lunes, 23 de mayo de 2022

SEMANA DOMINICANA 2022 desde Scala Coeli - (I) Presentación

 



EN MAYO SE DERRAMA EL “OLOR DEL CARISMA DOMINICANO”

 

A comienzos de este año 2022, y concluyendo la Celebración del Octavo Centenario de la muerte de Santo Domingo, nos hacíamos esta pregunta: ¿Qué nos va a quedar como gracia de este  Año Centenario?

Ahora, en el mes de Mayo, en el que recordamos la Traslación de su cuerpo, su obrar milagroso con la fragancia de su espíritu y el recuerdo del proceso de su canonización, nos volvemos a plantear ¿Cómo está presente hoy Santo Domingo?

 La Fiesta de la Traslación del Cuerpo de Santo Domingo, que celebramos el 24 de Mayo, siempre nos ha invitado  hacer un examen de nuestra Vida y nuestra Misión, dándola a conocer para que otros se enriquezcan con  ella. 

            1.  Recordemos los hechos de ayer: 

Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado su santidad  por multitud de milagros, obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Con todo, una nube cubría los ojos de los hermanos y mientras que el pueblo exaltaba a su Fundador, ellos, sus hijos, en vez de preocuparse por su memoria parecían trabajar en oscurecer su brillo. Se dio el caso de que creciendo el número de Hermanos, se vieron obligados a demoler la vieja iglesia de S. Nicolás para edificar una nueva, y quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies.

 Este espectáculo conmovió a alguno de ellos, que deliberaban entre sí sobre la manera de trasladar aquellas preciosas reliquias a un sepulcro más conveniente. Para ello, consultaron al Papa Gregorio IX, el cual,  les reprochó haber descuidado por tanto tiempo el honor debido a su Padre. Y les dijo: Yo conocí en fr. Domingo a un hombre seguidor de la norma de vida de los Apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que ellos tienen en el cielo. Y  hasta quiso asistir en persona al traslado; mas, impedido por los deberes de su cargo, escribió al arzobispo de Ravena que fuese a Bolonia para asistir a la ceremonia.

 Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia. Estaban en la ciudad el arzobispo de Rávena, obedeciendo a las órdenes del Papa, y los obispos de Bolonia, Brescia, Módena y Tournay. Todo el pueblo estaba en expectación. No obstante, los Hermanos estaban intranquilos porque temían que el cuerpo de Domingo, expuesto largo tiempo a la lluvia y al calor, apareciese comido de gusanos, exhalando un olor que disminuyese la opinión de su santidad.

 El 24 de mayo, lunes de Pentecostés, antes de la aurora, el arzobispo de Rávena y los demás obispos, el Maestro General con los definidores del Capítulo, los ciudadanos, tanto de Bolonia como de las ciudades vecinas, se reunieron, en torno de la humilde piedra que cubría hacia doce años los restos de Santo Domingo. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto: era un aroma que nadie pudo comparar a cosa conocida, que excedía a toda imaginación. El arzobispo, los obispos y cuantos estaban presentes, cayeron de rodillas, llorando y alabando a Dios. Luego escribiría el beato Jordán: ”También nosotros experimentamos la mencionada fragancia, y testificamos cuanto hemos visto y sentido. Aquella dulzura disipaba el malestar, aumentaba la devoción, suscitaba los milagros. Si se tocaba el cuerpo con la mano, la correa o cualquier otra cosa, permanecía el olor por largo tiempo adherido a ellos “ (Orígenes de la Orden. BAC 127).

 2.  Proceso de canonización de Santo Domingo.

 Los milagros que habían acompañado el traslado del  cuerpo de Santo Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más el asunto de su Canonización. Por una carta del 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida a tres eclesiásticos eminentes. Se oyeron veintiséis testigos, y más de trescientas personas respetables confirmaron con juramento todo cuanto aquellos testigos habían dicho sobre las virtudes de Domingo y los milagros obtenidos por su intercesión. Enviadas a Roma las declaraciones de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX deliberó con el Santo Colegio. Un autor contemporáneo refiere que dijo en esta ocasión: hablando de santo Domingo: “No dudo más de su santidad que de la de los apóstoles Pedro y Pablo”. Consecuencia de todos estos procesos fue la bula de canonización, expedida en Rieti el 3 de julio de 1234.

3.     Actualidad y vigencia de esta Fiesta y el aroma de este Carisma.

 Cada año en torno a esta fiesta, como si también se tratase de otro Pentecostés, podemos expresar y compartir lo que del espíritu y personalidad de Santo Domingo tenemos los frailes, las monjas, las religiosas y los laicos.

 Por eso, mediante el Blog de Scala Coeli, vamos a ir recogiendo el testimonio de hermanos y hermanas de esta Familia, actualizando así nuestro Carisma, e invitando a otros cristianos a formar parte de esta Vida-espiritualidad. Y Misión evangelizadora que hacen presente a Santo Domingo. Con estos testimonios, queremos agradecer a Dios el don de Nuestro Padre, y al conocerlo, amarlo y orarlo, dando así respuesta a la pregunta inicial: ¿Cómo está presente hoy Santo Domingo en la misión de la Iglesia?

 Porque estoy convencido de que el Domingo de ayer, tiene que ser el dominico y la dominica de  hoy.                                           

                                                                                          Fr. José Antonio Segovia, o.p.

 

ORACION.

Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que en tu Hijo nos elegiste y predestinaste

para que fuésemos alabanza de tu gloria

en la Casa de tu hijo Domingo;

te damos gracias por los dones recibidos en su familia.

Y te pedimos nos lleves con él a su mismo destino

para recibir y entregar la fragancia de la santidad,

predicando y entregando el Evangelio de la gracia. Amén.

 

 


 

 

viernes, 1 de abril de 2022

Modos de Orar de Santo Domingo (y IX)

 


 

NOVENO MODO DE ORAR DE SANTO DOMINGO DE GUZMAN

 

“Este modo lo practicaba cuando viajaba de una parte a otra, de manera especial si se encontraba en un lugar solitario. Disfrutaba con sus meditaciones en su contemplación, y en ocasiones recordaba a sus socios por el camino:

- “Está escrito en Oseas: la llevaré a un lugar solitario y le hablaré al corazón” (Os 2, 14).

Por ello algunas veces se apartaba del compañero, adelantándose a él o, con más frecuencia, siguiéndolo de lejos. Y guardando la distancia oraba y caminaba, y se encendía en su meditación como el fuego (Sal 39, 4). Tenía de peculiar en tal oración que gesticulaba como si espantase chispas o moscas de la cara, y por esto se protegía con frecuencia con la señal de la cruz.

Los frailes llegaron al convencimiento de que, en este modo de oración, el santo alcanzó la inteligencia plena de la Sagrada Escritura y la entraña de las palabras divinas, una autoridad sorprendente para predicar con ardor, y una familiaridad secreta con el Espíritu Santo para conocer las cosas ocultas.

 

Encontramos que el último modo es aparentemente diferente a los anteriores: en esta ocasión Domingo reza en el exterior, en el camino durante sus continuos viajes de predicación. Al andar todo el cuerpo se mueve y participa de la actividad y es que es, precisamente, de totalidad de lo que nos habla esta forma de orar.

El dinamismo de la oración hace que, esta, llegue a ser una actitud que no queda limitada únicamente a unos lugares determinados o a unos momentos de la jornada, sino que, progresivamente se va extendiendo por todos los instantes y circunstancias de lo cotidiano.

Nuestro padre ejemplariza, así, la forma de reconocer en el día a día todo lo orado como una realidad; de descubrir la presencia de Dios en cuanto nos rodea; de saber mirar las pequeñas cosas, sorprenderse y admirarse ante la manera misteriosa con que, continuamente, nos bendice y nos regala su amor… de hacer del conjunto de la vida una contemplación.

Para ello, el camino le sirve como preciosa metáfora de la propia existencia: recordatorio de que nuestra travesía por este mundo es fugaz, que solo estamos de paso pues somos peregrinos; caminantes que tienen clara su procedencia, que saben hacia qué meta se dirigen y que, mientras tanto, no dejan de esforzarse y avanzar. Marchar y convertir ese mismo viaje en una oración.

En ese contexto, es bonito el gesto que se nos narra, cuando el santo gesticula con la mano ante su rostro. Son muchas las dificultades que pueden sobrevenir al andar, cansancios, dolores, caídas y seducciones que amenazan con distraernos el destino y Domingo se previene contra todo ello manteniendo fija su mirada en Dios y “espantando” todo lo demás.

Es importante, por último, y en especial en nuestra sociedad donde reina la prisa y la superficialidad, saber pararse. Aprender a detenerse, cuando percibimos de forma intensa la mano del Señor o cuando sentimos que no podemos continuar, para estar con Él y disfrutar de su presencia, para recibir de sus manos la fuerza y la luz que nos hace falta.

Domingo recorrió casi toda Europa predicando la Gracia, son incontables los kilómetros que recorrieron sus pies y estoy seguro de que supo disfrutar de cada uno de ellos de la mejor manera posible pues aprendió a ir siempre de la mano del mejor compañero en el viaje por esta tierra.

 

Fr. Félix Hernández Mariano, OP