viernes, 3 de febrero de 2017

La mesa de la Palabra: El don de predicar




El don de predicar

Ninguna de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española recoge el núcleo carismático del vocablo predicar, ni siquiera la segunda de ellas que reza pronunciar un sermón. Porque la predicación como gracia no se encierra en los cánones de la elocuencia humana ni se ata siempre a dictados estéticos propios de cada momento, aunque los unos y los otros visten bien siempre el mensaje a transmitir. Predicar es, por encima de todo, hacer gala de convicciones evangélicas, de implicaciones creyentes, de confianza en el mensaje a transmitir, cuyo origen solo puede ser la verdad evangélica que mana de la misma Palabra encarnada.

Sermonear no es predicar, está claro, porque un sermón lo puede pronunciar cualquiera; sí, basta con preparar materiales de uno u otro sitio, incluso de internet, y se pronuncie con cierta galanura, incluso si lo dice un no creyente. Pero predicar el mensaje de Cristo solo lo puede hacer un creyente, una persona fascinada por el Evangelio del Señor Jesús, alguien que sigue y cree el Evangelio que predica, por encima de las propias debilidades.

Predicar requiere haber visto y oído, contemplar y dar lo contemplado, adquirir en el seguimiento del Maestro la condición de testigo creíble, de buscador de la verdad, de criatura que ha sufrido en sus propias carnes la transparencia y fuerza transformadora del Evangelio. Porque predicar, a fin de cuentas, es dejar que la Palabra campe por sus fueros, aunque sea violentando los huesos del predicador y cambiando el horizonte de esperanza y de gracia del que escucha la predicación.    

Fr. Jesús Duque OP.

jueves, 2 de febrero de 2017

San Álvaro 2017: El cielo de Escalaceli





El cielo de Escalaceli






El cielo de Escalaceli

es de belleza infinita.

¡Está forrado de estrellas

Que en noches claras nos miran!



Y nos cuentan sus historias

de bellezas y armonías.

¡Son las joyas más preciadas

que luce la serranía!



Jamás un cielo tan limpio,

ni más noches estrelladas,

ni una luna que jugando

te espera a la madrugada.



Las estrellas en silencio

a los olivos pedían,

que dejaran alumbrarles

hasta que llegara el día.



Y a ese niño que su abuela

al volver de Escalaceli

esta historia allí soñaba

una y mil veces decía:



Las estrellas tan brillantes,

temblorosas y bonitas,

son agujeros del cielo

por donde la luz se filtra.



El cielo que tú y yo vemos

es el que Dios siempre habita;

el niño se emocionaba

y por favor le pedía:



“Abuela, sigue contando

esa  historia tan bonita

del cielo de Escalaceli”

¡La abuela se enternecía…!



Y su nieto entre sus brazos

embelesado decía:

llévame a mi a Escalaceli

a ver, esa maravilla.



 (Parte del poema escrito por Pepita Casquete, publicado en la Revista Escala Romera. Abril 2009)

miércoles, 1 de febrero de 2017

San Álvaro 2017: Turismo interior y exterior en Scala Coeli



Turismo interior y exterior en Scala Coeli





San Agustín en sus Confesiones (8, 10, 15) señala que “las familias salen a hacer turismo para admirar las crestas de los montes, el oleaje precioso de los mares, el fácil y copioso curso de los ríos, las revoluciones y giros de los astros, y sin embargo se pasan de largo así mismos. No hacen turismo interior”.

En Scala Coeli, se dan en demasía las condiciones para practicar ambos turismos a que se refiere San Agustín.

En cuanto al exterior y material, el paisaje donde se asienta Escalaceli, es un dechado de belleza y colorido difícil de plasmar en un lienzo como muy bien apunta D. Antonio Ortega Serrano, pregonero de la Romería de Santo Domingo en el 2003: “Esta colina sembrada de vides y frondoso olivos, circuncidad de arroyos y quebrada, separada de toda comunicación y semiescondida en el corazón de la sierra, satisfizo a Álvaro, ya que además de ser el lugar adecuado, estaba seguro que había sido elegido por Dios nuestro Señor”.

La visita a este Santuario, forma parte de este turismo. Se puede admirar su legado histórico y religioso de más de 500 años, su bellísima capilla que la fe de los cofrades la compara con la Capilla Sextina, su retablo … Y dentro de ambos turismos también podemos encuadrar su Vía Crucis y su Romería al Santuario; dos acontecimientos para deleitar los sentidos y turísticamente muy destacables.

En cuanto al turismo interior, el Santuario y todo cuanto le rodea, con sus famosas ermitas, senderos, asientos privilegiados … invita al viajero a abstraerse en su vida interior y ponerse en comunicación con Dios.

(Extracto del artículo escrito por Joaquin López Ortíz, en la Revista Escala Romera. Abril 2013)