sábado, 11 de febrero de 2017

San Álvaro 2017: Capilla, imágen y peana




CAPILLA, IMAGEN DE SAN ÁLVARO Y PEANA







 Al morir San Álvaro (1430), fue sepultado a ras de tierra en el lugar que en aquel entonces era la capilla capitular del convento.

   Posteriormente, a finales del siglo XVI, el Obispo de Córdoba, Fray Martín Mendoza, dominico, decidió construir una capilla a San Álvaro: la existente actualmente, siendo pues ésta la pieza más antigua del Santuario de Sto. Domingo.

   En 1614, el doctor Alonso de Miranda, chantre de la catedral de Córdoba, mandó labrar un arca de madera, con bajorrelieves, y en ella se colocaron los restos de San Álvaro; una rejilla permite verlos. Y encima de la urna, el busto de San Álvaro en hábito de dominico, de esa misma época. Todo ello ha sido siempre considerado, después del santísimo Cristo de Scala Coeli, como el mayor tesoro de este santuario.

  Dicho busto, de autor desconocido, está realizado en soporte de madera. La técnica, talla policromada; y sus medidas: 67 x 68 x 44 cm.



viernes, 10 de febrero de 2017

La mesa de la Palabra: Luz y palabra




Luz y palabra




En otros espacios de este blog se hace presente fray Álvaro de Córdoba con todo lo que su legado evangelizador merece. Sirva esto de razón por la ausencia de su nombre en esta página. Porque en la nómina de febrero, no deben pasar inadvertidos dos frailes predicadores de singular relevancia dominicana y eclesial. Fray Jordán de Sajonia (1176-1237; 13 de febrero) que a sus treinta y dos años sucede a Santo Domingo de Guzmán en el gobierno de la Orden y tras fundar, y animar, más de doscientas cuarenta comunidades pasó a la otra orilla al hundirse el barco en el que regresaba de visitar las nuevas comunidades de Oriente Medio. Y Fray Juan de Fiésole (1395-1445; 18 de febrero), más conocido por Fra Angélico, predicador de la luz con las prodigiosas imágenes de su pincel.

Proverbial fue el vigor y entusiasmo de la Palabra que predicaba fray Jordán, como el cariño que rezuman todos los apuntes que nos ha dejado de Santo Domingo de Guzmán. Asimismo es notorio recordar el embeleso que en los jóvenes de su tiempo obraba su predicación y amor a la Orden.

De Fra Angélico cantamos su lirismo teológico y el prodigio elocuente de su pincel a la hora de predicar a Cristo desde la luz. Su predicación pictórica huye de estridencias y transmite bonanza espiritual, emanada sin duda de una intensa vida contemplativa.

Uno y otro, predicadores del evangelio y servidores de la Gracia del Dios con nosotros.

Fr. Jesús Duque OP.

martes, 7 de febrero de 2017

San Álvaro 2017: Ejemplo de fortaleza y ternura




San Álvaro: Ejemplo de fortaleza y ternura.




Con la Misa celebrada en la Plaza de San Pedro, el  19 de Marzo de 2013, solemnidad de San José, se inició el Ministerio petrino del Papa Francisco.

En la homilía que dirigió a la multitud asistente y a todos los fieles católicos les manifestó  que “no debemos tener miedo de la bondad, de la ternura; que la ternura no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, capacidad de amor”.

Y estas palabras me han hecho recordar inmediatamente el episodio del pobre que es recogido en el camino por  San Álvaro y llevado a hombros hasta el convento de Scala Coeli, siendo así que cuando llegó a la puerta del convento y salieron sus hermanos a recibirlo, se dieron cuenta que a quien San Álvaro traía a hombros era al mismo Cristo crucificado.

Aunque separados por el tiempo, vemos que la enseñanza que nos presenta el Papa Francisco en su homilía, no sólo son unas bellas palabras teóricas, sino que se pueden llevar y se han llevado en diversas ocasiones a la práctica; siendo una de esas ocasiones el ejemplo antes referido de San Alvaro.

En San Alvaro se cumplen también las palabras  que el Papa Francisco dirigió a los Cardenales cuando los recibió en la mañana del viernes 15 de Marzo, manifestándoles que “todos juntos,… pastores y fieles, nos esforzaremos por responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre, y conducir al hombre al encuentro con Jesucristo”. De todos es  conocida la labor realizada por San Alvaro y sus compañeros del convento de Scala Coeli. Partiendo de la oración litúrgica, de la oración privada, del estudio y de la predicación, pronto San Alvaro convierte Scala Coeli en una casa de espiritualidad y oración y en un “studium conventuale”, con sus aulas, su cuadro de profesores y alumnos, con el fin de dar cumplimiento a lo que tantas veces repetía Santo Domingo a sus frailes:  hablar a Dios de los hombres y a los hombres de Dios.

San Alvaro, con palabras de otro gran dominico, el padre Alvaro Huerga,  hizo de Scala Coeli una laboriosa colmena de oración y estudio; una “scala” que sube al cielo para empaparse de Dios y bajar al mundo para predicar sus maravillas y partir su palabra.

(Extracto del artículo escrito por Antonio-Jesús Rodríguez Hernández en la Revista Escala Romera. Abril 2013)