miércoles, 25 de marzo de 2015

La Anunciación del Señor



María en la Anunciación
 
- Pablo VI y Juan Pablo II  -




Anunciación - Fra Angélico O.P.

 Pablo VI: Constitución Dogmática "Lumen Gentium" sobre la Iglesia


56. El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contribuirá a la vida. Lo cual vale en forma eminente de la Madre de Jesús, que dio al mundo la vida misma que renueva todas las cosas y que fue adornada por Dios con dones dignos de tan gran oficio. Por eso, no es extraño que entre los Santos Padres fuera común llamar a la Madre de Dios toda santa e inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura. Enriquecida desde el primer instante de su concepción con esplendores de santidad del todo singular, la Virgen Nazarena es saludada por el ángel por mandato de Dios como "llena de gracia" (cf. Lc 1,28), y ella responde al enviado celestial: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Así María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús, y abrazando la voluntad salvífica de Dios con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a sí misma, cual, esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención con El y bajo El, por la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, los Santos Padres estima a María, no como un mero instrumento pasivo, sino como una cooperadora a la salvación humana por la libre fe y obediencia. Porque ella, como dice San Ireneo, "obedeciendo fue causa de la salvación propia y de la del género humano entero". Por eso, no pocos padres antiguos en su predicación, gustosamente afirman: "El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe" ; y comparándola con Eva, llaman a María Madre de los vivientes, y afirman con mayor frecuencia: "La muerte vino por Eva; por María, la vida".


Anunciación Fra Angélico O.P.

Juan Pablo II: Enciclica "Redemptoris Mater" 

 7. « Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo » (Ef 1, 3). Estas palabras de la Carta a los Efesios revelan el eterno designio de Dios Padre, su plan de salvación del hombre en Cristo. Es un plan universal, que comprende a todos los hombres creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gén 1, 26). Todos, así como están incluidos « al comienzo » en la obra creadora de Dios, también están incluidos eternamente en el plan divino de la salvación, que se debe revelar completamente, en la « plenitud de los tiempos », con la venida de Cristo. En efecto, Dios, que es « Padre de nuestro Señor Jesucristo, —son las palabras sucesivas de la misma Carta— « nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus « hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos agració en el Amado. En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia » (Ef 1, 4-7). 

Anunciación - Fra Angelico O.P.
El plan divino de la salvación, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de Cristo, es eterno. Está también —según la enseñanza contenida en aquella Carta y en otras Cartas paulinas— eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la « mujer » que es la Madre de aquel, al cual el Padre ha confiado la obra de la salvación.19 Como escribe el Concilio Vaticano II, « ella misma es insinuada proféticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres caídos en pecado », según el libro del Génesis (cf. 3, 15). « Así también, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emmanuel », según las palabras de Isaías (cf. 7, 14).20 De este modo el Antiguo Testamento prepara aquella « plenitud de los tiempos », en que Dios « envió a su Hijo, nacido de mujer, ... para que recibiéramos la filiación adoptiva ». La venida del Hijo de Dios al mundo es el acontecimiento narrado en los primeros capítulos de los Evangelios según Lucas y Mateo.
8. María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través de este acontecimiento: la anunciación del ángel.


domingo, 15 de marzo de 2015

Ejercicios Espirituales para Matrimonios (y III)



13-15 Marzo 2015

Notas sobre la tercera jornada

Y como colofón, el domingo. Una mañana para buscar a Dios “en la ciudad”.


Teniendo como base los números 71 a 75 de la Encíclica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco, debemos estudiar los signos del tiempo que nos ha tocado vivir, para reconocer, interpretar y elegir las “mociones del buen espíritu, las luces y gracias que Dios nos envía”. Necesitamos reconocer la ciudad desde una mirada “contemplativa”, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en los hogares, en las calles, en las plazas, ya que la presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Esa presencia de Dios existe, lo que nos falta es descubrirla, desvelarla, ya que Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa.

Vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los desafíos como fermento testimonial, en cualquier ciudad, en cualquier cultura, mejora al cristiano y fecunda la ciudad.

La proclamación del Evangelio en todos los ambientes de la ciudad será una base para restaurar la dignidad de la vida humana, porque “Jesús quiere derramar en las ciudades vida en abundancia”.
                                                                                                
                                                                                                A.-J. R.H.



ORACION DE UNA PAREJA CAMINANTE

                                Señor, Padre nuestro:
                                Te bendecimos por llevar en tus manos
                                nuestras luchas y nuestro amor.

                                Ayúdanos a cumplir con paz nuestra misisón.
                                Ven a compartir nuestra vida e inquietudes.
                                Ayúdanos a cuidar a nuestros hijos,
                                y a mostrar tu amor, en nuestra familia.

                                Danos fuerzas en los desalientos.
                                Comparte también nuestras alegrías.
                                Y bendice nuestro amor. AMEN.

             
                                                                                   Scalacoeli. Marzo. 2015



sábado, 14 de marzo de 2015

Ejercicios Espirituales para Matrimonios (II)



13-15 Marzo 2015
Notas sobre la segunda jornada

Un sábado muy completo, mañana-tarde-noche.

La mañana giró en torno a cuatro palabras. Las tres primeras en relación mutua: cercanía, misterio y sencillez.

            El sacramento del matrimonio es cercanía a Dios: “Dios creó al hombre a su imagen: hombre y mujer los creó”. En la unión conyugal, el hombre y la mujer expresan el rasgo divino de la reciprocidad y de la comunión, de una vida plena y complementaria, gracias a la presencia de Dios. Un matrimonio es comunión del amor de Dios con nosotros.

           Dios con la humanidad establece una relación conyugal, y dentro de sí vive como una familia. Y es justamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia, donde caben muchos más. Los esposos, por la presencia de Dios, son investidos de una verdadera y propia misión, para que puedan hacer visible el amor imposible, dando vida, cuidando y haciendo feliz al otro.

           Y este diseño de Dios, se realiza en la sencillez y fragilidad humana; sabiendo de las dificultades y pruebas que se presentan a lo largo de la vida de los esposos, ya que la condición humana es así. Pero, en ella, por el Sacramento del matrimonio, el hombre le puede decir a la mujer, y la mujer al marido: “tú eres la primera presencia de Jesucristo para mí, de su amor personal, de su perdón, de su ternura…., y yo lo soy para tí. Juntos lo somos para nuestros hijos, para cuantos nos rodean, para el mundo”.

Y la cuarta palabra de la mañana: la soledad.  En el Génesis se recoge que “no está bien que el hombre esté solo”, pero también es verdad que es necesaria una soledad, positiva y habitada, para poder amar y convivir en libertad.
La necesidad de cercanía se vive a la vez que la necesidad de distancia y soledad. El camino conyugal se recorre mejor cuando es correcta esa relación cercanía-distancia. La fe es un paliativo para los momentos de soledad, de parálisis. Con Jesús puedo mirar de frente “mi soledad”, bien sea la negativa (para paliarla), bien sea la positiva (para llenarla).



Y por la tarde, dos palabras más: cuidado y custodia. Dos términos que se complementan.

Cuidar/custodiar es:
·              + Estar atentos a los propios sentimientos, al propio corazón, a la propia persona.
  + Es preocuparse por cada uno con amor y especialmente por los pequeños, los débiles, los mayores. 
  + Es preferir la familia, el cónyuge, para que puedan ser eficaces cuidadores de otros más débiles. 
  + Es vivir con sinceridad las amistades. Es un recíproco protegerse en la confianza, el respeto, el bien.
 
Y tres palabras que también expresan el cuidado: permiso (para no ser invasores en la vida del otro, respeto a lo diferente), gracias (reconocer lo que el otro ha hecho por mí, lo bueno que tengo por él) y perdón (porque todos nos equivocamos, para poder convivir con lo diferente).

Después de todo ello, se dio paso al momento del diálogo en pareja y el perdón mutuo.

Finalmente, la noche: un ameno y esclarecedor diálogo entre todos los participantes, en torno a varias de las cuestiones que se han planteado como paso previo al próximo Sínodo de los Obispos



A.-J. R.H.

viernes, 13 de marzo de 2015

Ejercicios Espirituales para Matrimonios (I)



13-15 Marzo 2015


Notas sobre la primera jornada

Un año más, Scala Coeli recibe y acoge a un nutrido grupo de matrimonios que llegan dispuestos, unos a llenar sus alforjas porque las traen vacías, y otros a vaciar el contenido que traen dentro de ellas, para también llenarlas. Llenarlas de Dios.

 En esta tarde del viernes, el P. José Antonio Segovia les/nos da la bienvenida a esta Casa, a la casa de Dios, a la nuestra, a la de nuestro corazón.

Y, nada más llegar, nos hacer darnos cuenta que cada pareja, algunas ya bien veteranas y otras todavía “en luna de miel”, traemos la “gracia del matrimonio”.

A continuación nos va mostrando, a modo de esquema que se va a ir desarrollando en las siguientes jornadas, qué aspectos del matrimonio vamos a tratar en este retiro: en estos días de oración, silencio y diálogo, vamos a tener la oportunidad de cuidar mejor nuestra vida espiritual personal y de pareja. Nos recuerda el P. Segovia las palabras del Señor:”¡No es bueno que el hombre esté solo!”, pero sí es necesario que cuidemos el espacio de intimidad que se vive en la soledad. Una soledad que ayude a nuestra relación de pareja.

Y también vamos a tratar el aspecto o vocación de ser cuidadores y custodios de la pareja y la familia: ¿en qué necesito ser cuidado y cómo necesito cuidar al otro y a los más débiles de la familia?

Celebraremos el perdón en pareja y en comunidad y, asimismo, tendremos tiempo de dialogar sobre cuestiones actuales del matrimonio y la familia.

Finalmente, el P. José Antonio nos manifiesta que, teniendo como base la Encíclica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco, nos ofrecerá una pistas para seguir buscando a Dios en el corazón de la “ciudad” (¿qué o  quién nos ayuda a encontrar a Dios en la calle y en la casa?).

Y todo lo anterior, y como en años anteriores, teniendo una serie de figuras y personas del Evangelio como referentes para cada uno de los temas antes esbozados. En esta ocasión, el P. Segovia nos manifiesta que trataremos a personas anónimas y sencillas, figuras que no tienen ningún papel de protagonistas, sino más bien de “extras” del Evangelio, pero de las que podremos aprender a ser mejores cristianos y a vivir nuestra fe en la realidad de ciudad, de la calle y de la casa.

A.-J. R.H.