miércoles, 14 de marzo de 2018
sábado, 10 de marzo de 2018
La mesa de la Palabra: Elocuente silencio
Elocuente silencio
El jubileo 800 de la Orden de Predicadores fue
ocasión para que viera la luz la obra editada por Edibesa Ve y predica (subtitulada La
predicación dominicana en los siglos XIII y XXI), nacida de la pluma y el corazón de fr. Felicísimo Martínez OP.,
(el mismo que en este año comenta Evangelio
2018 de la Editorial San Pablo); en este mismo lugar, el antedicho fraile
dominico publica ahora Palabra y
silencio, con el intencionado subtítulo
de Dios y sobre Dios que, según confesión propia, es parcial continuación
de la primera sobre la predicación.
Desde este rincón, recomiendo la lectura reposada
de estas páginas recién publicadas. Nos pone desnudos ante nuestra fe desnuda,
comprende nuestras diversas y contradictorias reacciones cuando decimos que
Dios se calla ante nuestro mal y el del mundo y en los momentos en los que nos
es más necesario, nos aporta materiales para la reflexión cuando el silencio de
Dios nos deja mudos y sin reacción, denuncia nuestras trampas en el lenguaje
cuando nos da por hablar de Dios, o nuestros inveterados defectos cuando
decimos saber escuchar a Dios que nos habla en su Palabra encarnada. Dignas de
resaltar son las páginas en las que este mutismo de Dios es un reto para el
creyente que se encuentra con una prueba a superar, cuando es de noche. Silencio creyente, personal y obediente como no
fácil respuesta al mutismo de Dios, cual Jesús de Nazaret en la cruz.
Páginas por las que desfilan declaraciones creyentes,
actitudes ante el misterio, compromisos de fidelidad, reflexiones de necesaria
teología, gestos de confianza amorosa en un Dios que no se desdice de ninguno
de sus hijos, fuerza del Espíritu que avala nuestra poca fe si bien ésta
sentida, sufrida y testimonial. Y, por lo mismo, profundos pensares que nos
sugieren cómo nos habla Dios y qué clase de gramática vivencial conjuga el
Padre para darnos a conocer, y saborear, lo mejor de su cariño hacia todos
nosotros: su Hijo, nuestra historia y nuestro corazón. Lean, pues, oren y
crean.
sauver, aucune influence à maintenir.
Fr. Jesús Duque OP.
sábado, 3 de marzo de 2018
La mesa de la Palabra: Servir solidez
Servir solidez
No faltan quienes, ante el vértigo de los cambios
tan numerosos como rápidos que se operan en nuestro mundo, denominan a nuestra
sociedad moderna como sociedad líquida, queriendo
significar así que las condiciones contextuales en las que nos movemos cambian
antes que nuestras formas de actuar se consoliden en unos hábitos y rutinas determinados.
Inmediata consecuencia: que nuestra sociedad no puede mantener su perfil ni su
rumbo de forma consistente durante mucho tiempo. Lo mediato: perder el norte,
vaciar de fuerza normativa la cultura e incluso nuestro modo de vida,
fascinación por lo que no te hace pensar y se digiere, por epidérmico, con peligrosa
facilidad. Si esto fuera poco, los logros individuales por mor del trabajo y el
esfuerzo no se consolidan en bienes duraderos, porque todo está convulso, pues
lo que ayer era pasivo pasa a ser activo en un lapso de tiempo reducido; las
capacidades y destrezas derivan, a su vez, en incapacidades obsoletas que
abonan, en el mejor de los casos, perplejidad ante la vida cuando no una
actitud de anomia que resta valor a todo lo que a uno le rodea.
En este medio hay que predicar el evangelio de
Jesús de Nazaret; confiando más en la fuerza de la Palabra que en las propias estrategias
pastorales que, por demás, bueno es que brinden siempre a la persona solidez de
valores, confianza en su personal proyecto, apertura a la construcción de un nosotros comprometido y estimulante. La
cultura moderna seguirá con su genuina liquidez, con las aguas movedizas que
marean a la humanidad, pero el creyente, de la mano del Maestro, debe servir a
la no fácil tarea de recuperar un perfil humano sólido y esperanzador capaz de
apertura a los demás y, sobre todo, al Otro por excelencia. Éste Otro gusta ser
buscado y servido en todo ser humano que nos acompaña en el camino de la vida.
Vale la pena que nuestra vida sea menos líquida y más sólida con aportes que
dan fuerza a nuestro corazón, campo donde se siembra la Palabra.
sauver, aucune influence à maintenir.
Fr. Jesús Duque OP.
miércoles, 28 de febrero de 2018
lunes, 26 de febrero de 2018
sábado, 24 de febrero de 2018
La mesa de la Palabra: Predicar con la luz
Predicar con la luz
El decurso inexorable del tiempo nos indica que el
mes de febrero se nos está yendo de las manos; y si detener el tiempo es inútil
pretensión, no lo es echar la vista atrás aunque solo sea por un breve instante
en el escueto espacio de este blog. El calendario puso ante nuestra mirada el
fecundo caudal de unos hermanos predicadores que han puesto el listón del
seguimiento de Cristo al estilo de Domingo de Guzmán en rango de excelencia.
Éstos son, entre otros, fray Reginaldo de Orleans, fray Jordán de Sajonia, fray
Álvaro de Córdoba y el predicador de la luz, fr. Juan de Fiésole, nuestro
querido fray Angélico. Éste, además, quedó camuflado por la coincidencia del
día del Señor, el pasado 18.
Este buen fraile dominico predicó con su arte, con
los colores, conjugándolos de tal guisa que, al admirarlos, nos facilita la
acogida del recado evangélico con sencillez y hondura. Sus trazos desafían
nuestra admiración que, al tiempo, dejan espacio para la interiorización serena
y contemplativa del amor de Dios en los gestos orantes y serenos de sus
cristos, vírgenes y frailes. Fe y belleza, predicación y regalo para los ojos
del alma, paleta de colores que sirven el necesario equilibrio en el que suele
moverse el buscador de Dios a través de la santidad y la belleza. Fray Angélico
nos permite disfrutar con los luminosos colores de su pintura y con la palabra
de vida que pespuntean sus pinceles, porque su arte es predicación que rezuma
fuerza para vivir y gracia salvadora. En su biografía no hubo conflicto entre
su vocación de predicador y su bien logrado perfil artístico; quizá por eso nos
traslada, también hoy, el impagable regalo de su palabra serena que nos invita
a dejar para siempre la oscuridad de nuestros desequilibrios. Somos mendicantes
de gracia y luz, y en este menester fray Angélico es impagable ayuda.
sauver, aucune influence à maintenir.
Fr. Jesús Duque OP.
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