viernes, 23 de octubre de 2020

Curso de Psicología espiritual: El Camino espiritual de la fragilidad (2)


EL ESTRES CRISTIANO.  

¿Libera del estrés orar “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”?

       

       «Ante el dolor del mundo, las heridas de tantos hombres y  las llagas de la Iglesia, el creyente es capaz de confesar: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, y sabe que ahí está su mayor esperanza». Pero ¿lo libera esto realmente del estrés? ¿Cómo afronta un cristiano la crisis de ansiedad?

            Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros. Nos acosan por todas partes, pero no estamos abatidos; nos encontramos en apuros, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no quedamos a merced del peligro, nos derriban, pero no llegan a rematarnos. Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo (2Cor 4,7-10)

 

1. Las secuelas que nos van dejando estos 10 meses de Pandemia.

              Según Beatriz Mora, coordinadora de Psicología de la Clínica López Ibor, son muchos los problemas generados a raíz de la Pandemia: cuadros depresivos, abuso de alcohol y de otras sustancias, trastornos de estrés postraumático, y otras muchas alteraciones mentales y de comportamiento, especialmente con respecto a las relaciones personales. Los efectos psicológicos negativos que han incidido en nuestra vida con motivo de la pandemia, lo podemos resumir así:

· La pérdida de control sobre nuestra propia estabilidad emocional. Nos pueden las emociones.

· La incertidumbre a la que todavía hoy seguimos sometidos. Hay gran inseguridad ante el futuro

· La sensación de fragilidad y vulnerabilidad de la integridad física, con malestar generalizado.

            Estas sensaciones, según los psicólogos, “han generado un quiebro en nuestra forma de ver el mundo que en ocasiones merece ser atendido por profesionales de la salud mental”. Precisamente, en este sentido, la Organización Mundial de la Salud afirma que se espera que las necesidades de apoyo psicosocial y en materia de salud mental aumentarán considerablemente en los próximos meses y años.

            Las dudas sobre nuestras propias vidas y la de nuestros seres queridos, sobre cómo podemos evitar contagios, el temido repunte, nuestros pensamientos recurrentes negativos, nos invaden de desconcierto y a veces de desesperación ante una situación desconocida de la que aún no tenemos una certeza segura. Todas estas percepciones con sus alteraciones emocionales y pensamientos recurrentes negativos pueden provocar desajustes en nuestra salud y equilibrio. El trauma psíquico de no poder despedirse de los seres queridos, el aislamiento, el miedo al contagio o la pérdida del empleo son situaciones que pueden poner en riesgo el ajuste personal. Por eso, dice la psicóloga, la interpretación que hagamos de esta situación y de sus consecuencias, así como la forma de afrontarla, puede ayudarnos a reducir el riesgo de sufrir dichas alteraciones en nuestra salud.

 

2. ¿Se puede hablar también de un estrés cristiano? ¿Cómo vive la ansiedad una persona de fe?

             Hablar del estrés cristiano es hacerlo del cristiano que en este mundo pasa por dificultades, problemas que solucionar, enfermedades, experiencias de muerte y retos importantes que afrontar... El estrés surge ante las situaciones que exigen de nosotros una respuesta que requiere mayores habilidades de afrontamiento de las que habitualmente ponemos en marcha, y la vida está llena de esta clase de acontecimientos. Y ni la fe, ni la espiritualidad son capaces de evitarlos. Lo que sí hacen es ayudar a afrontarlos para vivirlos con libertad.

            Normalmente la persona se enfrenta a las situaciones de estrés basándose en su sistema de creencias, en las conductas que ha aprendido a observar ante dichos acontecimientos y en las relaciones con otras personas que también inciden en su manera de manejarlos. Y todo esto se ha aprendido también  en la práctica y doctrina de la fe.

  

3. El estrés  puede llevar al cristiano por caminos de “creencias irracionales” o de “confianza”

             En general,  las situaciones de estrés suelen ser interpretadas de tres modos: como una pérdida de algo importante, como una amenaza y peligro,  o como un desafío que afrontar. Y, en todas ellas, con el riesgo de un sufrimiento que nos desborda, aunque repitamos: Señor, “Hágase tu voluntad”.

            a) Ante acontecimientos estresantes el cristiano puede aumentar aún más la «carga» debido a creencias irracionales acerca de cuál debía ser su respuesta correcta, o de la interpretación de la voluntad de Dios. ¿Qué es lo que Dios dice cuando peor se pasa? ¿Soy yo el culpable y responsable del sufrimiento?. Esta forma de afrontar las situaciones estresantes no se relaciona con el hecho de que la persona tenga más o menos fe, o de que su fe sea más o menos perfecta, sino que tiene que ver con un estilo personal de vivir estas situaciones.

            b) Pero en los acontecimientos de estrés cotidiano, el cristiano puede tener también la experiencia de «ser cuidado y querido por Dios», que da un significado de confianza a todo lo que acontece. Porque la Voluntad de Dios la vive como la mano que Dios le tiende para su crecimiento.

            La frontera entre estas dos grandes actitudes no siempre está claramente dibujada, de modo que a veces la Voluntad de Dios y las normas se viva como una sobrecarga sin sentido; pero también constatamos que a través de la oración y del abandono en El,  el cristiano se puede ver «regalado» con la experiencia de un Dios, a quien  repito en paz,  “hágase tu Voluntad”,

            ¡Hágase tu voluntad! Todo comienza en el Amor que Él nos ha tenido y nos tiene. Porque El cree en nosotros, podemos acoger ese amor y emplearnos a fondo en buscar las huellas de su Presencia, para llevar a cabo su Voluntad.  Confiar y amar, esa es la tarea. Cuando el cristiano dice: «Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo», es verdad que puede correr el riesgo de convertir su intento de vivir la fe en un factor más de estrés; sin embargo, esta oración introduce en la psicología del ser humano unos cambios significativos para afrontar los acontecimientos de forma diferente. De eso se trata.

 

4. Ayudas  de la Psicología-espiritual. Para trabajar espiritualmente la Fragilidad y el Estrés...  

A. Necesitamos revisar las creencias y la espiritualidad,  dominantes en nosotros. Y  Para ello...

a)      Hay que ayudar a crecer en consciencia y adentramos por los caminos de la interiorización.

b)      Desde la fe aprender a convivir con la propia afectividad de forma sana, serena y positiva. 

c)      Canalizando la energía en cada momento según el proyecto de vida cristiana

d)     Y fomentar experiencias comunitarias potenciadoras de vida humana y fraterna.

 

B. Necesitamos “Recrear prácticas de comunicación y relación, sanas y sanadoras desde la fe”

a)      Hay que volver a valorar  las relaciones y el diálogo para expresar el sufrimiento.

b)      Aprender a identificar los conflictos de forma correcta con análisis objetivos desde la fe.

c)      Necesitamos trabajar y orientar hacia la vida los impulsos agresivos-negativos. Uno de sus destinos es posibilitarnos el amor, el perdón,  la entrega y la paz.

d)     Practicar relaciones inclusivas en las comunidades y grupos de nuestro vivir cotidiano.

           

B. Necesitamos fomentar diálogos y encuentros de fe, que generen lealtad y confianza mutua.

a)      Es preciso hacer un camino auténtico de autoconocimiento y reconciliación interior.

b)      Necesitamos profundizar en  la propia historia personal, familiar, grupos de pertenencia y relaciones más significativas.

c)      Y afrontar con serenidad aquellas heridas que impiden el camino del amor sin quedar  fijados en ellas.

La soledad, el aislamiento y la incomunicación  son el caldo de cultivo del sufrimiento del Estrés. Por eso, el cristiano cuenta con recursos concretos de psicología espiritual, en línea con el evangelio de Jesús  con los que  recrear una cultura de la salud a favor de la vida.

 

Cuestiones para reflexionar y expresarse.

1. ¿Qué situaciones me producen actualmente sentimientos de ansiedad y sufrimientos poderosos?

2. ¿En qué me ayudan las palabras de S. Pablo (2Cor 4,7-10) para afrontar las situaciones de estrés?

3. ¿Qué ayuda  de “psicología espiritual” veo más oportuna para afrontar las situaciones difíciles?

 

Oración

  Señor, que quienes te buscan a tientas, te encuentren. Que quienes dudan siempre de ti, no desistan; que quienes se extravían en su camino, vuelvan; que quienes creen poseerte, te busquen.

            Señor, que quienes caminan solos, no se pierdan, que quienes tienen miedo al futuro, se abran a la confianza; que quienes no logran triunfar, perseveren; que quienes tienen hambre y sed, sean saciados.

            Señor, que los grandes y poderosos se sientan vulnerables; que los amargados de la vida disfruten de tantos dones; que los olvidados de todos dejen oír su canción; que tus hijos e hijas nunca nos saciemos de tus dones. ¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!

 

Fr. José. Antonio Segovia. O.P.

sábado, 17 de octubre de 2020

Curso de Psicología espiritual: El Camino espiritual de la fragilidad (1)

 

¿Cómo transformar las heridas en perlas?

           

            La casa de Oración, Santo Domingo de EscalaCoeli de Córdoba, reanuda el Camino y su Labor espiritual en este curso 2020-2021, marcado por la inquietud de la Pandemia del Covid-19, sabiendo que si su misión siempre ha sido necesaria, en estas circunstancias aún más, porque si el riesgo del virus es grande, no puede ser menos el Espíritu de Dios para hacerle frente.

            Las actividades de “Oración y Vida” que programamos cada curso desde esta casa, las hemos tenido que suprimir en vivo por exigencias obvias de las circunstancias sanitarias, y así lo hemos hecho saber a todos los cristianos que programan su trabajo espiritual contando con ayuda de nuestras de actividades.

            Sin embargo, este curso el Señor nos ofrece como a Jeremías una rama de almendro, que nos recuerda que aunque nos marchitemos, es para reverdecer. “El Señor me preguntó. ¿Qué ves, Jeremías?. Respondí: Veo una rama de almendro. Y el Señor me dijo: ¡Bien visto, pues yo velo por mi palabra para cumplirla (Jer  1,11s). Esta rama verde para mantener viva y despierta la Palabra en nuestras vidas quiere ser el Blog Scalacoeli, que nos ha acompañado siempre para extender la voz de cuanto se hace y se  programa en esta casa. Este medio que cada día visitan y utilizan más cristianos para expresarse y alimentarse espiritualmente, lo valoramos, agradecemos y utilizamos para nuestro bien.

 

1.  El Camino espiritual de la fragilidad”. El primer curso que teníamos programado en la Casa, para este fin de semana del 16 a 18 de octubre, es de Psicología espiritual: “El Camino espiritual de la fragilidad”, precisamente para ofrecer con él las claves de vida y de fe, con las que afrontar las situaciones difíciles del momento. Este material previsto para el curso lo queremos hacer llegar a todos a través del Blog Scalacoeli, con el fin de dar oportunidad  a muchos más,  a pensar, expresarse y orar a partir de sus diferentes experiencias de fragilidad. Y esto como camino espiritual personal que según León Felipe cada uno tiene que recorrer personalmente, solo y con los demás,  para encontrarse con Dios: Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy... Todo está en continuo cambio. ¿Cual es pues el secreto del caminante? Aparte de caer en la cuenta de que hay que ser en la vida “romero”, romero sólo que cruza por caminos nuevos, lo importante no es tanto a donde te lleven tus pies, ni el equipaje, ni a qué ciudad, sino la luz interior del caminante. Ni si estoy aquí o allá, soy rico o pobre, guapo o feo, sano o enfermo, sino despertar a la verdad suprema y tomar conciencia de que en realidad nunca salí de casa, pues todo lo llevo dentro.

            Este camino espiritual de la fragilidad, lleva los  rostros de las experiencias humanas y espirituales vividas en el tiempo de Pandemia del Covid-19. El desafío es ver cómo podemos extraer de estos malos tiempos algo bueno... Lograr qué aspectos positivos de nuestro ser, que estaban  quizás un tanto ocultos u olvidados, emerjan a nuestro vivir.

            Dicen que la pandemia ha ayudado a ser más solidarios. La pena del otro nos duele y nos aproxima a él. Quizás el triunfo produce la reacción contraria: el otro triunfa, yo no, el fracaso está de mi parte. Sin embargo, si el que sufre es el otro, yo soy el sano, el fuerte, puedo permitirme acercarme y ayudarle.

             La pandemia se ha convertido en un lazo de unión entre los pueblos, es algo globalizado. A nadie gusta que el virus se propague en un lugar determinado, porque, a pesar de precauciones como cuarentenas, cabe la posibilidad de que llegue a nosotros. Por eso el remedio secular, el confinamiento, se impone. Así nos encontramos con un factor contrario a la globalización, pero no a la solidaridad: hay que establecer distancias entre los seres humanos.

           La pandemia es, una situación generadora de contrastes en las relaciones sociales. Que acerca y distancia, que te hace estar pendiente del otro y a la vez confían y lo rehúye. Porque esta epidemia no la transmite un mosquito, u otro ser de la creación, sino nosotros, unos a otros, somos pues enemigos unos de otros, por ser la potencial causa de la enfermedad. La soledad nos oprime, necesitamos presencia real del otro, el abrazo, la manifestación de que estoy en su vida como él en la mía. Se genera un deseo de comunicación, en especial afectiva.      

            Pero junto a esto, se ha introducido también la incertidumbre en nuestra vida. Nadie puede asegurar cómo va a evolucionar la pandemia. El desconocimiento de ella, al menos por el momento, no permite prever el futuro. Ese desconocimiento, existe en quienes están preparados para conocerla, los científicos. Es una lección de humildad. Es lección sobre nuestra verdad; descubre lo que somos: el dueño del universo, el ser humano es alguien del que puede reírse un virus, si es que los virus se ríen. Manifiesta que nuestro mundo, nuestro pequeño mundo nos es en gran parte desconocido. Eso puede ayudarnos a conocernos mejor y situarnos con más realidad en el universo.           

            ¿Qué le dejamos a Dios en todo esto? Ya han salido los que ven en la pandemia un castigo de Dios, por cómo estamos descuidando su Universo; y descuidamos la relación entre nosotros, al dedicar tiempo, medios, inteligencia a programas de aplastamiento del otro, o de su destrucción o de su sometimiento a nuestros intereses o gustos. O simplemente, castigo por nuestro olvido de Él.           

            Somos nosotros los que hemos de aprovechar esa situación de dolor para tratar  de vernos a los ojos de Dios. La pandemia, como todo peligro, sobre todo si es de vida, nos ha de conducir a descubrir qué es lo esencial en nuestro vivir. Es obligación nuestra cuidar nuestra propia vida. Pero también con la misma fuerza, la de los demás. La pandemia no ha de conducir al ruego a Dios para que nos libre  sin pensar y rogar para que libre a los demás. No ha de pretender que Dios tome partido por quien reza, y abandone al que no lo hace.           

            No debemos bajar la guardia en el cuidado de no ser víctima del virus. Sabemos que cuidarnos a nosotros, tomar las precauciones debidas favorece a que la pandemia no se propague. No llegue a otros. Pero hemos de vivir esa situación con el pensamiento en quienes tienen menos medios para poder evitarla, menos medios para acceder a quien pueda atenderle.           

Hay que agradecer a quienes luchan, se esfuerzan, se entregan a remediar la situación que genera la pandemia, o a entender a los que han contraído la enfermedad. Tantos profesionales, y también voluntarios, que permiten que confiemos en que se ha de superar esta situación. Hemos de elevar la oración a Dios para que siga fortaleciendo su espíritu de entrega, y su buen hacer para lograr vencer la pandemia y atender a quienes la han contraído

           

2. Las experiencias de fragilidad  humana  y la práctica de la vida espiritual,  se reclaman, y esto lo queremos tener en cuenta para nuestra reflexión y oración en el camino de este curso, porque

a) La vida es el punto de encuentro entre psicología y espiritualidad. Sólo desde la vida y en función de la vida es posible repensar la práctica psicológica y el cultivo de una espiritualidad que se plasma en el modo concreto de vivir.

b) La psicología trata de ayudar al ser humano a crecer, a sanar, a comprender su experiencia y a formularla en sus categorías. Sabemos que no hay una forma de comprender la experiencia, sino muchas. La toma de postura está condicionada por el modo de entender al ser humano y la propia realización. Podemos adentramos en los callejones de la fragilidad, el miedo, la culpa, el aislamiento y la locura. Por eso es tan importante tener en cuenta la realidad toda de cada persona en cada situación para alentar a vivir de la forma más reconciliada posible.

·La espiritualidad  alude a la vida según el Espíritu, la forma concreta, estilo o talante de vivir el seguimiento de Jesús y la construcción de su Reino. Una espiritualidad desencarnada de la vida conduce a la fuga o a la violencia soterrada. Una espiritualidad voluntarista mata la fraternidad. La espiritualidad cristiana se alimenta de un estilo de vida según el Evangelio, dejándose guiar por el Espíritu. Esto ocurre por la experiencia de un “encuentro fundante’ se alimenta por la mística y se expresa en la profecía.

 

3. Algunas cuestiones de Psicología Espiritual en el camino de la Fragilidad.

            Todas las semanas y hasta  la Navidad, con el Misterio de la Encarnación, iremos recorriendo este camino de la Fragilidad con los temas siguientes. El objetivo es que con ellos reflexiones y oremos, pero también que nos expresemos en nuestra fragilidad a través del blog.

            - ¿Es posible hablar de un estrés cristiano? ¿Cómo vive y gestiona el cristiano el estrés?

            - La experiencia de ser cuidado y querido por Dios, en  la  fragilidad.

            - Expresar el sufrimiento a través de la Oración, nos fortalece y  libera de los miedos.

            - Himno a la fragilidad.Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2Cor 12,10.

            - El don de los límites para recomenzar

            -  ETTY  HILLESUM, mártir del amor y la fragilidad.  (1914-1943)

            - Jesús no huye de los límites,  sino que los utiliza.

            - Rumores de Dios en los límites del sufrimiento

           - ¿Cómo poder  ayudar  en la fragilidad? El  evangelio del sufrimiento

           - El  proceso  de  marchitarse  para  reverdecer.

           - La regeneración espiritual. Es necesario nacer de nuevo. Jn 3,1-16)

           - El arte de recomenzar.

 

4. Cuestiones para pensar y expresarse a través del blog.

¿Qué experiencias de fragilidad se me presentan hoy en la vida?

¿Qué me sugieren esos hitos señalados  en el camino de la fragilidad?

¿Estoy dispuesto a reverdecer, recomenzar y renacer de nuevo?

 

ORACION.

Con tanta historia sabida, con tanta madurez humana, con tanta vida ya vivida, con tanta gracia derramada, con tantos medios poseídos, con tanta ciencia conocida, con tanta prueba superada, con la fe ya acrisolada, caminando en solidaridad y justicia, estando en tu comunidad cristiana, creí que esto no llegaría: que los aprietos y pruebas ya no podían mellar mi ánimo ni el alma mía.

Y de la noche a la mañana todo se me hace cuesta arriba, todo punza y desgarra, todo es insoportable, todo es triste y negro y parece que no hay salida posible.

Me cuesta mucho ser yo mismo y más dejarme guiar por tu espíritu. Tu nombre ni me cura ni me calma -es como ceniza- y mis obras se desploman.

No sé en que terminará esta lucha, no sé qué será de nuestra tierra, no sé cómo germinarán nuestros sueños, no sé qué será de los que sufren y esperan, no sé qué será de los que te testimonian, no sé adónde irán nuestras vidas, pero yo me pongo en tus manos, con la esperanza de que nada se pierda nada de cuanto ahora, peno, sufro y quiero. Álzame hasta tu regazo, cálmame si es necesario.

                                                                                 

Fr. José. Antonio Segovia. O.P

miércoles, 7 de octubre de 2020

María Santísima del Rosario

 


«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostén a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

(Francisco)

lunes, 1 de junio de 2020

María, Madre de la Iglesia


Bienaventurada Virgen María, “Madre de la Iglesia”

El año 2018 el Papa Francisco decretaba que el lunes después de Pentecostés se celebre la Fiesta de María, Madre de la Iglesia. Y lo explicaba así: La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (Gal 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y a la vez Madre de la Iglesia. Por eso, es necesario hacer memoria de la bienaventurada Virgen María, como Madre de la Iglesia, a quien Cristo encomendó sus discípulos para que, perseverando en la oración al Espíritu Santo, cooperen en el anuncio del Evangelio.
La reflexión y la Oración en esta Fiesta, nos ayuda a incrementar el sentido materno de la Iglesia,  en los Pastores, en los Religiosos y en los Fieles, para mejorar la  genuina espiritualidad mariana. En Fátima, el 13 de mayo de 2018,  Francisco decía con pasión: Queridos peregrinos, ¡tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos, de la esperanza que se apoya en Jesús, porque los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida,  gracias a uno sólo, Jesucristo. Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad- nuestra humanidad- que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre.
Al terminar el mes de mayo, en el que hemos ido  profundizando en la vida y misión de María, en la Predicación del Evangelio y en la construcción de la Iglesia, queremos acoger el fruto del trabajo espiritual de este mes. ¡María es Madre!. Pero ¿qué alcance puede tener esto en nuestra fe y en nuestra misión?.  La Iglesia, los Papas, especialmente después del Concilio Vaticano II, ha permitido que la relación con María haya ido madurando en comprensión de su presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia, con su Maternidad espiritual. En concreto, Pablo VI y Juan Pablo II, y ahora el Papa Francisco,  han profundizado en este misterio de María, que desde la espera del Espíritu en Pentecostés (Hch 1,14) no ha dejado jamás de cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo. Pablo VI afirmó en la clausura de la tercera sesión del Vaticano II que es imposible comprender el misterio de la Iglesia en su esencia más profunda, que es la unión íntima de los hombres con Cristo, sin María, porque ella es la que mejor realizó en si misma a esa comunión.
Este título de María Madre de la Iglesia, habla de una presencia activa, una acción positiva de María sobre la Iglesia tanto en su creación como en su conservación.
a) En su creación. Al aceptar la palabra del ángel y dar a luz a Cristo, estaba alumbrando los comienzos de la Iglesia. María, aceptando con el corazón inmaculado la Palabra, mereció engendrarla en su seno virginal y al dar a luz al creador, fomentó los comienzos de la Iglesia. Si la Iglesia tiene de alguna manera su origen en la Encarnación, María con su Sí, coopera activamente en su nacimiento.
b) En su conservación. La presencia de María junto a la cruz ha de ser comprendida desde el Sí de la anunciación. María en la Anunciación se compromete, en la penumbra de la fe, con una llamada misteriosa de Dios. Todos los actos de su vida son el desarrollo de ese sí en una peregrinación de la fe.
c) En cuanto a nosotros, la Maternidad de María, garantiza el cuidado y providencia que Dios quiere tener sobre cada uno de sus hijos. Asunta a los cielos, María no sólo no ha dejado esta misión maternal, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros de ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada (LG 62). Por eso, se ha llegado a darle el nombre de Omnipotencia suplicante. Por su condición de Madre de Dios,  ora por los hermanos de su Hijo, que también son sus hijos.
“Esperamos que la celebración de este día,  y ya cada lunes después de Pentecostés, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia, ofrenda de Cristo en el Banquete eucarístico y la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos. Tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar, fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia Jesucristo.
Fr. José Antonio Segovia, OP



Oración a María,
madre de la Iglesia y madre de nuestra fe

¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

 Francisco.