miércoles, 15 de marzo de 2017

La comunidad de Santo Domingo de Scala Coeli, Córdoba



La comunidad de Santo Domingo de Scala Coeli, Córdoba 

 

Los frailes dominicos que vivimos en Santo Domingo de Scala-Coeli, Córdoba, somos conscientes del fecundo pasado de este convento y de los ilustres hermanos que han vivido aquí desde su fundación. Baste aludir solo a San Álvaro de Córdoba, a fray Luis de Granada o al Beato Francisco Posadas para apreciar la riqueza religiosa de este lugar predicador. El primero de los citados fundó este convento como primer lugar de la reforma de la Orden en el lejano 1423 y dejó una huella de compa-sión y enamoramiento de Cristo crucificado que nos enorgullece; el se-gundo fue prior de este convento, residió aquí unos diez años (1535-1545), se encontró en esta casa con san Juan de Ávila y aquí redactó su precioso Libro de la oración y meditación; y el último, un fraile que en su entusiasta predicación encarnó con gracia y cercanía la compasión de Cristo Jesús y de N.P.Santo Domingo en su trabajo pastoral y en el hospitalico del Padre Posadas, de vigente memoria aún entre los cordobeses.

Agradecemos el pasado de nuestros hermanos dominicos y lo hacemos con fraterna alegría. Nos sentimos muy ufanos de nuestra hermosa memoria dominicana, pero también, nos vemos ilusionadamente compro-metidos con el hoy de nuestra presencia predicadora. El entorno físico del convento, de una belleza natural serena, ayuda a nuestro propósito actual. Este enclave sito en la Sierra Morena, y a media docena larga de kilómetros de la capital cordobesa, queremos que sea hoy un centro de espiritualidad dominicana y un lugar de formación y encuentro de la Familia Dominicana cordobesa y andaluza. A tal fin, ofrecemos en los momentos llamados fuertes de la vida cristiana (adviento, cuaresma, pascua, pentecostés) retiros en los que, en silencio y en clima orante, servimos al Pueblo de Dios ocasión para la contemplación y profundiza-ción en la fe cristiana.

Asimismo, atendemos varios Talleres de Oración y Crecimiento Espiri-tual en esta casa, con frecuencia mensual, y organizamos jornadas de espiritualidad durante el año destinadas a las Fraternidades Laicales y a todos los que deseen vivir unas horas de tranquila meditación. También, este convento es lugar de encuentro de varios grupos de matrimonios que aquí hacen un alto en el camino en clima de sosegada reflexión y oración.


Los frailes de la comunidad de Scala-Coeli sirven, además, a la tarea de formación de las novicias de la Federación de Nuestra Señora del Santo Rosario, cuyo noviciado radica en la ciudad cordobesa, y atendemos el sacramento de la reconciliación del convento. Atendemos, además, a la Hermandad del Cristo de San Álvaro que, una vez al año, cursa una po-pular romería hasta este santuario; y servimos igualmente a la pastoral general del pueblo de Dios que aquí celebra sus mejores momentos, y a la pastoral de algunos colegios en el campo de la asistencia religiosa.

Este convento, además, y según disponibilidades de un calendario ya de suyo apretado, está abierto a cuantas demandas de grupos de jóvenes que quieren vivir aquí momentos de retiro, oración y recogimiento, sobre todo en fines de semana y sin pernoctar aquí.

Cumplimos también cuantas demandas de predicación y reflexión teológica, doctrinal y espiritual podemos, según permita el calendario de cada uno de los frailes aquí residentes.

Estamos convencidos que la fuerza del seguimiento de Cristo, la espiritualidad dominicana, los momentos de oración y los espacios de reflexión teológica que desde aquí servimos con ilusión tienen plena vigencia y responden a lo que la Orden puede y debe ofrecer desde este convento. Lo ponderamos por la positiva acogida que suelen tener los diversos momentos de encuentro que programamos cada año, pero mejor lo argumentamos porque como frailes predicadores no sabemos hacer otra cosa que evangelizar con todas las posibilidades que nos facilita este convento, este paisaje serrano con su hermosa historia religiosa y nues-tra vocación de predicadores y servidores de la fe en Cristo Jesús. Somos conscientes que el hombre actual necesita silencio enriquecedor, contemplación serena de la luz de nuestra fe, hacer un alto en el camino… y a ello nos dedicamos como servidores del evangelio hoy, y lo hacemos con mucha alegría.
 

 

viernes, 10 de marzo de 2017

La mesa de la Palabra: Miedos




Miedos

Al igual que la nostalgia mata la esperanza, el miedo en sus varias expresiones no da opción a un mañana con los avatares propios de un caminar nuevo e ilusionante. Ignoro si es lugar común, pero en ciertos sectores del Pueblo de Dios hoy se comparte el parecer que, en su día, el lógico desarrollo del Concilio Vaticano II, generó no poco miedo en amplios sectores de las autoridades eclesiásticas, lo que se trasladó en sospecha sobre cierta reflexión teológica, a la clericalización de la Iglesia, a formas litúrgicas con cierta añoranza del pasado, a creer que el diálogo con el mundo presente se sustanciaba con condenas y temores,  incluso a recelos inamistosos de la jerarquía sobre algunos sectores eclesiales tales como la vida consagrada.

Grupos de laicos no silencian su extrañeza cuando entran en contacto directo con algunas de las directrices del Vaticano II y lamentan su ignorancia y, por ende, su no aplicación. El momento presente es delicado, tanto en el escenario eclesial como en el sociopolítico. Con todos los cambios sociales y eclesiales que se han operado desde los años sesenta del siglo pasado, abrir hoy el arcón del Vaticano II no es parte de una operación nostalgia, cuanto mirar nuestra realidad con ojos de serenidad y caer en la cuenta que nuestra fe necesita expresarse en clave actual y atender a los sectores que hoy llamamos periferias y núcleos humanos de descarte social.

Puede que recuperar el espíritu conciliar ayude a no pocos creyentes a superar su decepción y tristeza eclesial. Una buena herramienta para este menester es Evangelii Gaudium, la primera exhortación que ofreció a la comunidad cristiana el Papa Francisco (2013), en total sintonía con el gran documento posconciliar de Pablo VI Evangelii Nuntiandi (1975). Dos documentos que sirven admirablemente el propósito de crear un clima de esperanza y de iniciar una sincera evangelización que estimule la conversión de los cristianos y de las comunidades. Porque de lo que se trata es de vivir hoy, aquí y ahora, la limpia frescura del evangelio del Señor Jesús.

Fr. Jesús Duque OP.

sábado, 4 de marzo de 2017

La mesa de la Palabra: Con el debido respeto




Con el debido respeto

En la pasada campaña de Manos Unidas, ésta nos provocaba con un lema que rezaba:  El mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida. En la motivación del mensaje nos sacaban los colores al indicar que en occidente parte de lo que se compra en las tiendas y en el supermercado va a la basura. Asimismo, en nuestros usos alimenticios se ha logrado una tal diversidad de ofertas, naturales o no, ecológicas o no, que siempre se tiene al alcance de la mano varias alternativas para satisfacer la necesidad del comer diario.

En el uno de marzo comenzaba la cuaresma con la música de fondo de sus prácticas de siempre, oración, ayuno y abstinencia. Bueno es pensar que lo más cuaresmal sea la oración, pero admitamos que el ayuno y la abstinencia están más presentes en el decir colectivo. El DRAE en la segunda acepción de ayuno indica: Manera de mortificación por precepto eclesiástico o por devoción, y la cual consiste sustancialmente en no hacer más que una comida al día, absteniéndose por lo regular de ciertos alimentos. Por su parte, y referido a la abstinencia, en su cuarta entrada consta: Por excelencia, privación de determinados alimentos o bebidas, en cumplimiento de precepto religioso o de voto especial.  

Desde la cuaresma del 2014, se nos recuerda además el sencillo mensaje que el Papa Francisco nos regaló entonces. Sorprende que a la hora de ponderar el ayuno y la abstinencia el pontífice no aluda en sus sugerencias a la privación de alimentos, ni a sustituir unos por otros (pescado por carne, por ejemplo). Señala, por el contrario, una firme apuesta por una cuaresma del corazón: mejor calidad y caridad en las relaciones interpersonales, humanizar nuestro día a día con actitudes de gratitud, perdón, escucha, compasión y confianza en Dios. Parece que es otra música.


Fr. Jesús Duque OP.