miércoles, 21 de diciembre de 2022

Adviento 2022: Cuarta Semana (21 de Diciembre)

Viviendo en oración el Adviento desde Scala Coeli


Antífona mayor de Adviento

Oh Sol que naces de lo alto,

Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia:

ven ahora a iluminar a los que

viven en tinieblas y en sombra de muerte.


Oración

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno.

 

Reflexión

Durante estos ya cerca de 28 días nos estamos preparando para acoger, como cada año pero siempre nuevo, la Palabra que se hace carne y viene a habitar en nosotros.

Esperanza, alegría, gozo, ¿no las sientes tú también? ¿quizás también algo de nerviosismo? El camino del Adviento se va acabando, vamos llegando al final, un final que es el COMIENZO.

Cada uno, desde nuestro propio compromiso y situación personal, tenemos que hacerle un sitio a la Palabra, acogerla, sentirla como propia, pero no actuar de forma egoísta y quedarnos con ella, debemos también de proclamarla a los demás, con voz alta y clara y con acciones concretas para que así nos puedan reconocer como discípulos suyos.

Antonio-Jesús Rodríguez

-laico dominico-


 ¡¡ VEN, SEÑOR JESÚS !!

 

 

martes, 20 de diciembre de 2022

Adviento 2022: Cuarta Semana (20 de Diciembre)

 

Viviendo en oración el Adviento desde Scala Coeli


Antífona mayor de Adviento


Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel;

que abres y nadie puede cerrar;

cierras y nadie puede abrir: 

ven y libra a los cautivos

que viven en tinieblas y en sombra de muerte.


Oración

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo; tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón.

 

Reflexión


 Sor Pilar Aparicio, dominica contemplativa, reflexiona hoy con nosotros: Hemos comenzado esta cuarta semana de Adviento. Ya vamos camino para el encuentro de Jesús que nace para llenar nuestra vida de luz y esperanza en un mundo en el que hay tanta oscuridad, dolor, tristeza, desesperanza, vacío y muerte.

Vamos caminando en esta semana última de Adviento en la que abrir nuestro corazón a la más  bonita historia de amor protagonizada por María y José, en la que deberíamos vernos reflejados.

Una historia de amor para un mundo que necesita abrir su corazón y dejar nacer a Dios en él.

Una historia de amor que nos adentra en el misterio de la Vida.

Una historia de amor en la que María y José se fían, abren su corazón para que en él entre aquel que viene a nuestro mundo a llenarlo de Paz, de Amor y Alegría.

María sin dudarlo dijo si al ángel: Hágase en mí. Y José, por amor, acepta a María y al hijo que lleva en sus entrañas.

Es una historia de amor que quizá nos cuesta entender ya que María queda embarazada sin tener relaciones con José, y éste se fía de la voz del ángel que le pide que acoja a María y al niño en su corazón y en su vida.

Los dos se ponen en oración, en silencio y aceptan con alegría la voluntad del Padre.

Que nosotros sepamos abrirnos también a este misterio de amor de vida y de esperanza. Y sepamos comunicarlo a los demás.

Y Bendecir ese amor que se nos da cada día, ese Amor de Dios que entra en lo más profundo de nuestro corazón, que nos llena y nos da las fuerzas necesarias para seguir adelante. Un amor que nos hace Libres y capaces de morir y vivir cada día por Él. Y, desde ese Amor, bendecir a los pobres, a aquel que lo da todo sin pedir nada a cambio. Bendecir a aquellos que nos persiguen e insultan, a quienes nos odian, incluso, aunque pueda costarnos comprenderlo, bendecir a quienes nos matan. Porque Bendecir significa desear y querer incondicionalmente el bien para todos. Bendecir significa invocar la protección divina y, con ella, curar, sanar, cambiar el corazón. Dando nuestra bendición deseamos hacer llegar la Felicidad a todos para que Él entre en cada corazón y lo pueda llenar para siempre de Vida.

Dejaos Mirar por Dios y contemplad el Nacimiento de Jesús, que no es otra cosa que el nacimiento de la Vida. Bendecid y bendecid a Aquél que os lo DA TODO.

 

 

lunes, 19 de diciembre de 2022

Adviento 2022: Cuarta Semana (19 de Diciembre)


Viviendo en oración el Adviento desde Scala Coeli


Antífona mayor de Adviento


Oh Renuevo del tronco de Jesé,

que te alzas como un signo para los pueblos;

ante quien los reyes enmudecen,

y cuyo auxilio imploran las naciones:

ven a librarnos, no tardes más.


Oración


Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la Encarnación de tu Hijo.

 

Reflexión


Para nuestra hermana Isabel Górriz, Dominica de la Enseñanza, la primera palabra de parte de Dios a sus hijos e hijas, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: Alégrate. Y es lo que en este tiempo de Adviento queremos vivir, la alegría. Una alegría que nace desde dentro, desde nuestro ser de creyentes.

Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede forzar a que esté alegre; no se le puede imponer la alegría desde fuera. El  verdadero gozo ha de nacer en lo más hondo de nosotros mismos. De lo contrario será risa exterior, carcajada  vacía, euforia pasajera, pero la alegría quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.

La alegría es un regalo hermoso, pero también vulnerable. Un  don que hemos de cuidar con humildad y generosidad en el fondo del alma.

La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. La alegría verdadera solo es posible en el corazón del que anhela  y busca justicia, libertad y fraternidad para todos. María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados.

Sólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Solo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Solo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a los demás. Solo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.

  María, mujer de la alegría nos habla de una iglesia diferente, de una iglesia donde cabemos todos, una iglesia de puertas abierta, una iglesia sinodal, que camina junta, en comunión… solo es posible vivir en una iglesia así, si experimentamos la alegría, esta alegría que nace desde dentro.

 

¡¡ VEN, SEÑOR JESÚS !!

 

 

domingo, 18 de diciembre de 2022

Adviento 2022: Cuarto Domingo


Viviendo en oración el Adviento desde Scala Coeli


Antífona mayor de Adviento


Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,

Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente

Y en el Sinaí le diste tu ley:

Ven a librarnos con el poder de tu brazo.

 

Oración


Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección.


Reflexión


Las Promesas de Dios.

La más clásica teología dice que el gran pecado que separa al hombre de Dios, es que el hombre no termina de fiarse de Él. No terminamos de creernos en verdad y profundidad que si dejamos entrar a Dios en nuestra vida, en nuestro corazón, si nos rendimos a su mensaje de amor y a su presencia en nosotros, nuestra vida sería muchísimo mejor. Tenemos miedo a perder nuestros pequeños tesoros, y por eso nos perdemos el verdadero e inmenso regalo de la plenitud. No nos acabamos de creer que amar sea mejor que tener. Que saliendo de nosotros es como entramos en nosotros. Que vaciándonos para los demás, es como nos llenamos. No nos fiamos de las promesas de Dios. Tenemos miedo a lo que nos tocaría cambiar, perder, dejar, para que fuese Dios el motor de toda nuestra vida.

Este IV Domingo de Adviento, con este tiempo de espera ya próximo a terminar, las lecturas de la liturgia nos hablan precisamente de la promesa de Dios al ser humano. Nos recuerdan que Dios hizo una promesa - “Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”- que la cumplió - “María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”- y que los cristianos alcanzamos la vida por la fe en esa promesa- “lo prometido por sus profetas en las Escrituras Santas, se refiere a su Hijo, (...) Jesucristo nuestro Señor”-.

Su mayor promesa es la fuente y el sentido de toda nuestra fe: Dios prometió un Mesías que nos trajese la plenitud y la salvación, y ese Mesías prometido resultó ser el mismo Dios encarnado, Jesucristo, que con su vida, palabra, muerte y resurrección, nos abrió la posibilidad de esa plenitud. La promesa del Mesías es una promesa de vida en abundancia, porque la trae el mismo Dios. Dios mismo se da a sí mismo. ¡Y las promesas de Dios se cumplen!

Las promesas se cumplen... pero no se cumplen sin nosotros. Dios no se impone a sí mismo contra nuestra libertad, sino que busca que le acojamos y nos fiemos de Él, por nosotros mismos, no por su imposición. Y es que ¿puede imponerse el amor? Dios es casi que un mendigo que implora que le queramos y le acojamos, que nos fiemos de que no sólo no es enemigo nuestro, sino que es el mayor amigo y benefactor que podemos tener. La plenitud y el cumplimiento del tesoro que traen sus promesas, lo que nos pide es la fe. Una confianza en que todo lo que tengamos que perder, dejar, cambiar, sufrir o incluso morir -no hay plenitud sin cruz-, es nada en comparación con lo que Él nos da... Eso pide fe.

La misma fe que María y que José.

Igual que María se fía del Ángel, José se fía de Dios aun cuando le toca hacerlo fiándose de un sueño. Ojalá este Domingo de Adviento las lecturas reaviven, a una semana de la Navidad, nuestra fe, nuestra confianza, nuestro amor en Dios. Que nos recuerde que Dios cumple sus promesas y que nos empujen a acogerlas en la fe en nuestra vida. Que nos atrevamos a soñar, como José, en todo lo que podría ser nuestra vida... si dejamos que Dios se haga el centro de ella.

¡Y una cosa más!

La Esperanza. Coincidiendo este domingo con el día 18, día de la Virgen de la Esperanza, de la Expectación, de la O, esa confianza y esa fe en la promesa, ese avivar los sueños de plenitud que acogiendo a Dios en nuestra vida nos trae Él, cobra más que nunca sentido el llenarnos de Esperanza. Es la Esperanza la que aviva nuestra confianza, es la que enciende nuestros sueños de plenitud, es la que nos abre a amar.  Es la que nos abre al mismo Dios.

Fray Vicente Niño Orti, OP