viernes, 27 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (V)

 

 

Caridad, misericordia y servicio en el carisma dominicano

 El principio vital que animó la vida de Domingo de Guzmán y posteriormente de la vida de la Orden fue la caridad de la verdad. Santo Domingo la fundamentó en la vida de Cristo que contempló asiduamente en la Palabra de Dios y así el carisma que nos legó entiende la caridad hecha verdad como una fuerza activa que brota de la comunión con Dios y de la relación con los que se cruzan en el camino de la vida.

Los testigos en su proceso de su canonización recogieron el gesto sublime de Domingo de vender todos sus libros y el ajuar que poseía en Palencia para socorrer las necesidades de los más pobres. Este testimonio nos muestra los rasgos de la caridad de Cristo que prenden en el corazón de Santo Domingo y han de ser un referente en el corazón de nuestra Familia Dominicana: la caridad es gratuita, eficaz, no busca su propio interés, se hace misericordia, en cuanto que decide poner el corazón en la miseria de la humanidad, y se traduce en servicio, socorriendo las necesidades de las personas más pobres.

No podemos aislar este gesto del joven Domingo de lo que fue su vida y su testimonio: guardaría en su memoria y en su corazón la caridad de su madre Juana de Aza en su afán de corresponder a las necesidades de los necesitados, la distancia que separaba en esa época la iglesia de los que aspiraban a vivir, por caminos desatinados, como los apóstoles (pobres, en común-unidad, predicadores…), su deseo de iniciar a sus frailes a estudiar, vivir y predicar la Palabra de Dios despreocupándose de privilegios y bienes, la caridad creativa para acoger a las recién conversas en el monasterio de Prulla, su personalidad modelada por la caridad que abarcaba a todos…Podríamos decir de Domingo que de día se activaba en la caridad hacia los demás y de noche se retroalimentaba en la caridad hacia Dios.

En medio de esta sociedad materialista, consumista e individualista donde prima el interés personal sobre la preocupación y la compasión hacia los demás, Domingo nos enseña a dar cabida a todos los hombres y mujeres para derramar en su corazón el amor de Dios. Podemos hacer nuestra, para toda la Familia Dominicana, la súplica que Santo Domingo dirigíaa Dios: “que se dignara concederle la verdadera y eficaz caridad para cuidar con interés y velar por la salvación de los hombres”.

 

H. María José Abad Mínguez

Dominica de la Anunciata

 

 

Vida de Santo Domingo: De cómo vendió sus libros y dio todo a los pobres

 

Por el tiempo en que continuaba estudiando en Palencia, se desencadenó una gran hambre por casi toda España. Entonces él, conmovido por la necesidad de los pobres y ardiendo dentro de sí en amor de compasión se resolvió, con un solo acto obedecer a la vez los consejos del Señor y reparar en cuanto pudiera la miseria de los pobres que morían de hambre. Vendió, pues, los libros que poseía, aunque le eran verdaderamente necesarios, con todo su ajuar, fundando una cierta limosna (lugar de acogida para los pobres, enfermos, peregrinos y para cuantos necesitaran de la caridad cristiana). Distribuyó y donó lo suyo a los pobres. Con su ejemplo de piedad provocó de tal modo a otros teólogos y maestros que, cayendo en la cuenta de su dejadez, en contraste con la generosidad del joven, abundaron desde entonces en limosnas más crecidas.

 (Basado en el texto “Orígenes de la Orden de Predicadores” (1233) – B. Jordán de Sajonia)

 

 

 ORACIÓN.

 

Dios omnipotente,

Tú eres el Dios de la Verdad.

Tú conoces nuestros pensamientos y deseos.

Tú sabes cuándo y por qué nos reunimos.

 

Haznos, a modo de Domingo de Guzmán

y de tantos como nos han precedido en este camino,

dóciles y abiertos en la escucha y el diálogo,

esperanzados y optimistas al emprender y programar,

justos y audaces en cumplir y animar.

 

Ilumina nuestra visión sobre el mundo de hoy,

que sepamos asumir sus retos

conforme a nuestras prioridades y fronteras,

compartir con solidaridad lo que hemos recibido,

y ser testigos ante el mundo de nuestra vocación.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 26 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (IV)


 

 

El Estudio y la Formación en el Carisma Dominicano

 

            La historia de la Orden y de la Iglesia ha marcado de un modo muy significativo el vínculo entre lo dominicano y la dimensión intelectual, casi que identificando tantas veces el estudio como el centro de nuestra identidad. Y aunque no es exactamente así -el centro, evidentemente, es la predicación- sí que es evidente (y así lo atestiguan san Alberto y santo Tomás, fray Luis y los Renanos, la Escuela de Salamanca o los teólogos renovadores del siglo XX), que el estudio ha sido uno de los rasgos que más ha identificado a los hijos de Santo Domingo de Guzmán.

            Históricamente, en esos tres primeros siglos de vida de la Orden donde lo académico es más brillante, del siglo XIII al XVI, se comprende como un momento eclesial en el que el estudio estaba centrado en los monasterios como una forma de salvaguardar el saber más que sacarlo afuera, y con el auge de las universidades en las que los dominicos tanto influyeron como centros de extensión del conocimiento.

            Del estudio dominicano, me gustaría señalar tres rasgos que quizás a veces pasan algo más desapercibidos.

            Primero. Domingo entendió perfectamente que la predicación exigía el estudio. El no creyente o el creyente en otras cosas, que es a quien va dirigida la predicación, no es un mero receptor pasivo y vacío de nuestra palabra. Tiene sus ideas, sus convicciones, su dignidad y su propia manera de ser y pensar. El estudio y la seriedad de nuestra convicción, ser capaz de argumentar, de dar razón de nuestra esperanza, de sostener la fe de manera racional y comprensible, es en sí una manera de respetar al que no piensa como uno y de tomarle en serio. Ahí hay una profunda intuición dominicana, la de la dignidad de todo ser humano como hijo de Dios, como creatura querida y amada por Dios.

            Segundo. Domingo vinculó profundamente el estudio a la comunidad. No pensamos solos, no vivimos solos, no estudiamos solos. El estudio es siempre un inmenso diálogo tanto con nuestros hermanos con los que vivimos, trabajamos, compartimos misión o proyectos -esas conversaciones que son estudio porque enseñan, comparten, obligan a pensar, reciben lo que otros saben, aportan lo que uno conoce-, como con los que antes que nosotros han estudiado, pensado y escrito. La lectura es un diálogo comunitario con el saber recibido y acumulado para continuar ahondando. Y ahí hay de nuevo otra intuición dominicana, la de la fraternidad humana en el tiempo, la de la condición de hermanos con todos, por hijos de Dios.

            Tercero. Domingo vivió el estudio en concomitancia con la contemplación. Y es que casi que son las dos caras de la moneda del ahondar en Dios. La contemplación, la oración, nutre el estudio y el estudio nutre la contemplación. Poner en ejercicio las distintas dimensiones humanas -racionales y espirituales- para el encuentro con Dios son el camino dominicano para ponerlas al servicio de los demás y para el propio desarrollo de las personas. Y he ahí, una más, otra intuición dominicana: la misión del predicador es la de tratar de favorecer que todo el mundo se encuentre con Dios, porque es un camino fundamental de desarrollo de la persona. Cercenar una parte de la persona, impide que la persona de fruto en todas sus posibilidades.

 Fray Vicente Niño Orti, OP

 

Vida de Santo Domingo: De sus estudios en Palencia

 

Transcurridos los años de su niñez, fue enviado a Palencia para adquirir maestría por medio del estudio de las artes liberales. En aquel tiempo florecía en dicha ciudad un estudio general que abundaba, tanto en el número importante de escolares como en la perfección estudiosa de los doctores. Comenzó, pues, Domingo a conducirse sin pereza, aplicado con diligencia a adquirir la doctrina para la que fue enviado. Para conducir más cumplidamente su alma a la sabiduría, se propuso privar a su cuerpo del vino. De ahí que no lo bebiera durante diez años. Después, a causa de molestias en el estómago, fue obligado por el Obispo de Osma, a tomar un poco de vino. Lo tomaba tan mezclado con agua que pocos se sentían tentados a beber de su vaso. De aquí resultó que, en más breve espacio de tiempo, aprovechó por encima de muchos de sus contemporáneos en la asimilación de las artes liberales.

Instruido competentemente e estas disciplinas, se entregó de lleno al estudio de la teología. Durante cuatro años se aplicó al estudio de la Sagrada Escritura, con tal diligencia y ávido de aprender, que casi se pasaba las noches en vigilia.

Daba preferencia a la santidad sobre las sutilezas de los razonamientos, y al fruto espiritual sobre el follaje de las palabras. Su palabra y predicación no fue con persuasivos discursos de humana sabiduría sino en la manifestación de la virtud.

 

(Basado en el texto “Narración sobre Santo Domingo” (1235) – Pedro Ferrando)

 

ORACIÓN.

 

Dios mío, tú que eres la fuente de la luz,

infunde un rayo de tu claridad

en la oscuridad de mi inteligencia.

Concédeme agudeza para entender,

capacidad para asimilar,

facilidad para aprender,

sutileza para discernir

y gracia abundante para hablar.

 

Concédeme, Verdad de las verdades,

inteligencia para conocerte,

diligencia para buscarte,

sabiduría para encontrarte,

buena conducta para agradecerte,

confianza para esperar en ti,

constancia para hacer tu voluntad.

 

Ordena, Dios mío, mi vida;

concédeme saber lo que tú pides,

y ayúdame a realizarlo para mi propio bien

y el de todos mis hermanos.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (III)

 


 

 La oración y la contemplación en el carisma dominicano

 

Una característica que nos distingue a los dominicos y dominicas de ayer y de hoy, a nuestros santos y a los que vivimos y bebemos de la fuente del carisma dominicano en la Iglesia, es la vida de oración y de contemplación: frailes, monjas, religiosas y laicos. La Predicación de la verdad a la que estamos llamados tiene aquí su base y fundamento.

La Orden de Predicadores, es una Orden apostólica en la que el silencio, la oración, la meditación, el estudio, la contemplación, forjan la vida de los predicadores y predicadoras, al igual que forjaron la vida y el alma de Domingo. En este sentido nuestra contemplación es la que nos hace buscar la voluntad de Dios, contemplarla y dejar que cambie nuestra mente y nuestro corazón, para poder no sólo ver las cosas como las ve Dios, sino, además, relacionarnos con ellas y sentir por ellas y por las personas, lo que siente Dios. Lo hemos visto en Jesús: Misericordia y compasión: “Pasó haciendo el bien y compadeciéndose de las muchedumbres”.  Pero esto, no se improvisa, “habla de Dios” quien cultiva esta relación interpersonal y se deja modelar por la Palabra, esto es, se deja hacer por ella, se deja evangelizar. Sus contemporáneos, veían y sabían que santo Domingo “solo hablaba con Dios o de Dios”, testimonio que destaca su talante contemplativo, su ser de hombre de Dios, y a la vez de maestro espiritual, pues pedía a los frailes que hicieran lo mismo, al mismo tiempo los alentaba y sostenía en sus momentos de oración. Recordemos cómo iba de un lado a otro del coro exhortándoles a cantar y a orar, o cómo los invitaba al silencio y a pensar en el Salvador mientras iban de camino.

Es impresionante el fervor de santo Domingo por la oración. Él dedicaba toda la noche a hacer oración. Si Domingo fue un predicador significativo, fue precisamente porque fue un gran orante. Porque pudo hacer de su vida oración, trabajando y dejándose trabajar ininterrumpidamente en la oración. La predicación de Domingo se nutría de sus noches de oración, y su oración se alimentaba de los rostros crucificados que encontraban en el camino cada día.

No basta leer la Palabra de Dios. No basta tener silencio para ir a la oración. Es necesario dejar que la Palabra nos traspase y dejar que ella inspire y transforme nuestros sentimientos; dejar que evangelice nuestra mente, abandonarnos en las manos de Dios.

Dominicas contemplativas del Monasterio de San José

LA SOLANA  (Ciudad Real)

 

Vida de Santo Domingo: De su oración

 

Dios le había concedido la gracia especial de llorar por los pecadores, por los desdichados y afligidos. Inflamado por el celo ce las almas que perecían, no menos movido por el deseo de la morada celeste, pernoctaba a menudo en oración. Con frecuencia, sin embargo, en la oración, el gemir de su corazón era como un rugido. No podía contenerse, de modo que los gritos de dolor se escuchaban con claridad desde lejos. Golpeaba frecuentemente los oídos de la divina clemencia con esta especial petición, a saber, que su corazón pudiera gobernarse más eficazmente por una caridad semejante a la de Aquel que se entregó totalmente por nuestra salvación. La lectura del libro “Conferencias de los Padres” condujo a Domingo, con la ayuda de la gracia, a una gran pureza de corazón, a las alturas de la contemplación y a la perfección de la doctrina espiritual.

(Basado en el texto “Narración sobre Santo Domingo” (1256) – 
Humberto de Románs)

 

 ORACIÓN.

Santo padre Domingo,

inspíranos a vivir un Evangelio integral,

como respuesta a un mundo que busca y nos reta;

y así, padre, tu ejemplo nos estimule,

y la Verdad nos ilumine en el estudio y la oración;

y ambos nos urjan a transmitir a los demás

lo que contemplamos y vivimos.

 

Haznos, padre, como tú:

confiados en la Providencia,

dóciles al Espíritu,

constantes en contemplar,

convincentes en predicar,

generosos en servir,

valientes en emprender;

en la alegría agradecidos,

en el dolor esperanzados,

en el cansancio perseverantes,

en el convivir sinceros.

 

Para que, así, padre,

se cumpla lo que tú prometiste,

en honor a la Verdad,

Jesucristo, el Señor. Amén.