viernes, 7 de septiembre de 2012

Para tí



Señor,
Tú eres infinitamente grande,
y no hay ninguna alabanza
que pueda hacerte justicia.

Sin embargo,
yo, un hombre,
yo, esta pequeñez que Tú has creado,
me atrevo a cantar tu alabanza.
 

Y eres Tú, Dios mío,
quien me inspira este deseo.
Eres Tú quien me proporciona
una misteriosa alegría,
cuando proclamo tus maravillas.

Nos has creado para Ti
y nuestro corazón
no descansará en paz
mientras no repose en Ti.

San Agustín