lunes, 15 de enero de 2018

La mesa de la Palabra: Amar con todo el corazón.



Amar con todo el corazón

Sor Catherine Aubin, op., equipara al rótulo que encabeza estas líneas el hecho de orar con todo el cuerpo, en la obra que Editorial San Esteban ha publicado sobre los modos de orar de Santo Domingo de Guzmán[1]. Licenciada en Psicología y Doctora en Teología, esta religiosa dominica funge como profesora en varias instituciones, tales como el Angelicum y el Claretianum de Roma, entre otros.

Conviviendo con hermanas que practicaban técnicas o ejercicios corporales tales como el zen, tuvo una especie de flechazo, según confiesa, cuando topó con los nueve modos de orar de Santo Domingo. Y se propuso dejarnos un mensaje según el cual los cristianos, en nuestra tradición católica, disponemos de una pedagogía de la oración con el cuerpo que puede ayudarnos en nuestra búsqueda.

Nos traslada la voluntad del orante Domingo de Guzmán que entendía que cada una de las nueve posturas corporales que nos han dejado sus contemporáneos corresponden a actitudes espirituales que de esta manera se completan y expresan. Los gestos perfilan de esta manera lo que está oculto en el corazón e ilustran sus mociones e intenciones. Y así la confianza, la humildad, el reconocimiento del Dios amor en el inmenso gesto del Hijo confiado, el llanto como dolor por el pecado que habita en el corazón de la criatura, el dolor que asimila a la Pasión, el silencio que agranda el eco de la Palabra, las manos en alto y el orar itinerante y fraterno… son expresiones corporales que transmiten el lenguaje del corazón y la voluntad orante. La autora nos invita a orar con nuestro cuerpo para así crecer en nuestro propio interior, como lo hacía nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán.


Fr. Jesús Duque OP. 



[1] Catherine AUBIN, Orar con el cuerpo a la manera de Santo Domingo 2017, Salamanca, Editorial San Esteban (Colección Biblioteca Dominicana), 259 pags., 

viernes, 5 de enero de 2018

La mesa de la Palabra: Carta a los Magos



Carta a los Magos

Una carta a los Reyes Magos, en el lenguaje adulto, es una relación de demandas entre utópicas e inconvenientes, algo así como un brindis al sol al que nos tienen acostumbrados no pocos de nuestros políticos. En su contexto, es una solemne forma de perder el tiempo, cuando no de burla a la ciudadanía. En cambio, una carta a los Reyes Magos en la temblona letra de un niño o en la relación no escrita que desfila por la cabeza de nuestros pequeños, es una declaración de fantasía, una apuesta por la fascinación que hace posible todo lo bello en los ojos absortos de tantos niños que se dejan tentar por el prodigio.

Los adultos que no terminamos de limpiar los restos aniñados del corazón pedimos a los Magos colores del arco iris, copos de nieve, lluvia de agua fresca y filigranas de fuego... que el corrector del lenguaje traduce por alegría a tiempo y a destiempo, flores siempre vivas de la esperanza y una fe que venza siempre el miedo. Los Reyes nos atienden siempre si pedimos corazón grande donde quepa el mundo entero.

El regalo que quiero, desde este rincón de la Palabra, es un lenguaje de ternura y una sonrisa de evangelio para que ningún caminante por este mundo olvide que la vida, si sentido quiere tener, hay que vivirla como regalo y bendición, y como tal hay que agradecerlo, cantarlo pasarlo al que al lado tengamos. Que la vida se deja hacer geografía del Padre de misericordia que sabe abrazarnos mejor que nadie.
   


Fr. Jesús Duque OP.