viernes, 21 de septiembre de 2018
viernes, 14 de septiembre de 2018
sábado, 8 de septiembre de 2018
martes, 7 de agosto de 2018
La mesa de la Palabra: Predicador
Predicador
Con
data de 6 de agosto de los presentes, el Maestro de los frailes predicadores ha
dirigido a toda la familia dominicana un jugoso texto sobre la santidad de
Santo Domingo y su reflejo en la predicación hoy. Predicador de cuerpo entero, fray
Domingo no deja de ejercer de tal ni siquiera en las últimas semanas de su
vida, ya aquejado de la enfermedad que le llevaría al Padre. Una predicación
llena de afecto que se apoyaba en la humilde itinerancia, para alcanzar hondura
teológica en la misma humanidad del predicador, a imagen del Hijo, como sugiere
fray Bruno Cadoré; por eso su predicación tenía rasgos compasivos, humildes, sencillos
y amistosos, porque Domingo de Guzmán lo mismo se emocionaba de gratitud cuando
recibía un trozo de pan, que cuando su palabra cantaba la acción de gracias a
Dios por la grandeza de sus dones y amor.
El
fuste de la predicación de fray Domingo sabemos que se debe a su búsqueda del
rostro de Dios espoleado por el sufrimiento de sus contemporáneos, a la
fascinación que le provocaba la humanidad de Jesús de Nazaret, todo ello amasado
en los misterios de la misericordia y la verdad, convergentes en la libertad,
rasgos inequívocos de la espiritualidad dominicana. La misericordia nos
zambulle en el evangelio de Jesús para que nuestra relación con la Palabra no
se rompa nunca, pues de esta experiencia de gracia surge el amor por la verdad
de Jesús, verdad que, por demás, nos hará libres. Los hijos de Domingo de
Guzmán no sabemos hacer otra cosa que predicar la Palabra que salva, la que da
vida al mundo, hasta el punto que, según recuerda el Maestro de la Orden, la
predicación es nuestro modo privilegiado de santificación. ¡Bendita gracia!
Los
dominicos creemos que nuestra espiritualidad y predicación son útiles y
eficaces para la implantación del Reino en este momento de la historia; si en
su día a Nuestro Padre le dolía y no poco su tiempo, hoy haremos lo mismo si
nuestra predicación no se aparta ni un adarme del estilo, en fondo y forma, de
Santo Domingo: predicar la gracia, agradecer la vida, servir la Palabra desde
la compasión, verdad y misericordia.
Fr. Jesús Duque OP.
domingo, 22 de julio de 2018
La mesa de la Palabra: Evocación
Evocación
Al
recorrer las páginas de A la escucha de
lo nuevo. Un camino en la fe, me parecía que la voz de su autor, mi hermano
Jesús Espeja, me leía en persona sus interesantes apuntes autobiográficos y, al
tiempo, desfilaban por la pantalla de mi memoria las imágenes de los veranos
habaneros compartidos en no pocos empeños. Por variados motivos, mi modesta
presencia entre los hermanos que sirven a las comunidades cubanas ha dejado en
mí un grato recuerdo, al que da excelencia y cercanía los múltiples momentos en
los que fr. Espeja fue maestro y referente para mí; siempre supe que su
quehacer teológico venía trufado por la reflexión que el Concilio Vaticano II
le provocaba, como, al tiempo, su especial sensibilidad para captar con tino
los derroteros que presagiaban diálogo y servicio. En el tiempo de mi formación
teológica no tuve la fortuna de ser alumno suyo; después, sus libros ayudaron a
mi pobre fondo teológico que trató de ponerse al día, y las vueltas de nuestras
vidas me brindaron la oportunidad de disfrutarlo como hermano, compañero y
maestro en cinco veranos al calor del Centro Fray Bartolomé de las Casas, y en
circunstancias no fáciles. Con fr. Espeja viví el reto de la exigente escucha
como propedéutica para el diálogo, tomé buena nota del entendimiento real entre
personas, aún de diferente ideología, pero con un aporte de humanidad
comprometida increíble, y la docta paciencia del que se acerca a los demás con
la verdad, el respeto y la sencillez. Mi convivencia comunitaria con él,
provocó en mí una personal relectura del Vaticano II que me resultó la mar de
interesante, porque la historia no se detiene, el lenguaje a veces traiciona y
los humanos vivimos por lo que esperamos. Gratitud es lo que mi ánimo necesita
expresar en este modesto rincón de Santo Domingo de Scala-Coeli, y aprovecho
este modesto medio para así hacerlo constar. A mi humilde predicación le vino
de perlas su reflexión teológica, sus intuiciones acerca de nuestro servicio
como dominicos e incluso las ironías que cruzábamos al albur de las carencias
allí vividas. Ignoro el mecanismo de asociación, aunque lo intuyo, pero cada
vez que en mi servicio venía Ireneo de Lyon a escena me referenciaba, en
automatismo fraterno, a Jesús Espeja. Gracias, Jesús, hermano, por tantos y tan
hermosos aportes serviciales, gracias por el manojo de vivencias que nos
regalas en tu, por ahora, última publicación; gracias por todo lo que haces
para que nuestra iglesia sea la de Jesús de Nazaret.
Fr. Jesús Duque OP.
sábado, 23 de junio de 2018
La mesa de la Palabra: Punto y seguido.
Punto y seguido
Por estas
fechas, parte del segmento juvenil de nuestros pueblos y ciudades cierran etapa
y ciclo, sobre todo en el ámbito educativo. Se cierran cursos y tramos
enseñantes y no faltan los inevitables balances para abrir el verano que, salvo
en el sector terciario, rebaja su habitual actividad. La vida eclesial y cristiana
no tiene por qué someterse a este ritmo cíclico de comenzar y terminar, ni
siquiera al de ralentizar su dinamismo, porque siempre es ocasión para dar
razones de nuestra esperanza.
No obstante,
entendemos algo que nunca debemos olvidar ni dejar en un segundo plano, y es el
del esmero y dignidad, amén del irrenunciable amor de todos nuestros actos. Si
no se entiende como un brindis al sol, este modesto rincón de la palabra
recuerda que aún es posible elevar el listón de la honestidad en nuestra
parcela pública, y el de la eficacia servicial de la clase política, así como
un maridaje menos sectario y más defensor de la verdad en el proceloso mundo de
la información pública en nuestra sociedad. No me olvido de la institución
eclesial ni de las comunidades que nos congregamos al conjuro del Evangelio del
Señor que tenemos que adoptar la condición de testigos de lo que creemos y
vivimos antes que difusores de esta o aquella doctrina o sentimiento de
pertenencia. El creyente en Jesús de Nazaret no puede resignarse a la
frivolidad que se advierte en algunas parcelas de nuestra vida colectiva, ni al
fatalismo de una cultura que creó la picaresca
como género literario ni a la liviandad de no pocos medios que dicen nada al
resto, cuando no alardean de parcialidad.
La vida
compartida en sociedad es susceptible de avanzar en calidad y en dignidad. Es
posible más tolerancia y respeto entre nosotros; si nos convencemos de que
nuestra convivencia admite más excelencia y nobleza, seguro que será más fácil
implicarnos en el empeño y así nos enriquecemos todos, previa participación en
el empeño. No somos un pueblo sin remedio, sí un pueblo plural y, si queremos,
con enormes posibilidades aún por estrenar.
Fr. Jesús Duque OP.
domingo, 17 de junio de 2018
La mesa de la Palabra: Persona vs. masa
Persona vs. masa
Quedan muy
distantes en el tiempo las reflexiones que nos dejaron, entre otros, Gustave Le
Bon y José Ortega y Gasset, sobre la cultura de masas y su incidencia en el
acontecer de las personas. La sociedad moderna la adopta desde hace más de un
siglo como una de sus señas de identidad, hasta el punto de ser el telón de
fondo de la vida de los ciudadanos en sus usos y consumos, gustos y rechazos,
opiniones e ideas.
También en
la vida eclesial se han aceptado los dictados de la cultura de masas para
destacar presencias y mensajes cristianos; se usa y abusa de convocatorias masivas
que dan pie a conclusiones las más de las veces desenfocadas. Parece que no se
han tenido en cuenta de forma efectiva los inevitables peajes que se cobra la
cultura de masas a la hora de producir respuestas personales de fe; entre
otros, la marcada despersonalización con la que todo fenómeno de masas se
presenta, donde lo importante es el número total (la consabida guerra de cifras
de las manifestaciones) y no la calidad de sus integrantes ni los matices
personales de sus demandas; una persona es perfectamente sustituible e
intercambiable por otra sin que el fenómeno masivo se resienta. Pero, además,
estar en el interior de la masa no supone que se convive o se comunica con los
demás, y más cuando entendemos la fe como respuesta personal e implicación
fraterna con la comunidad. El individuo, inserto en contexto masivo, se expone
a la manipulación y pérdida de calidad de los mensajes intercambiados, amén de
la fuerza sugestiva inherente a todo fenómeno de este tipo.
La fe es
encuentro personal con uno mismo, con el misterio que nos trasciende, con la
Palabra, con la provocación de Jesús el Señor que nos empuja a mirar en nuestro
interior; la creencia nos empuja a buscar nuestro propio punto de luz donde
Dios y el hombre nos encontramos. Pero en el silencio interior, en el desierto
personal, en la escucha serena de la Palabra, en la paradójica serenidad de la
búsqueda, en una banda sonora callada que nos hace gustar los sones de la
confianza en aquel que sabe llenar el vacío de nuestra personal e
intransferible inquietud.
Fr. Jesús Duque OP.
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