jueves, 27 de febrero de 2020

El camino de la Cuaresma día a día. -1-


ITINERARIO  CUARESMAL  EN EL 2020
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios (2Cor 5,20)

PRIMERA PARADA .Con la mirada y el corazón en la Pascua. Eco a las palabras del Papa

       En Cuaresma, el Señor nos vuelve a conceder un tiempo de salvación, peparando el corazón para celebrar el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Un tiempo de sanación, en el que recibimos la medicina divina de la Palabra, la Oración y la Reconciliación.

         En este camino hacia la Pascua nos acercamos al Misterio de un Amor tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación que da la vida en abundancia. ¿Qué vida es esta?. ¿A qué me puede llevar?.
       
           En esta Cuaresma mira y contempla  los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate sanar y salvar una y otra vez. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer y sanar  una y otra vez.
          
              El Misterio Pascual, por el que recibimos la medicina de la  misericordia de Dios, no es un acontecimiento del pasado: es siempre actual y real como tambien lo son nuestras heridas, de tal manera que nos permita mirar y tocar con fe la carne herida  de Cristo, en mi y en tantas personas que sufren.

             Y en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto  (Os 2,16), a fin de poder escuchar la voz de nuestro esposo, para que resuenen en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. Y vivirla por medio de la oración. Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo,  para responder al Amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene.

          No dejemos pasar este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y modo de nuestra conversión a El. Lo que sí podemos hacer es aprovecha resta oportunidad para sacudir nuestra modorra.  El diálogo que Dios quiere entablar con todos los hombre mediante la entrega de su Hijo, es una riqueza para compartir, no sólo para guardar para mí mismo.. Sus heridas nos han curado. Poner el Misterio Pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes.

             Hoy sigue siendo necesario recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que en este camino cuaresmal  deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna como forma de sanar las heridas. Compartir con caridad hace el hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoismo.

Fr. José Antonio Segovia, O.P.

Santo Domingo adorando al Crucificado. Autor: Fra Angelico, OP





Salmo: "Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor".

Oración: "Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin".


Evangelio: San Lucas, 9, 22-25



MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2020
( I )

«En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20)

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.

1. El Misterio pascual, fundamento de la conversión

La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117). Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva. 

Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.
... ... ...





















miércoles, 19 de febrero de 2020

Festividad de Álvaro de Córdoba




Oh Dios, que adornaste a nuestro Álvaro de Córdoba con las virtudes de la caridad y de la penitencia; concédenos, por su intercesión y movidos por su ejemplo, llevar siempre en nuestro cuerpo la muerte de Cristo y en nuestro corazón el amor a ti, y que el ejemplo de su celo apostólico nos impulse a crecer cada día en gracia y santidad.

miércoles, 29 de enero de 2020

La Verdad, dialogada y compartida


“LA VERDAD, DIALOGADA Y COMPARTIDA”,
charla de Fr. Félix Hernández, op,
dentro del Aula de Espiritualidad Popular “Beato P. Posadas, op”, de Córdoba.



En la tarde de ayer, festividad de Santo Tomás de Aquino, se celebró en el Salón de Conferencias del convento de los Dominicos, en la Iglesia de San Agustín, de Córdoba,  la segunda de las charlas programadas para este curso dentro del Aula de Espiritualidad Popular “Beato P. Posadas, O.P.”, espacio de encuentro de la palabra, la escucha y el diálogo, puesto en marcha el pasado curso por los dominicos de Córdoba para tratar temas de actualidad desde un punto de vista espiritual y religioso. En esta ocasión Fr. Félix Hernández, op, miembro de la Comunidad de Santo Domingo de Scala Coeli de Córdoba, disertó sobre el tema “La Verdad, dialogada y compartida”.



En la primera parte del acto, Fr. Francisco J. Rodríguez Fassio, op, también de la Comunidad dominica de Scala Coeli, realizó una detallada presentación sobre la figura de Sto. Tomás de Aquino hoy, señalando que últimamente se está comenzando a conocer más y mejor la obra de Sto. Tomás, sobre todo en lo referido a sus comentarios de la Biblia y sus sermones, sin olvidar su ya conocida y muy comentada Suma Teológica. “Sto. Tomás es mucho más que la Suma Teológica. Hoy se le está redescubriendo como un gran evangelizador”. El P. Rodríguez Fassio definió a Sto. Tomás como un ser tremendamente afectivo, poeta, místico, un gran predicador, un hombre de su tiempo y viajero -tanto que incluso murió en camino-, muy interesado por la realidad, sobre todo por los “por qué, para qué y cómo de esa realidad”. Pero, principalmente fue un teólogo bíblico, un gran biblista, que intenta comprender y hacer comprender la Palabra de Dios recogida en la Sagrada Biblia, uniendo la teología, la espiritualidad, la moral, las cuestiones filosóficas y las sociales, señalando que, ante la realidad de Dios, del hombre y del mundo, lo principal es averiguar qué podemos saber y cómo podemos responder. Trata de huir de los compartimentos estancos y tener una visión total de la vida. Finalmente, destacó mediante diversos ejemplos la que denominó “modernidad” de Sto. Tomás.

A continuación cedió la palabra a Fr. Félix, no sin antes presentarlo como un teólogo con la pintura, con la palabra y con la acción pastoral, testigo y predicador de la Belleza, la Verdad y  el Bien, que son los otros nombres de Dios.

Fr. Félix, inició su intervención agradeciendo la presentación y la amplia asistencia a este acto, señalando que iba a tratar de traer al mundo de hoy, a nuestras vidas, a lo concreto, esa búsqueda de la Verdad de Sto. Tomás.

Tras presentar varias definiciones del término “verdad”, Fr. Félix explicó su significado desde la tradición cristiana, mencionando a quién más se refirió a la misma, San Juan a través de su Evangelio. “Pero Juan no llama nunca a Dios mismo como “la Verdad”, sino que Dios nos revela “Su Verdad”. Y esa “Verdad” que Dios revela es Jesucristo”.

Hoy la verdad es un tema muy discutido, parece que se ha extendido en nuestro mundo que no hay una sola verdad, sino que todo es relativo (“lo que hoy es verdad, ayer no lo era”, “la verdad de hoy puede que mañana no lo sea”). Parece que cada persona tiene su “propia verdad” y todas son igualmente válidas. Pero esto es peligroso y triste, ya que si cada uno se mueve y valora por una propia y aislada verdad, es imposible tener un ámbito común en el que relacionarse, encontrarse y construir juntos. Y así se presentan fenómenos como las “fake news” o noticias falsas, que a fe de repetirse mucho pueden llegar a ser tenidas como válidas y verdaderas.

Pero, frente a todo lo anterior, tampoco se puede pretender la imposición de una sola verdad, cerrada para todos e incapaz de acoger la pluralidad del ser humano.

Fr. Félix se pregunta “cómo podemos situarnos entonces los creyentes, sobre todo los católicos, frente a esto”. Para ser humanos, para convivir, para progresar, necesitamos encontrar ese espacio común donde todos podamos encontrarnos con nuestro propio bagaje, con nuestras culturas, tradiciones e historias, y con nuestros sueños. Y eso es “la Verdad”, una verdad común y objetiva, pero, eso sí, una sola Verdad, que no es poseída en absoluto por nadie, que ha de ser buscada y, además, en común. Y para los católicos, esa Verdad que Dios revela es Jesucristo. Él mismo nos lo dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y en la Verdad de Dios encontramos también la propia Verdad del ser humano. Jesús es la plenitud de esa revelación de Dios.

Jesucristo nos muestra esa Verdad de forma plena, pero nosotros –las personas- no cerramos la comprensión de esa Verdad, porque como seres humanos que somos, esa verdad la recibimos, compartimos y expresamos en categorías que son humanas y, por tanto, limitadas. Por eso debemos decir que ninguna persona está en posesión absoluta de la verdad. Si nadie la posee ni la encierra, es necesario por tanto buscarla permanentemente, y, además, esa búsqueda hay que hacerla con los demás, de un modo compartido. Es decir, una búsqueda de la verdad que necesariamente ha de ser dialogada y compartida. O como decía Fr. Timothy Radcliffe, o.p. “buscar la verdad es un acto de amor para llegar a aquellos que son diferentes y distintos a nosotros”.

Concretando lo manifestado anteriormente, Fr. Félix señaló que esa búsqueda de la verdad hay que hacerla a través del diálogo, el cual ha de tener una serie de características: ha de ser un diálogo total, es decir, un diálogo con todos, con el hermano, con el diferente, incluso con la sociedad que nos ha tocado vivir, con la cultura en la que vivimos y con las diferentes culturas que nos podemos encontrar; un diálogo con las realidades del dolor y el sufrimiento; un diálogo con toda la creación, ya que no podemos olvidar que la verdad se busca, exige nuestro esfuerzo y tiene que ser trabajada, pero, ante todo, se nos revela, se nos va ofreciendo por un Dios que se manifiesta en todo y en todos. Para la búsqueda de la verdad nos necesitamos todos. Y para ello necesitamos salir de la “propia tierra”, abandonar nuestras “propias seguridades”, lo que creemos saber y conocer, para acercarnos al otro con humildad, sin verlo como adversario, escuchándolo de verdad, tratando de no juzgarlo, de no rebatir lo que oímos, sino tratando de comprender, de acoger sus argumentos, su vida, su historia, con actitudes tales como la contemplación, el silencio, la comprensión y la misericordia.

Y otro elemento importante para la búsqueda de la verdad a través del diálogo es el conocerse a sí mismo, saber “quién soy”, saber qué elementos son renunciables y cuáles son esenciales, tener argumentos que ofrecer al otro, saber “lo que creo y por qué lo creo”. Y la mejor forma de saberlo es a través de la razón. La razón es parte de la fe, es parte de nuestro ser. Desde la razón también tenemos que amar. Si el amor sólo fuera sentimiento, sería inestable, caduco, cambiante. Sólo cuando la razón entra en el amor es cuando se puede construir algo sólido y definitivo. Por eso tiene que entrar la razón en la fe, porque la fe es una relación de amor, con Dios, consigo mismo y con los hermanos. Y la razón dicho en “dominicano”, es el estudio.

El estudio es un elemento esencial para la búsqueda de la verdad. Un estudio, en primer lugar, de la Palabra de Dios, no de forma literal, sino en profundidad; también, de la tradición y los saberes humanos, los signos de los tiempos, que nos permitan entender lo que Dios nos dice hoy para poder amar. Sólo se cambia lo que se ama. Hay que amar el mundo, hay que amar nuestra realidad  para poderla conocer, para poderla estudiar.  En todo podemos encontrar a ese Dios que se revela, y con todos podemos construir ese diálogo que es tan necesario para la búsqueda de la verdad. Aprender a dialogar con todo y con todos es buscar la verdad.

Y como parte final, Fr. Félix se refirió a la relación que existe entre la Verdad, el Bien y la Belleza, relación también estudiada por Sto. Tomás de Aquino. Se trata de un vínculo tan estrecho que la búsqueda de uno supone la búsqueda de los otros, y lo que podamos adquirir de uno lo vamos a adquirir también de los otros. La bondad es imprescindible, siempre y cuando nos lo planteemos con generosidad, buscando el bien de los hermanos, incluso con alguna propia renuncia. Por otra parte, la belleza, que parece que sea la única que no está en crisis, que sigue cautivando a las personas. Quizás sea uno de los caminos privilegiados que tengamos que aprender a transitar para podernos encontrar con el otro y buscar juntos la verdad.

Fr. Félix, mencionando la Encíclica “Fides es ratio” de  Juan Pablo II, señaló que debemos se buscadores de la Verdad y, además, contadores de esa Verdad. Tenemos que compartir esas pequeñas certezas, esos hallazgos, porque así se retroalimenta la búsqueda de la Verdad.

Finalmente, y como conclusión, Fr. Félix señaló que la búsqueda de la Verdad es amar, y el estudio es amor.  Estudiamos para amar más y mejor. Y conforme vamos caminando en esa aventura de la búsqueda de la verdad, nuestro corazón cada vez se ensancha más, podemos amar más y mejor. Que seamos capaces de hacerlo y que nos ayudemos los unos a los otros.

Finalizada la intervención de Fr. Félix se abrió un amplio e interesante dialogo entre los asistentes.