domingo, 19 de febrero de 2017
sábado, 18 de febrero de 2017
Hoy celebramos al Beato Juan de Fiésole, O.P. (Fra Angélico)
Fra Angelico: Predicación por la imagen
En su personal tratamiento de los temas y
protagonistas descuella su profunda religiosidad. La pertenencia a la Orden
Dominicana motivaron seguramente su iconografía. Los juicios críticos sobre su
obra apuntan en esta línea. Su aportación pictórica, a pesar de las
connotaciones con otros maestros, se define por su personalidad religiosa, por
su lirismo teológico transcendente, y por la carga espiritual que inyecta a sus
protagonistas. Su lenguaje plástico contiene un proceso de maduración asequible
al pueblo cristiano, pues todo lo narra con sencillez y trasparencia
evangélicas. Su producción artística, en los diversos períodos de su vida, está
marcada por esta dimensión didáctico-religiosa.
Sus composiciones sacras (cristológicas, mariológicas,
angélicas, santorales y dominicanas) destacan por una rigurosa técnica
artística, no exenta de anomalías típicas de los primitivos italianos, y por el
toque de gracia de la luz y luminosidad de sus figuras. Son escenas que
presentan una concepción unitaria, presidida por mesurado equilibrio en que los
santos que la interpretan no se exhiben sino que asisten calladamente, sin
pronunciar palabra que altere la serenidad del misterio del que todos son
partícipes (Coronación de la Virgen, en San Marcos, celda n. 9; Crucifixión, en
la Sala Capitular). A veces los santos comentan en silencio, o se miran con
serena piedad para no turbar el orden y ritmo de la escena (Coronación del
Louvre, Sagrada Conversación, Retablo de la SS. Trinidad, Descendimiento de la
Cruz, Retablo de Bosco al Fratt). Sus personajes no se agitan exteriormente;
están quietamente dominados por su calina interna; a lo sumo gesticulan con
mesura sus manos ante la tragedia que presencian. En los rostros de todos los
personajes se trasluce la paz interior de sus almas; y en la compostura externa
se les aprecia tranquilidad anímica, fruto espiritual de la posesión de la
«gratia Christi» en unos y de la «gloria Dei» en otros.
Dentro de este lirismo poético-religioso no caben
emociones dramáticas, expresiones amargas, estados emocionales perturbados,
estridencias psicológicas, exaltaciones desorbitadas, excitaciones pasionales:
lo que predomina es la bonanza espiritual originada por una intensa vida
interior.
(Fuente: Domingo ITURGAIZ, Beato Angélico. Patrono
espiritual de los artistas, en "Retablo de Artistas", Caleruega
1987)
martes, 14 de febrero de 2017
San Álvaro 2017: Santuarios: Santo Domingo de Scala Coeli
Santuarios: Santo Domingo de Scala
Coeli
Hablando de Santo Domingo. Acudir al santuario es
predisponernos a un camino a la vez físico y espiritual. Siempre que se va, por
muchas veces que hayamos hecho el camino, se le va buscando, esperando entrever
semiocultos por la naturaleza primero los oratorios que coronan las colinas que
le rodean, luego su espadaña y por fin el santuario. El atrio y la sencillez de
su fachada oculta con su luz el contraste de una capilla siempre en penumbra, a
la vez de un extraordinario barroquismo y de sencillez en su composición. No
olvidemos que es al mismo tiempo templo del Convento de Santo Domingo de Scala
Coeli y el santuario del Cristo de San Álvaro. Y pocas veces un espacio tan
pequeño está tan lleno de detalles a descubrir, lo que nos indica la vitalidad
que ha tenido y tiene en el imaginario de la devoción popular cordobesa su
cristo titular: desde sus numerosos exvotos (un mundo en sí cada uno de ellos),
a las reliquias de viejas cruces maltratadas por el tiempo, simbología de las
imágenes de sus altares, o riqueza de una extraordinaria policromía donde las
doradas molduras barrocas contrastan con los azules y demás colores de las pinturas
que cubren sus paredes.
(Extracto del artículo escrito por Juan Agudo Torrico, en la
Revista Escala Romera. Abril 2016)
lunes, 13 de febrero de 2017
Hoy celebramos al Beato Jordán de Sajonia, O.P.
Beato Jordán de Sajonia
Nacido a
finales del s. XII en Burgberg (Westfalia), estudió teología y enseñó más tarde
en la universidad de París. En el verano del 1219 tuvo su primer encuentro con
santo Domingo que le contó la curación milagrosa de Reginaldo y lo conquistó
para su ideal de pobreza y apostolado. Por el momento Domingo le propone
recibir el diaconado y entró en la orden, cuando algunos meses más tarde
Reginaldo llegó a París, el 12 de febrero del 1220, miércoles de ceniza, en el
convento de Santiago. Participa en el capítulo general de 1220 y en el de 1221
ya fue nombrado provincial de Lombardía. Es elegido Maestro de la Orden al año
siguiente. Ningún otro como él comparte con Domingo la gloria de la difusión y
consolidación de la Orden.
Fue muy
activo y eficaz y se le atribuye la fundación de 204 conventos y la captación
de un millar de vocaciones. Promovió eficazmente la canonización de santo
Domingo y estuvo presente a la apertura de la tumba la noche entre el 23-24 de
mayo del 1233 en Bolonia.
Cuando fue a
visitar la provincia de Tierra Santa encontró la muerte en un naufragio cuando
volvía del viaje el 13 de febrero de 1237. Su cuerpo, recuperado del mar, fue
enterrado en San Juan de Acri. Celebrado su culto por los frailes y los fieles
fue confirmado por León XII el 10 de mayo de 1826. El capitulo general de 1955
lo declaró patrón de la obra de las vocaciones dominicanas.
Jordán resume la vida dominicana en tres cosas: vivir
honestamente, estudiar y enseñar. Ese fue el ideal que trató de plasmar a lo
largo de su vida.
Tenía un alma pura y sincera, modelada por la fe. Era
bondadoso con los pobres. Siendo estudiante Jordán se distinguía ya por su amor
a Dios y a los pobres, por el cultivo de la ciencia y de la amistad.Tenía un corazón desbordante de ternura. Era una
persona encantadora, ecuánime. Una de las características de su espiritualidad
es la alegría. Jordán quería que sus frailes se dedicaran en profundidad al
estudio, pero quería también que fueran sencillos y alegres. Sabía dar un tono
gracioso e ingenioso a todas las cosas. A todos proporcionaba esa palabra que
consuela, pacifica y levanta. Tenía esas virtudes de fondo que imponen respeto
y confianza: la austeridad de vida, la integridad de costumbres, la rectitud de
corazón y el olvido heroico de sí mismo. Sus contemporáneos le dieron el título
de Padre dulcísimo (dulcissimum Pater). La dulzura es una de las
características que mejor le definen.
El historiador Mortier nos dice que Jordán era amable en su
acogida; de formas suaves; siempre de buen humor, con frecuencia jovial. Su
bondad desarmaba todas las cóleras. Era el predicador ideal, el prototipo de la
Orden.
Jordán heredó de Domingo la devoción filial a la Virgen
María. Les decía a los frailes que en la Orden debía conservarse el culto a la
Virgen María con especial atención; porque los nuevos predicadores estaban
entregados a la vida apostólica más que los otros, tenían más necesidad de ser
socorridos por ella. Jordán confió a la Virgen María el gobierno de la Orden.
domingo, 12 de febrero de 2017
Hoy celebramos al Beato Reginaldo de Orleans, O.P.
Beato Reginaldo de Orleans, O.P.
Reginaldo de Saint Gilles, nació en Orléans (Francia) en 1180 y murió en Paris el 12 de febrero de 1220. Fue uno de los primeros seguidores de Santo Domingo de Guzmán, a quien conoció en el transcurso de una peregrinación que realizó a Roma y donde le reconoció como el guía espiritual que la Santísima Virgen le había señalado durante una grave enfermedad que había padecido cuando estaba a punto de formular sus votos como religioso de la Orden de Predicadores.
El dominico español Pedro Ferrando compuso entre 1237 y 1242 la obra "Leyenda de Santo Domingo", donde recoge el milagro acontecido a reginaldo de Orléans en los siguientes términos: "Y mientras él perseveraba en la oración, la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Señora del mundo, acompañada de dos hermosísimas doncellas, se apareció visiblemente al Maestro Reginaldo, que yacía vigilante y sofocado por el ardor vehemente de la fiebre; y el enfermo oyó que la Reina hablaba dulcemente y le decía: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y quedándose pensativo para deliberar, una de aquellas doncellas que acompañaban a la Reina del cielo le insinuó que se encomendase a su voluntad y que no pidiera otra casa que la que se dignara otorgarle la Reina de misericordia. Y cumpliendo, por consiguiente, el saludable consejo, omitió la respuesta y lo dejó todo a elección de la bienaventurada Madre de Dios, para que según su beneplácito le concediese lo que quisiera. Entonces ella, extendiendo su virginal mano, untó con el ungüento que traía consigo los ojos, los oídos, las narices, la boca sy las manos, los pies y los riñones del enfermo, subrayando cada unción con las propias palabras de las fórmulas. Cuyas palabras puedes conjeturar más o menos por aquellas que profirió al ungir los riñones y los pies. En la unción de los riñones dijo : «Queden ceñidos tus riñones con el cíngulo de la castidad», y en la de los pies pronunció aquella fórmula: «Unjo tus pies para habilitarte a la predicación del Evangelio de la paz», y añadió : «De aquí a tres días te enviaré la redoma para el pleno restablecimiento de tu salud.» Entonces le mostró el hábito de la Orden de Predicadores y le dijo: «Mira, éste es el hábito de tu Orden»; y así se ocultó felizmente a los ojos del enfermo aquella figura corporal de su visión. Y curado de este modo por la Reina del cielo, Reginaldo convaleció al punto, quedando confortadas principalmente aquellas partes que había ungido la Madre de aquel que sabe elaborar ungüentos de salud.
A la mañana siguiente vino el bienaventurado Domingo, y como le preguntase confidencialmente qué tal se encontraba, contestó aquél: «Ya estoy sano.» Y entendiendo el bienaventurado Domingo que se refería a la salud espiritual, respondió: «Ya sé que estáis sano verdaderamente.» Y aquél insistía replicando que se encontraba curado. Y como el bienaventurado Domingo no cayese en la cuenta de que lo decía por la salud corporal, le contó detalladamente el Maestro Reginaldo la visión. Dieron, pues, gracias y no ciertamente con poca devoción, según pienso al Salvador, que sana a los que lastima y proporciona la saludable medicina a los que hiere. Y los médicos quedaron admirados ante tan súbita como inesperada curación, ignorando con qué aplicación de la medicina se había restablecido el que según su pronóstico había sido desahuciado de la vida. Y al tercer día, hallándose sentado el bienaventurado Domingo con el Maestro Reginaldo, acompañados por un religioso de la Orden de los Hospitalarios, vió éste claramente acercarse la Santísima Virgen y ungir con su mano todo el cuerpo del Maestro Reginaldo. Y aquella celeste untura de tal manera fortaleció la carne del santo varón Maestro Reginaldo, que no sólo extinguió la lumbre de la fiebre, sino que templó también el ardor de la concupiscencia, de tal manera que, como él mismo confesó después, en adelante no se encrespó en él ningún movimiento de sensualidad. Y después de su muerte, el bienaventurado Domingo refirió a los frailes esta visión. Pues el mismo fray Reginaldo le había conjurado a que, mientras él viviese, no relatara a nadie el suceso, sino que lo guardara como secreto de confesión. Y después de alcanzada la salud por mediación divina, se consagró enteramente a Dios y se ligó con el vínculo de la profesión al bienaventurado Domingo. Era un predicador ardoroso que en breve tiempo llevó muchas vocaciones a la Orden.
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| ZURBARAN. Milagrosa curación del Beato Reginaldo de Orleans.Iglesia de la Magdalena. Sevilla |
La escena del lienzo representa el milagro antes mencionado,que tuvo lugar tras la oración de Santo Domingo, situado a la cabecera del lecho del enfermo. La Santísima Virgen, acompañada por dos hermosas jóvenes que son Santa Catalina y Santa María Magdalena, se apareció a Reginaldo de Orléans, aquejado por unas fiebres que hacían temer por su vida y le ungió la cabeza quedando al punto restablecido. En el ángulo superior izquierdo se localiza una pequeña ventana que sirve para dotar de una cierta profundidad a la obra y a través de la que se observa el momento en que Santo Domingo admite al citado Reginaldo de Orléans en la Orden de Predicadores. En primer término un pequeño bodegón, en el que sobre una mesa contemplamos una taza de peltre sobre un plato, una rosa y una fruta.
La pintura nos ofrece las características propias del estilo zurbaranesco de esta época: tenebrismo, robustez de las figuras, volumetría escultural y un tratamiento de las telas rico y quebrado. Pese a todo, la crítica aduce una amplia intervención del taller en esta obra.
Muy notables resulta el tratamiento de las vestiduras, en las que se percibe la sensación táctil de las que nos habla Heinrich Wölfflin. Reginaldo de Orléans se nos muestra con expresión recogida y devota, cubierto por un sayo blanco, el mismo color de almohadones y sábanas, que se quiebran en pliegues angulosos. Santo Domingo viste al hábito de la Orden; mientras que la Virgen y las Santas lucen vestidos y mantos de brillantes sedas de colores. La Virgen lleva túnica jacinto y manto azul. Santa María Magdalena túnica encarnada y manto verde, portando en la mano el pomo, su atributo parlante. Santa Catalina se cubre por túnica rojiza con mangas acuchilladas y manto ocre.
Un foco de luz, situado fuera del cuadro, ilumina la composición. En la que contrastan la diagonal que marca el lecho del Beato con la verticalidad de las santas y el rompimiento de Gloria de halos dorados que envuelve a la Virgen.
sábado, 11 de febrero de 2017
San Álvaro 2017: Capilla, imágen y peana
CAPILLA, IMAGEN DE SAN
ÁLVARO Y PEANA
Al morir San Álvaro (1430), fue sepultado a
ras de tierra en el lugar que en aquel entonces era la capilla capitular del
convento.
Posteriormente, a finales del siglo XVI, el
Obispo de Córdoba, Fray Martín Mendoza, dominico, decidió construir una capilla
a San Álvaro: la existente actualmente, siendo pues ésta la pieza más antigua
del Santuario de Sto. Domingo.
En 1614, el doctor Alonso de Miranda,
chantre de la catedral de Córdoba, mandó labrar un arca de madera, con
bajorrelieves, y en ella se colocaron los restos de San Álvaro; una rejilla
permite verlos. Y encima de la urna, el busto de San Álvaro en hábito de
dominico, de esa misma época. Todo ello ha sido siempre considerado, después
del santísimo Cristo de Scala Coeli, como el mayor tesoro de este santuario.
Dicho busto, de autor desconocido, está
realizado en soporte de madera. La técnica, talla policromada; y sus medidas:
67 x 68 x 44 cm.
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