RECOMENZAR,
PARA RENACER EN NAVIDAD
El camino de la Fragilidad encuentra luz, sentido y descanso en Navidad. “Encontrareis
un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2,12). ¿Puede
haber mayor fragilidad que ésta? Y en ella,
resuena claramente el mensaje de la Navidad: Ha aparecido la gracia
de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Ella nos enseña a
renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en
el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando nuestra
bienaventurada esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y
salvador Jesucristo. (Tit 2,11-13). La Navidad es la Encarnación de
Dios en nuestra humanidad frágil, que nos permite empezar a vivir, a creer, a
amar y a luchar de nuevo.
1.
En Navidad, somos regenerados: Volvemos a empezar
en la fragilidad de un Niño.
Para ser regenerado se requiere un
Padre. Recomenzar, no se hace. Se recibe. Dejarnos trabajar por Dios, estar con
Él y dejarlo operar. La vida es una serie interminable de inicios. Volver a
empezar parece difícil. Tras un fracaso o una dura prueba, se puede llegar a
pensar que recomenzar es ya imposible. Pero recomenzar es posible siempre. Un
arte que exige humildad y unos pies que caminen en la realidad. Un recorrido existencial y espiritual de
regeneración y discernimiento, siguiendo los seis días del relato de la
creación, conjugando así la Palabra de Dios con nuestra propia vida, que a
menudo necesita una nueva creación que reconstruya la propia existencia.
2.
En
Navidad, Dios renace en lo pequeño. Ha aparecido
nuestro Dios y Salvador Jesucristo.
Cada vez
que nuestra historia conozca el infierno, aquel momento será también el único
en que podremos hacer experiencia de Dios, porque su gracia, habiéndonos
precedido, estará ya allí esperando abrazarnos.
Dios quiere que todos los hombres se salven, porque están extraviados:
el infierno es el único lugar de posible salvación. El infierno es el lugar
habitual que todos experimentamos cuando pecamos, cuando nos enfrentamos con
nuestros límites, en una situación
difícil donde no nos entendemos.
3.
En
Navidad, volvemos a escuchar a
Dios, Encarnado en la fragilidad de un Niño
Todos los límites que nos vengan a la
mente, físicos, interiores, históricos, materiales, afectivos, puedo mirarlos
en Jesús. Y contemplar su aspecto. Y decirle: Amén. Este soy yo, estas son mis
fragilidades. En esto me parezco a ti, mucho más que en mis cualidades de
pacotillas. En mis pobrezas estoy cerca de ti. Así contemplaba Fr. Luis de
Granada el pesebre.
¿Cómo se mudó el cielo en
el pesebre? ¿Creo cierto todo lo criado acostado en un pesebre de bestias? El
Señor, dice el Profeta (Salm. 10,5) está en su santo templo, el Señor tiene en
el cielo su silla. Pues, ¿cómo se trocó el templo por el establo?
Aquí aprenderás humildad de corazón, aquí menosprecio
del mundo, aquí aspereza de cuerpo y aquí aquella desnudez y pobreza de
espíritu tan celebrada en el Evangelio. Sabía muy bien este médico y maestro
del cielo cuánta paz e inocencia mora en la casa del pobre de espíritu y
cuántas guerras y desasosiegos y cuidados trae consigo el desordenado amor de
las riquezas, y por esto luego, desde la cuna del pesebre, como de una cátedra
celestial, la primera lección que leyó y la primera voz que dio fue condenando
la codicia, raíz de todos los males, y engrandeciendo la pobreza ,y la
humildad, fuente de todos los bienes.
Esto nos predica aquel pesebre,
aquellos pañales, aquella pobre casa, y aquel establo. ¡Oh dichosa casa! ¡Oh
establo más glorioso que todos los palacios de reyes, donde Dios asentó la
cátedra de la filosofía del cielo, donde la palabra de Dios, enmudecida, tanto
más claramente habla cuanto más calladamente nos avisa! Mira, pues, hermano, si
quieres ser verdadero filósofo, no te apartes de este establo, donde la palabra
de Dios, callando, llora; mas este lloro es más dulce que toda la elocuencia de
Tulio y aún que la música de todos los ángeles del cielo.
¿QUIERES TU RECIBIR EL INJERTO DE DIOS EN LA FRAGILIDAD DE TU CARNE?
Si es así, ¿Estás dispuesto a recomenzar en Navidad?
1. ¿Permitir que en Navidad, la parte espiritual de tu
ser, te ayude a renacer para empezar de nuevo? ¡Ábrete a la presencia de Dios en ti, desde tu
fragilidad, por medio del silencio y la
pacificación!
2. ¿Reconocer y aprovechar tus recursos y riquezas
internos mediante la oración humilde? ¿Qué regalos has recibido de Dios este
tiempo, con los que hacer felices a los demás? Recuérdalos...
3. ¿A seguir las luces que te ha ofrecido el Espíritu
en este curso sobre la fragilidad,
desde el silencio, la oración y el
análisis espiritual? ¿Qué deseos
tienes hoy?
4. ¿A pedir la fuerza necesaria para aceptar los desafíos
que se te presentan y probar nuevas formas de vivir? ¿Qué oportunidades se te presentan para el futuro inmediato?
5. ¿Aprender a disfrutar de la soledad positiva y
reconocer en ella la Historia de la obra de Dios en ti? ¿Qué acontecimientos destacarías de tu vida en estos
momentos, en los que Dios te ha visitado? Señálalos.
6. ¿Perdonarte a ti mismo por los errores y frustraciones, y a los
demás por cuanto te han hecho sufrir? ¿Cómo llevas a cabo este perdón en tu vida?
7. ¿Transmitir a los demás la paz que hay en ti, el
amor que Dios te ha dado, y la aceptación de tu misterio como vida en confianza? ¿A quién te lleva
concretamente esto? ¿En quién piensas? ¿Con quién puedes contar?
8. ¿Hacer frente a las pérdidas, a las pruebas, con valor
y serenidad hasta aprender de ellas y encontrar al Dios vivo y verdadero? ¿Qué pérdidas te hablan de Dios? ¿Qué pruebas te
llevan a Él?
9. ¿Creer que todo en la vida tiene un significado y
un propósito, y se puede convertir en palabra de Dios? ¿Qué te dice Dios hoy del hecho de estar aquí
abordando este trabajo?
10. ¿Admitir que siempre
estás en el proceso de aprender y de crecer, de conocerte y aceptarte como Dios te ha hecho, te conoce y te acepta?
El camino espiritual nos lleva a cultivar nuestra capacidad para empezar
de nuevo y adquirir experiencias
positivas y constructivas para entregar nuestro ego, que nunca van a
ser completas sin la experiencia de una fe amorosa, de la que se benefician los
demás.
ORACION
Señor,
que en Navidad perciba la fragilidad de
Dios en nosotros. Y que en medio del frio, sea un tiempo de calor en el corazón
y en los hogares y de ternura desbordada en lo pequeño.
Señor,
que en medio del sufrimiento de las tensiones humanas, en medio de lloros,
despojos y vida desvalida, la Navidad sea un tiempo de paz y alegría, de
murallas abiertas y estrellas luminosas,
Señor,
que Navidad sea el desquite de Dios,
nuestro tiempo, el tiempo de todos, sin excluidos, pues todos somos
hijos de Dios, regenerados y recién nacidos.
Fr. José Antonio
Segovia. O.P.