lunes, 16 de octubre de 2017
sábado, 14 de octubre de 2017
La mesa de la Palabra: Veinticinco años
Veinticinco años
Este modesto rincón se suma a la gratitud de toda
la Familia Dominicana porque nuestras hermanas del Monasterio de Santa María de
Gracia de Córdoba celebran sus primeros veinticinco años de existencia como
Casa Federal. Un apretado manojo de años que no son sino una agradecida secuencia
de la vida religiosa en tanto historia de fe y esperanza. Reclamáis en vuestro
aniversario este monasterio como la Casa
de Todas, y hacéis muy bien. Pues vuestra casa no es sino el resultado de
no pocos trabajos, de sobrado empeño y, sobre todo, de saber poner nuestras
cosas en manos de Aquél que siempre fue y es la fuerza de vuestra debilidad.
Habéis sabido relatar ilusiones de consagración en las jóvenes que, al buscar
el rostro de Dios en su personal historia, se entusiasmaron con una vida
escondida en las manos del Padre al modo de Domingo de Guzmán y su alegría
predicadora, o del poderío de Catalina de Siena cuando de las cosas de Cristo
se trataba, o de la misteriosa dulzura de Rosa de Lima y de tantas mujeres que
hicieron de sus discretas vidas una ofrenda de suave olor al Padre de todos.
Una de estas buenas mujeres, que agradecía el
pasado viernes 13 el regalo de su vida, resumía así el centro de gravedad de su
corazón, el alma de la vida consagrada y la razón de ser de la Casa Federal hoy:
Vivir agradecida por cada instante vivido
y compartido. Sumar días llenos de nombres, llenos de rostros a quien amar, de
abrazos para regalar, de sonrisas, de lágrimas que brotan simplemente porque
estamos juntos; sueños que de la mano de Dios y con tu ilusión y la mía
llegarán a hacerse vida. Quiero seguir mirándome en ti, en tu mirada, en tus
manos cansadas, en tu corazón agotado de latir amando. Quiero ser pan partido y
repartido, quiero ser como el vino que alegra el corazón. ¡Felicidades,
hermanas!
Fr. Jesús Duque OP.
viernes, 13 de octubre de 2017
Comienzo del Taller de Emaús
Santo
Domingo de Scala Coeli nos vuelve a abrir sus puertas. Nuestro Taller de Emaús
comienza un nuevo curso, pero realmente no es un sumar años sino que siempre es
nuevo. Como bien recoge nuestro nombre seguimos caminando. Somos buscadores que
queremos compartir nuestra fe en un sitio determinado y con los compañeros que
el Señor nos pone en el mismo caminar.
Empezamos
con nuestra oración en la capilla dirigida por nuestro acompañante, Fr. José
Antonio Segovia, o.p.. Somos como ese
trozo de arcilla, en manos del alfarero del que nos habla Jeremías en el
capítulo 18, 1-6.
Lo
hacemos con una hoja en blanco en donde cada uno podemos anotar nuestros
primeros interrogantes: ¿cómo me dispongo a vivir este curso?, ¿qué necesito?,
¿qué puedo encontrar en este grupo?
Tenemos
un ratito de oración personal donde el Señor se nos mete por todos nuestros
sentidos, la música, el silencio, el mirarnos a nuestro interior, la luz tenue, el Sagrario alumbrado….Hacemos en
grupo una bonita oración que nos tiene preparada Fr. José Antonio; y, después
de un tiempo de interiorizarla cada uno, hacemos ecos de la misma oración o lo
que nuestro corazón al abrirse quiera sacar fuera y poder compartir.
Pasamos
posteriormente a nuestra sala –que, por cierto, nos la tienen preparadita
pintada, arreglada, acogedora- y tenemos un buen momento para compartir y
ponernos un poquito al día después del verano. Todos venimos con mucha ilusión
y alegría.
Fr.
José Antonio nos presenta cómo ha pensado plantear el curso y que opinemos qué
nos parece. Sólo puedo decir que me ha parecido ¡genial!. Nos da muchísima
esperanza que podamos no solamente crecer espiritualmente, con todo lo que nos
ha propuesto, sino que también nos va a servir en el día a día.
Nos
regalamos un tiempo personal donde cada uno puede, en silencio, asentar todo lo
vivido en la capilla y en la sala.
Posteriormente
nos volvemos a juntar en la capilla para hacer juntos una oración a María -no
nos olvidamos que estamos en el mes de la virgen y del rosario-.
Nuestra
vida humana y espiritual tienen que ir unidas. Tenemos que ser conscientes que
la oración nos tiene que acompañar en todos los momentos de nuestro vivir. Necesitamos
que alguien nos ayude para aprender a vivir mejor en el trabajo, la familia,
con el “otro” que se nos hace difícil… y en esto se compromete nuestro
guía. Y qué tranquilidad da poderlo
hacer con personas que también se dejan hacer con humildad y docilidad para
poder cumplir el plan que en cada uno de nosotros tiene el Señor, sabiendo que
no estamos solos.
Paqui Román, o. p.
Taller de Emaús en Sto. Domingo de Scala Coeli.
jueves, 12 de octubre de 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
Comienzo de curso de la Fraternidad laical Sto. Domingo de Scala Coeli y P. Posadas
El pasado día 7 el Convento de Santo
Domingo de Scala Coeli de los padres dominicos en Córdoba nos acogió para dar
comienzo en este curso a nuestras reuniones de Fraternidad, con las
expectativas de que sea aún más especial que los anteriores, por diversos
motivos.
En primer lugar, por el día que
comenzamos, nada más y nada menos que en la festividad de
la Virgen del Rosario, nuestra Madre en su advocación más dominicana. A ella
fue dirigida nuestra primera oración del curso, para que nos siga acompañando y
protegiendo.
Otro motivo de alegría era que se
cumplían los primeros cinco años de las promesas perpetuas de ocho hermanos de
nuestra Fraternidad, lo cual suponía también, aparte de una gran satisfacción,
un acicate para continuar en nuestra labor dominicana de oración, estudio y
predicación, de “contemplar y dar lo contemplado”.
Desde el punto de vista de
previsiones va a ser un curso también especial de preparación para una persona
que nos va a acompañar para conocernos y discernir si este carisma laical
dominicano es lo que está buscando en su camino espiritual, y también de
acompañamiento de cinco hermanas que al comienzo del próximo curso cumplirán
los tres años de sus promesas temporales y les corresponderá prestar, si así lo
consideran, sus promesas perpetuas.
Y por último, también va a ser un
curso en el que vamos a tener muy presente a uno de los titulares de nuestra
Fraternidad, el beato P. Posadas, ya que, también al principio del curso que
viene, se cumplirá el 200 aniversario de su beatificación. Es nuestro propósito
realizar un camino interior de mayor conocimiento personal y espiritual de esta
figura cordobesa muy querida por el pueblo en su época y del que podemos
obtener grandes enseñanzas, para después darlas a conocer también a todos los
cordobeses de nuestro tiempo.
Y, todo lo anterior, sin olvidar
nuestros momentos de oración, de estudio y formación, y de relación con los hermanos
de las demás Fraternidades laicales de la provincia de Hispania, haciendo
especial hincapié en las más próximas, y con los miembros en Córdoba de las
demás ramas de nuestra Familia Dominicana.
Antonio-Jesús Rodríguez
Hernández
Fraternidad
laical Santo Domingo de Scala Coeli y P. Posadas
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