miércoles, 7 de marzo de 2012

Transfiguración


Ahora que no hay novedad en nuestra vida
ni en los caminos de la historia,
ni en nuestra memoria personal y colectiva,
es tiempo de reflexionar y ahondar
en todo lo que llevamos a cuestas,
y en las zonas yermas del mundo
y de las entrañas nuestras.


Ahora que tu palabra rompe nuestros planes
y el horizonte se nos nubla y cierra,
y en los caminos se mezclan tantas huellas,
es tiempo de hacer silencio,
de olvidar los tristes sentimientos
y acoger tu insólita propuesta
de subir contigo a la montaña.

Y una vez en el monte,
dejar que se enciendan
esas luces que nunca engañan
y que transforman la vida con solo presentirlas:
la luz, el fuego, los profetas,
la palabra, la brisa, la nube de gloria,
y la cercanía de Dios en tu carne humana.

Y después, bajar de nuevo a las sendas
para andar a ras de tierra
y convivir con tanta vida rota
que necesita compañía y misericordia;
y así, llevar en las entrañas
la experiencia de tu amistad y gloria
aunque el horizonte siga a oscuras.

Porque en esta historia Tú siempre estás
rondando nuestra espera
o esperando nuestra llegada
a las zonas marginadas de la vida y de la historia.
¡Qué gran horizonte y tarea, para no aburrirnos
y recrearnos en esta época triste y oscura!
¡Vamos a encontrarnos, Señor, en esta tierra!
    
 Florentino Ulibarri