la quiera recibir.
Amén