"YO NO VENGO POR MI CUENTA, SINO QUE EL VERDADERO ES EL QUE ME ENVIA"
La frase "Yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía", pronunciada por Jesús en el Evangelio de Juan (7:28), nos invita a reflexionar profundamente sobre la misión de Jesús de Nazaret y sobre nuestra relación con Dios. En ella, Jesús deja claro que su venida al mundo no es producto de un impulso personal, sino que responde al plan de Dios, a una voluntad que trasciende al ser humano.
Estas palabras nos recuerdan que, como cristianos, nuestra vida también debe estar orientada hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios. Jesús no vino para hacer su voluntad, sino para ser el instrumento a través del cual Dios revelaría su plan de salvación para la humanidad. De manera similar, nosotros, como seguidores de Él, estamos llamados a vivir no para cumplir nuestros propios deseos, sino para llevar a cabo la obra de Dios en la tierra. ¿Somos conscientes del amor de Dios a la humanidad? Él La ama tal como es, llena de conflictos y contradicciones. Capaz de lo mejor y de lo peor. Este mundo no recorre el camino solo, perdido y desamparado. Dios lo envuelve con su amor por los cuatro costados.
En la vida cotidiana, es fácil caer en la tentación de vivir según nuestros propios criterios, impulsados por el ego y las expectativas del mundo. Sin embargo, el ejemplo de Jesús nos enseña que nuestra misión y nuestra vida deben estar en sintonía con lo que Dios nos llama a ser. Cada acción, cada gesto, cada decisión, cada palabra y cada mirada deben estar impregnados del deseo de ser para Dios y para los demás, reflejando en todo momento el amor, la justicia y la esperanza de Cristo.
Al entender que Jesús fue enviado por el "Verdadero", entendemos que su vida fue un testimonio de obediencia, entrega y servicio. Un testimonio de amor. Y al identificarnos con Él, descubrimos que nosotros también estamos llamados a ser mensajeros de ese amor, llevando la luz del Evangelio a un mundo que necesita desesperadamente escuchar su voz.
Así como Jesús no actuó por su cuenta, sino en completa unidad con el Padre, nosotros también debemos aprender a vivir en comunión con Él, escuchando su mensaje y siendo instrumentos de su paz. Que esta breve reflexión nos impulse a vivir con un propósito claro: ser enviados por Dios para cumplir su voluntad, con humildad, amor y fidelidad.
Hna. Isabel Górriz, d.e.i.c.