viernes, 13 de noviembre de 2020

Curso de Psicología espiritual: El Camino espiritual de la fragilidad (5)

 

LA ORACION, DESDE LOS INTERROGANTES DE TU FRAGILIDAD Y LA DE LOS OTROS

 

Señor, enséñanos a orar. ¡Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá!. ¡Cuanto más vuestro Padre no dará el Espíritu Santo a quien se lo pida; (Lc 11, 1-13).

Conforme avanzamos en el camino espiritual de la fragilidad, vamos descubriendo los atajos para llegar a Dios. Uno de ellos puede ser orar y leer espiritualmente los interrogantes que surgen de la misma debilidad, para así, poder salir de la pequeña cueva donde te has encerrado, y caminar hacia fuera, en busca de una respuesta y un sentido al sufrimiento.

 

1. El sufrimiento de la fragilidad, también sacude la fe, y se expresa en interrogantes creyentes.

El sufrimiento cuestiona muchas veces mi fe. Y nos interpela: ¿Aposté a falsas promesas de Dios? ¿Es mi fe una mera ilusión?. ¿El sufrimiento la pone a prueba?. ¿Se quiebra así mi bienestar?. Al conversar con personas que sufren podemos escuchar, la voz de aquellos que han profundizado su fe por la experiencia del sufrimiento, y la voz de aquellos que han perdido la fe porque el sufrimiento fue intolerable.

Los devotos del Antiguo Testamento salvaron su fe a través de la experiencia del sufrimiento, al llevar su dolor y su ira, su insatisfacción y su queja a Dios por medio de interrogantes hechos oración. Ellos no enmudecieron en su pena, sino que la expresaron a gritos frente a Dios.

Evidentemente, esto les ayudó a mantenerse en Dios a pesar de todo el sufrimiento, dejando que se manifestaran todos los sentimientos que surgían en ellos. Así, no se privaron de acusar a Dios, de presentarle su decepción y de exhortarlo a mostrarse finalmente como el Dios benevolente que se preocupa por ellos y los rescata del mal.

 

2. Para los piadosos de Israel, la religiosidad no era garantía para protegerse del mal.

En los salmos una y otra vez aparece la pregunta de por qué les va tan bien a los impíos y tan mal a los devotos. El salmista reza: “¿Por qué, oh Dios, esos continuos rechazos, y esa ira contra el rebaño de tu redil? (Salmo 74, 1). Luego, el que reza le recuerda a Dios que desde tiempos remotos ha realizado acciones de salvación sobre la tierra. ¿Por qué Dios retiró ahora su mano de manera que triunfan los enemigos? Y luego implora a Dios: “ oh Dios, a defender tu causa, acuérdate del necio que te provoca todo el día! No olvides el griterío de tus adversarios, el clamor de tus agresores que crece sin cesar!” (Sal 74, 22 y sig.).

En el Salmo 73 un devoto reflexiona acerca de por qué les va tan bien a los impíos. “Yo sentía envidia de los malos, viendo qué bien les va a los impíos: Para ellos no existe el sufrimiento, su cuerpo está gordo y lleno de salud” (Sal 73, 3 y sig.). Y luego se mira a sí mismo: “¿De qué me sirve tener un corazón puro y mantener mis manos inocentes, cuando todos los días me apalean y no hay mañana en que no me castiguen?” (Sal 73, 13 y sig.). El que reza se atormenta con la idea de su propio sufrimiento y lo bien que les va a los impíos. Pero luego entra en el santuario de Dios y medita sobre el destino del hombre. Y reconoce: “Tú me guías conforme a tus designios y me llevas de la mano tras de ti. ¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada más quiero en la tierra” (Sal 73, 24 y sig.).

 

3. En la Oración de los interrogantes, se transforma la percepción del sufrimiento.

Y se reconoce que finalmente siempre estoy con Dios y que Dios no me abandona, ni siquiera cuando a veces me va mal. Una y otra vez las personas escriben que les va muy mal. Cuentan que ya no tienen fuerzas. Hay distintos motivos: a unos los oprimen las deudas, otros sufren que sus hijos transiten otros caminos o que estén enfermos, deprimidos, o se aparten del camino correcto. También muchos aseguran que rezan continuamente, pero a pesar de las oraciones, las cosas no mejoran. A veces las personas se preguntan si acaso rezan mal o si están haciendo algo incorrectamente, porque nada cambia. Esto muestra una comprensión muy particular de la oración. Piensan que tienen muy poca confianza y buscan otro sostén.

 

4. Los interrogantes del sufrimiento me ayudan a mantener una oración “fraterna y solidaria”.

Desde tiempos inmemoriales, los creyentes nos planteamos preguntas que especialmente surgen en la Oración. Los interrogantes de Jesús, los nuestros y los de los demás, son un material espiritual, que si bien surgen de la pobreza, también expresan el deseo y anhelo de Dios.

La vida espiritual, como camino de búsqueda de Dios, desde los interrogantes propios, de los otros y de Dios, lo recorremos en lo secreto de la oración, la soledad y el silencio, donde parece que Dios calla. ¿Por qué se oculta Dios?. Si Dios se ha revelado, ¿por qué sigue oculto? Es una pregunta que no puedo responder. Sólo puedo constatar que, a menudo, Dios se me oculta. Tal vez, un intento de dar respuesta podría ir en esta dirección: Dios se oculta para que no se nos ocurra la idea de acapararlo, de poseerlo y de saberlo todo sobre Él. Dios se oculta para indicarnos que es el totalmente Otro, el Dios de quien no puede disponerse, a quien tenemos que seguir buscándolo siempre de nuevo.

Martin Buber narra una historia sobre el ocultamiento de Dios. Un judío piadoso va a ver a su rabino y le pregunta qué se puede hacer en la fe, si Dios oculta su rostro. La respuesta del rabino es ésta: “Si se sabe que es un ocultamiento, ya no es ocultamiento”.

El propio Jesús dice que el Reino de Dios actúa en lo oculto. (Mt 13,3ls). Dios está en lo secreto, en lo oculto. (Mt 6,6). Por eso, nuestra oración debe tener lugar también en lo secreto, en lo oculto. Si buscamos a Dios en lo oculto, ese ocultamiento protege nuestra búsqueda de Dios. Vamos hacia dentro, hacia aquello que está oculto para nosotros mismos. Allí podemos encontrar a Dios. A veces, Dios se muestra para acicatearnos en nuestra búsqueda y después vuelve a ocultarse para que tendamos aún más hacia Él y lo busquemos de todo corazón.

 

5. La Oración de los otros y por los otros, hace con la fragilidad, una obra de misericordia.

El servicio solidario. La fragilidad no nos permite pensar sólo en nuestros intereses particulares. Al contrario, la prueba puede ser una oportunidad para preparar el mañana de todos, sin descartar a ninguno. De todos. Porque sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro. Hoy, el amor desarmado y desarmante de Jesús resucita el corazón discípulo. Sólo así reconstruiremos un mundo nuevo.

A veces tal oración está turbada por pensamientos de eficacia, y pensamos: “Cuanto más rece, tanto antes me deberá ayudar Dios”. A veces la gente no observa verdaderamente los problemas. Le pide a Dios que todo lo resuelva. Pero no se esfuerza en observar abiertamente y abordar los problemas. Observar los problemas y sus interrogantes, sería cuestionar el propio concepto de vida. Y esto llevaría a la humildad. Sólo ayudará la oración en la cual ofrezco sin miramientos mi verdad a Dios y mi ayuda a los demás. Pero no siempre sentimos que Dios saca todas las piedras del camino. Quizá sólo me dé la fuerza para soportar. En algún momento surgirá en mí una solución o las circunstancias exteriores se modificarán y de pronto se verá un camino por el cual pueda continuar. Orar por los demás, significa trabajar para realizar aquello que pedimos para ellos.

 

Cuestiones para reflexionar y expresarse.

1. ¿Qué interrogantes personales se repiten más en mi vida? ¿Los llevo a la oración?

2. ¿Recurro y cuento con la Oración de los otros? ¿Ofrezco la mía?

3. ¿Cómo vivo la experiencia de acompañar o ser acompañado con la oración en el sufrimiento?

 

ORACION

No has venido, Señor, para juzgar, sino para buscar lo que está perdido, para abrazar con ternura lo que está enfermo y frio, para liberar de los miedos y acoger lo que está cansado y hundido. Tú, que sabes que somos barro, acéptanos tal cual somos: con nuestro pecado, con el pecado del mundo, con nuestros pecados personales, con nuestra historia llena de ambigüedades. No renuncies a ser Padre/Madre. No nos dejes con nuestros fardos de siempre. Infúndenos tu aliento de vida. Llévanos por tus sendas. Sabes que somos de barro. No abandones la obra de tus manos.

Fr. José Antonio Segovia. O.P

viernes, 6 de noviembre de 2020

Curso de Psicología espiritual: El Camino espiritual de la fragilidad (4)

 

 EXPRESAR  EL  SUFRIMIENTO  A  TRAVÉS DE LA ORACIÓN,

NOS LIBERA

 

            Paqui, Inmaculada, Pepi, gracias por  compartir vuestra verdad mediante el blog. Esto nos libera del dolor. Sobre todo, cuando, como vosotras, lo hacéis en Oración, dando una nueva dimensión a la misma. Porque como dice el Papa: Orar significa no sólo pedir, sino escuchar, dejar que lo que estamos viviendo nos preocupe. Reconocer que no somos autosuficientes y por tanto, encomendarnos a Dios. Aprender de Jesús a tomar la cruz y abrazar con El los sufrimientos de muchos. Seguirlo en la fragilidad para que a través de nuestra debilidad, llegue la salvación al  mundo. ”Humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que os encumbre en su momento. Confiadle todas vuestras preocupaciones, puesto que El se preocupa de vosotros.(1Pe 5, 6). Así lo vivís vosotras, como estas dos mujeres, Etty H.  y Maria Nöel, cuyo testimonio traemos hoy y con las que vosotras dialogais.

 

1.- La Oración nos ayuda a conocer la propia verdad, cuando nos sentimos frágiles. Nunca creas que tú eres lo que crees ser ahora; eres mucho más. Una zona muy ancha de ti permanece a oscuras en el campo de tu conciencia. En la Oración puedes acercarte a tu fragilidad, si tratas de verte como Dios te ve. Tus posibilidades y tus comportamientos dependen de la imagen que tienes de ti; si no cambias esa imagen, nunca se dará en ti una verdadera transformación. La oración es una experiencia de iluminación de tu propia verdad.  Cuando sepas quién eres, estarás más cerca de Dios. Tu fragilidad orada te fortalecerá.

 

2. En la Oración podemos expresar con libertad todo nuestro sufrimiento. Cada vez que seas más consciente de ti, sin dejarte engañar por las fantasías de tu ego, de donde viene el sufrimiento, te volverás más capaz de resolver tus problemas. Cuando aceptas tu verdad,  te vuelves más creativo ante las dificultades que se te presentan cada día. Cuando expresas el sufrimiento en la oración, le quitas  poder a los problemas, porque éstos no son Dios.

 

3.-Pero sobre todo, por medio de la Oración,  descubres la obra que Dios realiza en ti. La “Contemplación de tu propia historia” te ayuda a ver que tu riqueza está en lo que Dios ha hecho en ti. El pueblo de Israel descubrió que Dios estaba cercano a él reflexionando sobre su propia historia. «Él es mi salvación” (Ex 15,2). Es importante que aprendas a descubrir a Dios en las peripecias de tu propia historia personal. Relee tu vida, verás que misteriosamente una mano te ha ido «modelando» para cumplir una misión en la vida.  Si Dios ha sido fiel hasta hoy, ¿por qué no va a serlo siempre?. El cristiano es una persona optimista; su optimismo nace de la fe y del convencimiento que Dios está junto a Él.

 

4. Dos mujeres, dos orantes, dos testigos. La Oración y su valor terapéutico del sufrimiento

         a) ETTY  HILLESUM, mártir del amor y la fragilidad.(1914-1943). Nació el 15 de enero de 1914 en una familia de tradición judía en Middelburg, Holanda.  Un informe de la Cruz Roja  registra su muerte el 30 de noviembre de 1943 en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, donde también murieron sus padres y sus dos hermanos. Y en medio de esta realidad podía decir: La vida es bella a pesar de todo”.

         El Papa Benedicto XVI la recordaba así: Pienso tambien en la figura de Etty Hillesum, una joven holandesa de origen judio que morirá en Auschwitz. En su vida dispersa e inquieta, encuentra a Dios precisamente en medio de la gran tragedia del S.XX. Esta joven frágil e insatisfecha, transfigurada por la fe, se convierte en una mujer llena de amor y de paz interior, capaz de afirmar: Vivo constantemente en intimidad con Dios.  Dios cógeme con tu gran mano y conviérteme en tu instrumento. Y así continuaba su oración.

         “¡Qué grande es, Dios mío, la angustia interior de tus criaturas terrenas...! Te doy gracias por haber hecho venir a mi tanta gente con toda su angustia. Me están hablando con calma, sin tomar precauciones, y de pronto, se revela su angustia en toda su desnudez. Y tengo delante de mi un pobre y pequeño ser humano, desesperado y preguntándose cómo va a seguir viviendo. Ahí es donde empiezan mis dificultades.

         No basta con predicarte, Dios mío, para exhumarte, para sacarte a la luz en los corazones de los otros. Es preciso despejar en el otro el camino que lleva a ti, Dios mío; y para hacerlo es preciso ser un gran conocedor del alma humana; es preciso tener una formación de psicólogo: relación con el padre y la madre, recuerdos de la infancia, sueños, sentimientos de culpabilidad, complejos de inferioridad..., en fin, todo el almacén de los accesorios.

         Comienzo una exploración prudente en todos los que vienen a mí. Los instrumentos que me sirven para abrir la vía hacia ti en los otros, son aún muy rudimentarios. Pero ya dispongo de algunos, y los iré perfeccionando poco a poco y con mucha paciencia. Y te agradezco que me hayas dado el don de leer en el corazón de los demás. A veces, las personas, son para mí como casas con las puertas abiertas. Entro, vago a través de los pasillos, de las habitaciones. La disposición es un poco diferente en cada casa. Sin embargo, todas son semejantes, y debería ser posible hacer de cada una de ellas un santuario para ti, Dios mío.  Y te lo prometo, Dios mío, te buscaré un alojamiento y un techo en el mayor número de casas posibles. Es una imagen divertida: me pongo en camino para buscarte un techo. Hay tantas casas deshabitadas, y te introduzco en ellas como Huésped más importante que puedan recibir.

         b) MARÍA  NOËL (1883-1967). Poetisa francesa, cristiana, testigo de la lucha por la fe.          Una santa de la vida corriente. En las páginas íntimas de su diario dejó grabado el peso de la vida familiar, del vecindario, de las dificultades que habían obstaculizado su creatividad. Puede que en esta cotidianidad, en esta vida absolutamente normal, conquistara los laureles de una verdadera santidad. Maria Nöel es la santa de las pequeñas cosas. Pasó por una dolorosa crisis en su relación con Dios. Sus dudas se explican bien. En 1904, el día de Navidad, descubrió a su hermano pequeño de 12 años muerto en su habitación, y en la misma época, el joven que ella amaba en secreto la abandonó, y en ese dolor vivió duramente a lo largo de toda su vida la prueba de la soledad. Murió mayor, soltera y sin haber dejado nunca su ciudad (Auxerre),  con una gran soledad interior., en la que pudo expresar su dolor por medio de la Oración.

         - Estoy aquí, Dios mío. ¿Me buscas? ¿Qué querías de mi?. No tengo nada más que darte. Desde nuestro último encuentro, no he puesto nada a un lado para ti. Nada... ni siquiera una obra buena. Estaba demasiado cansada. Nada, si siquiera una buena palabra. Estaba demasiado triste. Nada, sino el disgusto de vivir, el aburrimiento, la esterilidad.

         - Y me dice Dios. ¡Dámelos!. La prisa de cada día, por terminar la jornada, si servir para nada, el deseo de reposo lejano del deber y de las obras, el desapego del bien por hacer, el disgusto de Ti, oh Dios mio.: ¡Dámelos!. El sopor de tu alma, los remordimientos de tu flaqueza y la flaqueza más fuerte que los remordimientos...:¡Dámelos!. Turbaciones, sustos, dudas: ¡Dámelos!. Señor, pero entonces Tú, como un trapero, recoges las sobras, las basuras. ¿Qué quieres hacer con ellas, Señor.. ¡Quiero construir el Reino de los Cielos!. Una casa de paz, sin dolor,  para todos.

 

Cuestiones para reflexionar y expresarse.

¿Que alcance puede tener  la Oración en el mundo del dolor?

¿Qué me dicen las oraciones de estas dos  mujeres creyentes en las pruebas de lo cotidiano?

¿Qué oración puedo hacer yo hoy con ellas?

 

 

Fr. José Antonio Segovia. O.P

viernes, 30 de octubre de 2020

Curso de Psicología espiritual: El Camino espiritual de la fragilidad (3)

 

 LA  EXPERIENCIA DE SER CUIDADO Y QUERIDO POR DIOS,

EN  LA  FRAGILIDAD

           

            ¿Quién nos separará del Amor de Dios? ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?. Pero Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. (Ro. 8,31-39)

            ¡Hágase tu voluntad!, decimos en medio de la fragilidad. Esto significa darle a Dios poder sobre mi vida, dejarse hacer y cuidar por El. Es la fe, que se vive como experiencia de confianza,  de sentirse cuidado y querido por El. Esta experiencia nos da oportunidad para vivir de forma diferente  los estresores cotidianos. Lo que parece que  uno no puede superar por sí mismo, encuentra un soporte en la fe, y lo convierte en algo más llevadero, e incluso es motivo de acción de gracias. ¡Tu voluntad!: ¡Cuídame como sólo Tú sabes hacerlo!

 

I. Contemplar  declaraciones  bíblicas de  Amor  ayudan a sentirse cuidado por Dios.

          1) Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo conozco todo sobre ti. Yo sé cuándo te sientas y cuándo te levantas. Todos tus caminos me son familiares. (Sal 139,1-3)

       2)  En mí, tú vives, te mueves y eres... (Hch. 17,28). Te conocí aun antes de que fueras concebido...(Jer. 1,4-5). Yo te escogí cuando planeé la creación... (Ef. 1,11).Todos los cabellos de tu cabeza están contados... (Mt 10,29-31). Porque tú fuiste hecho a mi imagen... (Gn. 1,27). Tú no fuiste un error. Todos tus días están escritos en mi libro. (Sal 139,15)

        3) Es mi deseo compartir mi amor, porque eres mi hijo y Yo soy tu Padre. (1 Jn. 3,1). Yo determiné el tiempo exacto de tu nacimiento y donde vivirías. (Hch. 17,26). Yo te formé en el vientre de tu madre. (Sal 139,13).

         4) Porque Yo te amo con amor eterno...Y nunca dejaré de hacerte el bien. (Jr. 31,3). Te ofrezco mucho más de lo que tu padre terrenal pudiera darte... (Mt 7,11) Porque Yo soy el Padre Bueno. (Mt 5,48). Cada regalo que tú recibes viene de mis manos. (St. 1,17). El plan que tengo para tu futuro ha estado siempre lleno de esperanza. (Jr. 29,11).  Mis pensamientos sobre ti son incontables como la arena a la orilla del mar. (Sal. 139)  Porque tú eres mi tesoro más preciado. (Ex 19,5).

       5) Yo deseo afirmarte dándote todo mi corazón y toda mi alma... (Jr. 32,41) Y quiero mostrarte cosas grandes y maravillosas. (Jr. 33,3). Si me buscas con todo tu corazón me encontrarás. (Dt. 4,29) Deléitate en Mí y te daré todos los deseos de tu corazón... (Sal 37,4). Porque soy Yo quien produce los deseos de tu corazón... (Flp. 2,13) Yo puedo hacer por ti mucho más de lo que tú pudieras imaginar... (Ef. 3.20)

       6) Yo también soy el Padre que te consuela en todos tus problemas. (2 Cor. 1,3-4) Cuando tu corazón está quebrantado, Yo estoy cerca de ti... (Sal 34,18). Como el pastor carga a un cordero, Yo te cargo a ti cerca de mi corazón. (Is. 40,11) Yo quitaré toda lágrima de tus ojos y todo el dolor sufrido en esta tierra. (Ap. 21) Yo soy tu Padre y te he amado como a mi hijo, Jesús... (Jn. 17,23)

     7) Porque en Jesús, mi amor por ti ha sido revelado. (Jn. 17,26). El es la representación exacta de quien Yo soy. (Heb. 1,3). Él vino a demostrar que Yo estoy contigo y no contra ti. (Ro 8,31). Y también a decirte que no estoy contando tus pecados. (2 Cor. 5,18). Porque Jesús murió para que tú y yo pudiéramos ser reconciliados. Y su muerte fue la suprema expresión de mi amor (1 Jn. 4,10)

     8) Entregué todo lo que Yo amaba para que pudiera ganarme tu amor. (Ro 8,31-32). Si tú recibes el regalo de mi Hijo Jesús, tú me recibes a mí. (1 Jn. 2,23). 

 

II. ¿Cómo actúa la  confianza en el Amor de Dios ante las dificultades de la vida?

            1) La experiencia de ser cuidado y querido por Dios nos permite valorar los acontecimientos de forma diferente. Cuando el cristiano deposita su confianza en Él, intentando al tiempo resolver la situación en lo posible, se produce una percepción subjetiva de control sobre los acontecimientos, que resulta fundamental para superarlos'. «Trabaja como si todo dependiera de ti y reza como si todo dependiera de Dios» (I. de Loyola). Puesto que Dios nos ama y nos quiere en todo momento, uno ya no vale por lo que hace,  ni por cómo lo hace, sino por ser amado por El; tampoco necesita resolverlo todo obsesivamente, sino que puede permitirse abandonarse en Dios, dejar en Él su voluntad, aceptar que las respuestas nos las vaya dando a través de la misma vida.

        2) La experiencia de Trascendencia es un regalo para «descodificar» los hechos.  Sabemos que El existe, que Él nos ama: «tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida». Entonces nada de lo que acontece  es  absoluto; lo absoluto está en Él, y todo cuanto sucede queda supeditado a Él. Desde esta seguridad, disminuye la carga emocional negativa que generan habitualmente los acontecimientos estresantes, sobre todo cuando no hay posibilidad de cambio. Y también da lugar a la esperanza, favoreciendo una búsqueda activa de soluciones.

           3) La confianza en el Amor da un significado especial  a los acontecimientos de la vida, en especial a los que resultan más dolorosos. Dar un significado a la tragedia constituye probablemente el elemento central a la hora de afrontar y superar adecuadamente este tipo de hechos. Además, permite valorar que se pueden vencer las dificultades. «El Señor Dios se nos acerca hasta lo más íntimo, hasta nuestro propio corazón, para decirnos ahí, no sólo que Él no es violento, ni nos pide el sacrificio cruento de aquellos a quienes amamos, sino que nos salva y nos ama».

            4) La  fe, que sana y conforta, se asienta en la experiencia de amor que vivo en Oración Aunque la oración se centra muchas veces en los problemas que tenemos, sin embargo, fundamentalmente la oración nos abre en la relación con los otros y en la intimidad con Dios. En concreto la Oración de perdón, que transforma al ser humano, tanto al que ofende como al ofendido: la persona se acepta a sí misma en su limitación y en su debilidad, permitiendo que desaparezcan los sentimientos negativos y vuelva a él el  Amor de Dios, que cambia el significado de los hechos.

           5) La fe en Cristo no tiene sentido sin la presencia de los otros, de los hermanos, de todos aquellos a quienes necesitamos para ser nosotros mismos y que, a su vez, nos necesitan. La dimensión relacional cobra mucha mayor profundidad a la luz de la fe. Y, a su vez, la experiencia de sentirse acompañados por personas que experimentan el mismo y hondo sentimiento de ser amados y cuidados por Dios ofrece un apoyo fundamental para superar las situaciones difíciles de la vida y el día a día agobiante o agotador. La comunidad es otro gran regalo de Dios que Jesús hace evidente a lo largo del Evangelio.

 

III. El Papa Francisco nos ayuda a sentirnos  cuidados por Dios, como a sus hijos- (26/2/2017)

1. Dios no es un ser lejano y anónimo, es nuestro refugio. El vela cada día sobre toda nuestra vida, frente a las preocupaciones que nos quitan la serenidad y el equilibrio.

2. Fiarse de Dios no resuelve mágicamente los problemas, pero permite afrontarlos con el ánimo justo, con valentía. Soy valiente porque me fio de mi padre, que cuida de todo y cuida de mi, que me hace tanto bien.

3. Jesús nos exhorta con insistencia a no preocuparse del mañana, sobre todo porque Dios es un padre amoroso que no se olvida nunca de sus hijos.

4. Es importante sentirlo como Padre en esta época de orfandad, en mitad de este mundo huérfano. No nos alejemos del amor de Dios, cuando nos obsesionamos con las riquezas, manifestando un amor exagerado a esta realidad. Jesús nos dice que esta búsqueda ilusoria es motivo de infelicidad, y da a sus discípulos una regla de vida fundamental. Buscad ante todo el reino de Dios.

5. ¿Y en qué consiste eso? Se trata de realizar el proyecto que Jesús ha anunciado en el Sermón de la Montaña, fiándose de Dios, que nunca defrauda.

6. Es un padre fiel, un amigo fiel, un aliado fiel, pese a las persecuciones. (Mt 6,25-34)       

 

Cuestiones para reflexionar y expresarse.

·         ¿Cómo descubro y experimento en mi vida el cuidado de Dios?

·         ¿Cómo me ha ayudado  la fe  y la confianza ante las dificultades de mi vida?

·         ¿Qué me aportan las palabras del Papa sobre el cuidado de Dios?


ORACION.

            Padre, sé que ordenas todas las cosas para bien de los que te aman, para bien de los que Tú has llamado y elegido. Tú nos has cogido la delantera y has depositado tu confianza en nosotros. Nos has llamado, nos has rehabilitado, nos has puesto en el camino de la salvación y nos has dado tu Espíritu y vida.

            Si Tú, oh Dios, estás con nosotros, ¿quién contra nosotros? Tú, que no reservaste a tu propio Hijo, sino que lo entregaste por todos, ¿cómo no nos darás  con El todas las demás cosas?

            Estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni los ángeles ni los principados, ni las cosas presentes ni las futuras, ni los poderes ni las debilidades, ni las alturas ni las profundidades, ni criatura alguna podrá separarnos de tu amor, oh Dios, presente en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 

Fr. José Antonio Segovia. O.P