martes, 24 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (II)

 


Hablar con Dios y de Dios para la salvación

 

 “¿Quién será capaz de dar a conocer por completo la virtud de este hombre? Podemos admirarla, y a la luz de su ejemplo apreciar la flojedad de nuestro tiempo. Poder lo que él pudo no está al alcance de las fuerzas humanas, sino que es una gracia única de Dios.

Sigamos hermanos, en la medida de nuestras posibilidades, las huellas paternas, y a la vez demos gracias al Redentor, que nos ha dado a sus siervos en este camino por donde vamos, un semejante jefe, y nos ha regenerado por medio de él para entrar en la luz de este género de vida.

Pidamos al Padre de las misericordias que, conducidos por el Espíritu por el que obran los hijos de Dios, merezcamos llegar también nosotros a la misma meta de perfecta felicidad y sempiterna bienaventuranza, en la que ha entrado ya él, feliz por toda la eternidad, con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo.”

Así se expresa fr. Pedro Ferrando, op, uno de los primeros biógrafos de Santo Domingo, tras la muerte de éste en 1221.

De Santo Domingo se dice que primero “habla con Dios” para después “hablar de Dios”. Y todo ello con el ansia de la salvación del mayor número de personas que, o no conocían al Señor o estaban equivocados en la forma de conocerlo, por culpa de las herejías.

Eran conocidas por sus hermanos las muchas noches que Domingo se dedicaba al diálogo-oración con el Señor; incluso, cuando iba de camino con ellos, su tema era siempre lo que denominaba la “salvación de las almas”. Y esto mismo llevaba a cabo en su relación con las personas, bien por medio de la predicación o entregándose al ejercicio de obras de caridad.

Pero, en todo caso, manteniendo la alegría en las actividades de cada día, dedicando sus fuerzas en tal empeño, disfrutando de las oportunidades que se le presentaban para la salvación; abriendo su corazón a la gente, toda buena, que se encontraba; con los ojos y oídos abiertos para conocer mejor las miserias humanas, y con el mejor talante, y la ayuda de los ejemplos de la vida de Jesús, conseguir llegar al corazón y al alma de los que iba encontrándose. Y siempre con ese amor auténtico que hace surgir la fuerza de la audacia, la osadía y el atrevimiento para ser verdadero colaborador en la grandeza de la Creación.

Para conseguir alcanzar esa dimensión trascendente de la vida que es la belleza, no sólo material sino también espiritual, lo que Dios ha creado y puesto al servicio del hombre, desde la propia naturaleza hasta ese corazón sensible que se emociona, que ríe y llora, que siempre está dispuesto al amor a Dios y a nuestros semejantes, sobre todo los más necesitados.

(Sobre textos de fr. Miguel Angel Vilchez, op)

 

 

De la vida de Santo Domingo: diálogo con hospedero cátaro en Tolosa

 

Aconteció que el rey Alfonso VIII había encargado al Obispo de Osma, en 1203, la misión de dirigirse a Dinamarca a pedir la mano de una dama de la nobleza para su hijo Fernando. Los monarcas europeos, en aqulla época, solían establecer alianzas matrimoniales con estirpes regias de diferentes reinos.

El Obispo acepta y como compañero de viaje lleva a Domingo, por aquel entonces canónigo de su catedral. Al pasar por Francia, llegados a Tolosa, Domingo quedó muy preocupado al advertir que los naturales de la región estaban echados a perder desde hacía tiempo por el contagio de las herejías cátara y valdense, conmoviéndose en el alma y compadeciéndose de ellos por su muy penosa situación.

En la misma noche en que fue recibido en la hospedería de dicha ciudad, Domingo mantuvo con calor y firmeza una larga conversación con el hospedero, que era hereje. Impulsado por su formación teológica e intenso amor a Cristo, Domingo no pudo entregarse al descanso nocturno. Tanto es así que el resultado del diálogo entre Domingo y el hospedero fue que éste no se pudo resistir por más tiempo a la sabiduría y al espíritu con que le hablaba Domingo, convenciéndolo, tanto por su modo afable de persuadir, como por la irrefutable conexión de sus argumentos.

 

(Basado en el texto “Narración sobre Santo Domingo” (1256) – Humberto de Románs)



ORACIÓN.

 

Santo padre Domingo,

que siempre “hablabas con Dios o de Dios”.

Nos dirigimos a ti,

para que nos obtengas la gracia

de comprender la voluntad del Señor

y la fuerza de sentir sus caminos.

Te confiamos esta Familia que iniciaste,

y te pedimos por ella, por su presente y su futuro.

Intercede por todos los que queremos seguirte

alabando a Dios nuestro Padre,

bendiciendo a todos los hombres

y predicando la Buena Noticia de Jesús, el Señor.

Confiamos en tu ayuda, la que nos prometiste,

Santo Padre Domingo,

y la de todos los intercesores de la Orden. Amén.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


lunes, 23 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (I) Presentación

 



EN MAYO SE DERRAMA EL “OLOR DEL CARISMA DOMINICANO”

 

A comienzos de este año 2022, y concluyendo la Celebración del Octavo Centenario de la muerte de Santo Domingo, nos hacíamos esta pregunta: ¿Qué nos va a quedar como gracia de este  Año Centenario?

Ahora, en el mes de Mayo, en el que recordamos la Traslación de su cuerpo, su obrar milagroso con la fragancia de su espíritu y el recuerdo del proceso de su canonización, nos volvemos a plantear ¿Cómo está presente hoy Santo Domingo?

 La Fiesta de la Traslación del Cuerpo de Santo Domingo, que celebramos el 24 de Mayo, siempre nos ha invitado  hacer un examen de nuestra Vida y nuestra Misión, dándola a conocer para que otros se enriquezcan con  ella. 

            1.  Recordemos los hechos de ayer: 

Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado su santidad  por multitud de milagros, obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Con todo, una nube cubría los ojos de los hermanos y mientras que el pueblo exaltaba a su Fundador, ellos, sus hijos, en vez de preocuparse por su memoria parecían trabajar en oscurecer su brillo. Se dio el caso de que creciendo el número de Hermanos, se vieron obligados a demoler la vieja iglesia de S. Nicolás para edificar una nueva, y quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies.

 Este espectáculo conmovió a alguno de ellos, que deliberaban entre sí sobre la manera de trasladar aquellas preciosas reliquias a un sepulcro más conveniente. Para ello, consultaron al Papa Gregorio IX, el cual,  les reprochó haber descuidado por tanto tiempo el honor debido a su Padre. Y les dijo: Yo conocí en fr. Domingo a un hombre seguidor de la norma de vida de los Apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que ellos tienen en el cielo. Y  hasta quiso asistir en persona al traslado; mas, impedido por los deberes de su cargo, escribió al arzobispo de Ravena que fuese a Bolonia para asistir a la ceremonia.

 Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia. Estaban en la ciudad el arzobispo de Rávena, obedeciendo a las órdenes del Papa, y los obispos de Bolonia, Brescia, Módena y Tournay. Todo el pueblo estaba en expectación. No obstante, los Hermanos estaban intranquilos porque temían que el cuerpo de Domingo, expuesto largo tiempo a la lluvia y al calor, apareciese comido de gusanos, exhalando un olor que disminuyese la opinión de su santidad.

 El 24 de mayo, lunes de Pentecostés, antes de la aurora, el arzobispo de Rávena y los demás obispos, el Maestro General con los definidores del Capítulo, los ciudadanos, tanto de Bolonia como de las ciudades vecinas, se reunieron, en torno de la humilde piedra que cubría hacia doce años los restos de Santo Domingo. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto: era un aroma que nadie pudo comparar a cosa conocida, que excedía a toda imaginación. El arzobispo, los obispos y cuantos estaban presentes, cayeron de rodillas, llorando y alabando a Dios. Luego escribiría el beato Jordán: ”También nosotros experimentamos la mencionada fragancia, y testificamos cuanto hemos visto y sentido. Aquella dulzura disipaba el malestar, aumentaba la devoción, suscitaba los milagros. Si se tocaba el cuerpo con la mano, la correa o cualquier otra cosa, permanecía el olor por largo tiempo adherido a ellos “ (Orígenes de la Orden. BAC 127).

 2.  Proceso de canonización de Santo Domingo.

 Los milagros que habían acompañado el traslado del  cuerpo de Santo Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más el asunto de su Canonización. Por una carta del 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida a tres eclesiásticos eminentes. Se oyeron veintiséis testigos, y más de trescientas personas respetables confirmaron con juramento todo cuanto aquellos testigos habían dicho sobre las virtudes de Domingo y los milagros obtenidos por su intercesión. Enviadas a Roma las declaraciones de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX deliberó con el Santo Colegio. Un autor contemporáneo refiere que dijo en esta ocasión: hablando de santo Domingo: “No dudo más de su santidad que de la de los apóstoles Pedro y Pablo”. Consecuencia de todos estos procesos fue la bula de canonización, expedida en Rieti el 3 de julio de 1234.

3.     Actualidad y vigencia de esta Fiesta y el aroma de este Carisma.

 Cada año en torno a esta fiesta, como si también se tratase de otro Pentecostés, podemos expresar y compartir lo que del espíritu y personalidad de Santo Domingo tenemos los frailes, las monjas, las religiosas y los laicos.

 Por eso, mediante el Blog de Scala Coeli, vamos a ir recogiendo el testimonio de hermanos y hermanas de esta Familia, actualizando así nuestro Carisma, e invitando a otros cristianos a formar parte de esta Vida-espiritualidad. Y Misión evangelizadora que hacen presente a Santo Domingo. Con estos testimonios, queremos agradecer a Dios el don de Nuestro Padre, y al conocerlo, amarlo y orarlo, dando así respuesta a la pregunta inicial: ¿Cómo está presente hoy Santo Domingo en la misión de la Iglesia?

 Porque estoy convencido de que el Domingo de ayer, tiene que ser el dominico y la dominica de  hoy.                                           

                                                                                          Fr. José Antonio Segovia, o.p.

 

ORACION.

Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que en tu Hijo nos elegiste y predestinaste

para que fuésemos alabanza de tu gloria

en la Casa de tu hijo Domingo;

te damos gracias por los dones recibidos en su familia.

Y te pedimos nos lleves con él a su mismo destino

para recibir y entregar la fragancia de la santidad,

predicando y entregando el Evangelio de la gracia. Amén.