miércoles, 29 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (9)



Cataluña


Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos lleva ahora a Cataluña, una tierra profundamente unida a la historia de la Orden de Predicadores desde sus primeros años. Aquí encontramos conventos centenarios, comunidades vivas y la memoria de grandes dominicos que dejaron una huella imborrable en la Iglesia y en la sociedad. Barcelona, Sant Cugat del Vallès y Vic serán nuestras principales paradas en este recorrido, donde historia, arte, espiritualidad y misión se unen para mostrarnos la riqueza del carisma de Santo Domingo de Guzmán.

Comenzamos en Barcelona, donde nació uno de los conventos dominicanos más importantes de la Península: el Convento de Santa Catalina. Fundado a comienzos del siglo XIII, muy poco después de la creación de la Orden, este convento fue durante siglos un gran centro de predicación, estudio y vida religiosa. En él enseñaron destacados teólogos y vivieron figuras tan importantes como San Raimundo de Peñafort, uno de los grandes juristas de la Iglesia y Maestro de la Orden.

El convento destacó también por su magnífica iglesia gótica, su prestigiosa biblioteca y su influencia en la vida cultural y política de Barcelona. Incluso el histórico Consell de Cent celebró durante años sus reuniones entre sus muros. Lamentablemente, tras la desamortización de 1835 el edificio fue incendiado y posteriormente derribado. Hoy el Mercado de Santa Caterina ocupa el solar donde durante más de seiscientos años latió el corazón dominicano de la ciudad.




Pero la historia no terminó allí. Los dominicos regresaron a Barcelona en 1889 y establecieron una nueva comunidad que continúa la misión iniciada hace más de ocho siglos. En la actual Iglesia de Nuestra Señora del Rosario siguen desarrollando una intensa labor de evangelización mediante la predicación, la formación cristiana, el estudio, el acompañamiento espiritual y el compromiso con la justicia y la paz. El convento alberga además el Instituto de Teología y Humanismo, heredero de aquella larga tradición intelectual que siempre caracterizó a la Orden.




La iglesia ha sido restaurada recientemente, creando un espacio más luminoso y acogedor. Destacan especialmente los murales contemporáneos que decoran el presbiterio, inspirados en la Eucaristía, el Rosario y la acción del Espíritu Santo. Estas obras muestran cómo la tradición dominicana sigue dialogando con el arte actual para transmitir el Evangelio de una manera cercana y llena de belleza.


Nuestro camino continúa hacia Sant Cugat del Vallès, donde se encuentra el Monasterio de Sant Domènec de Guzmán. Este monasterio nació en 2008 gracias a la unión de varias comunidades dominicas de Cataluña y Mallorca, respondiendo al deseo de fortalecer la vida contemplativa y asegurar su continuidad. El edificio, moderno y funcional, ofrece a las monjas un entorno adecuado para desarrollar su vocación de oración, silencio y fraternidad.



La comunidad vive siguiendo el espíritu de Santo Domingo: la contemplación, la celebración litúrgica, el estudio de la Palabra de Dios y la oración constante por las necesidades del mundo. Aunque permanecen en clausura, las hermanas mantienen una profunda cercanía con la sociedad, acogiendo las intenciones de quienes piden sus oraciones y sosteniendo con su vida escondida la misión evangelizadora de toda la Familia Dominicana.


Nuestra última parada nos lleva hasta Vic, ciudad inseparable de la figura de San Francisco Coll, uno de los grandes santos dominicos del siglo XIX. Nacido en Gombrèn en 1812, ingresó muy joven en la Orden de Predicadores. La exclaustración obligó a cerrar su convento antes de ser ordenado sacerdote, pero lejos de desanimarse dedicó toda su vida a recorrer Cataluña predicando el Evangelio mediante misiones populares, catequesis y una predicación sencilla, cercana y profundamente llena de esperanza.



Su amor por Cristo y por las personas más sencillas le llevó a fundar en 1856 la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Comprendió que la educación era uno de los mejores caminos para transformar la sociedad y quiso ofrecer una formación cristiana especialmente a niños, jóvenes y niñas de pequeños pueblos donde apenas existían escuelas. Aquella intuición dio un fruto extraordinario. Hoy las Dominicas de la Anunciata están presentes en numerosos países de Europa, América, África y Asia, desarrollando una intensa labor educativa, pastoral y social.




La Casa Madre de la congregación, situada en Vic, constituye uno de los lugares dominicanos más significativos de Cataluña. Allí descansan los restos de San Francisco Coll, cuya tumba continúa siendo lugar de oración para muchas personas. El edificio reúne iglesia, comunidad religiosa, colegio, biblioteca y tres museos que permiten conocer la vida del fundador y la expansión internacional de la congregación.



Especialmente interesante resulta el museo dedicado al Padre Coll, donde se conservan objetos personales, documentos, libros y recuerdos de su intensa actividad misionera. Otro espacio explica la historia de las Dominicas de la Anunciata y un tercero muestra la presencia de la congregación en los distintos continentes mediante objetos traídos de numerosos países. Todo ello ayuda a comprender cómo una pequeña fundación nacida en Cataluña llegó a extenderse por buena parte del mundo.


Concluimos aquí esta nueva etapa. Hemos recorrido iglesias, conventos, monasterios y casas religiosas donde el espíritu de Santo Domingo continúa plenamente vivo. Si alguna vez viajáis por Cataluña, acercaos a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Barcelona, visitad el Monasterio de Sant Domènec de Guzmán en Sant Cugat del Vallès y dedicad un tiempo a conocer la Casa Madre de las Dominicas de la Anunciata en Vic. En todos ellos encontraréis mucho más que un rico patrimonio histórico y artístico. Descubriréis auténticos lugares dominicanos donde la oración, el estudio, la fraternidad y la predicación siguen iluminando la vida de muchas personas. Será una magnífica oportunidad para seguir profundizando en la riqueza de la Orden de Predicadores y continuar este apasionante viaje por los lugares dominicanos de España.

 


sábado, 25 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (8)


 

Galicia, Asturias y Cantabria.

Seguimos recorriendo los lugares dominicanos de España y nuestro camino nos lleva ahora al norte peninsular. Galicia, Asturias y Cantabria nos reciben con paisajes de una belleza extraordinaria, monasterios llenos de historia y comunidades que, desde hace siglos, mantienen vivo el espíritu de Santo Domingo de Guzmán. En esta etapa descubriremos conventos de frailes y de monjas, santuarios marianos profundamente queridos por el pueblo y lugares donde la oración, la predicación y la acogida siguen formando parte de la vida cotidiana. Son lugares dominicanos que hablan de fe, de cultura y de servicio, y que merecen una visita pausada para conocer mejor la riqueza de la Orden de Predicadores.

En este día en el que celebramos la festividad del Apóstol, comenzamos nuestro viaje en Santiago de Compostela, donde nos espera el Monasterio de Santa María de Belvís, primer convento femenino dominicano fundado en Galicia. Situado en una tranquila colina, alejado del bullicio del casco histórico, este monasterio ofrece uno de los rincones más silenciosos y acogedores de la ciudad.




Las dominicas viven aquí desde hace más de setecientos años dedicadas a la contemplación, la oración y el trabajo. Elaboran bordados litúrgicos, preparan obleas para la celebración de la Eucaristía y son especialmente conocidas por sus deliciosos dulces artesanos, que muchos peregrinos no dejan de comprar antes de abandonar Santiago.




El monasterio posee una característica muy especial: cuenta con dos templos. Por un lado está la iglesia conventual, destinada principalmente a la oración de las religiosas, obra del gran arquitecto Fernando de Casas y Novoa. Junto a ella se encuentra el Santuario de la Virgen del Portal, donde se venera una preciosa imagen gótica del siglo XIII profundamente arraigada en la devoción popular compostelana. La tradición cuenta que la imagen regresaba milagrosamente a la portería cada vez que intentaban trasladarla, motivo por el cual se construyó allí su santuario. Todavía hoy numerosos fieles acuden para encomendarle sus necesidades y agradecer los favores recibidos.

 



Desde Santiago viajamos hasta La Coruña, donde se levanta el histórico Convento de Santo Domingo. La presencia dominicana en la ciudad se remonta al siglo XIII y, aunque el convento original fue destruido durante el ataque inglés de 1589, la comunidad supo levantarse nuevamente construyendo el templo barroco que hoy contemplamos. A lo largo de los siglos los frailes han desempeñado una intensa labor de predicación y formación, difundiendo especialmente la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.




La iglesia conserva un hermoso altar mayor y la venerada imagen de la Virgen del Rosario. Su característica torre, ligeramente inclinada respecto a la fachada, constituye uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la ciudad. Quien entra hoy en este templo descubre un lugar lleno de serenidad donde la oración continúa ocupando el centro de la vida de la comunidad.



También en Vigo (Pontevedra) los frailes dominicos están presentes a través de la Casa del Stmo. Cristo de la Victoria, dedicándose a las tareas pastorales de la parroquia que lleva ese mismo nombre.


Nuestra siguiente etapa nos lleva a Oviedo, donde encontramos el Convento de Santo Domingo, una de las fundaciones dominicanas más importantes del Principado de Asturias. Desde su establecimiento definitivo en 1518, los frailes realizaron una inmensa labor evangelizadora recorriendo pueblos y aldeas, difundiendo especialmente el rezo del Rosario. Gracias a aquella intensa predicación nacieron centenares de cofradías que todavía hoy forman parte de la religiosidad popular asturiana.




La historia del convento estuvo marcada por numerosas dificultades: la ocupación francesa, la desamortización, la revolución de 1934 y la Guerra Civil dañaron gravemente sus edificios. Sin embargo, la comunidad siempre supo comenzar de nuevo. Actualmente los dominicos continúan atendiendo la parroquia, desarrollando una importante labor educativa en el Colegio Santo Domingo y manteniendo vivo el espíritu de la Orden mediante la predicación y la formación cristiana.


Muy cerca de allí encontramos uno de los edificios monásticos más impresionantes del norte de España: la Casa de San Juan Bautista de Corias, en Cangas del Narcea. Este antiguo monasterio benedictino del siglo XI pasó a manos de los dominicos en el siglo XIX y se convirtió en un importante centro de formación de misioneros. Durante décadas, muchos jóvenes se prepararon aquí para llevar el Evangelio a distintos lugares del mundo. 




Hasta Septiembre del pasado año, hubo una presencia de frailes. Actualmente gran parte del edificio funciona como Parador Nacional. Su arquitectura monumental y su entorno natural lo convierten en una visita inolvidable.




En  el mismo Cangas del Narcea podemos visitar el Monasterio de monjas dominicas de Nuestra Señora de la Encarnación Fue fundado en el siglo XVII. El edificio original, ubicado en la calle Mayor de la Villa, fue demolido en 1930, trasladándose la comunidad a un nuevo convento. En su iglesia se conserva un retablo fechado en la segunda mitad del siglo XVIII.


Nuestro viaje continúa hasta Cantabria, donde encontramos uno de los grandes santuarios marianos de la Orden: el Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas. La devoción a la Virgen se remonta a una antigua ermita medieval junto a un manantial de aguas termales que dio nombre al lugar. En 1605 los dominicos asumieron su cuidado y muy pronto el santuario se convirtió en uno de los grandes centros espirituales del norte de España.




Durante los siglos XVII y XVIII fue un auténtico foco de evangelización para toda Cantabria. Miles de peregrinos acudían para venerar a la Virgen, participar en las celebraciones y escuchar la predicación de los frailes. Aunque la invasión napoleónica y la desamortización provocaron graves pérdidas, el santuario recuperó posteriormente todo su esplendor.

La iglesia barroca sorprende por la riqueza de sus retablos dedicados a santos dominicos como Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Siena, San Vicente Ferrer, San Luis Bertrán y San Martín de Porres. El magnífico claustro y el camarín de la Virgen convierten la visita en una experiencia inolvidable. Hoy continúa siendo lugar de peregrinación, retiros espirituales y encuentros de formación cristiana.

Muy cerca se encuentra otro lugar profundamente querido por los cántabros: el Santuario de Nuestra Señora de Montesclaros. Situado en plena naturaleza, este santuario está atendido por los dominicos de Las Caldas y constituye el corazón espiritual de la Merindad de Campoo.




La tradición sitúa el hallazgo de la imagen de la Virgen en el siglo XII, aunque los estudios arqueológicos muestran que el lugar ya era un importante centro cristiano desde muchos siglos antes. Durante generaciones, miles de personas han acudido hasta aquí para agradecer favores, renovar su fe o simplemente encontrar un momento de paz junto a María.

Los dominicos cuidan este santuario desde finales del siglo XVII y continúan acogiendo a peregrinos durante todo el año. Además de las celebraciones religiosas, el santuario dispone de hospedería, organiza retiros, encuentros culturales y actividades de formación, manteniendo vivo el espíritu de acogida que siempre ha caracterizado a la Orden.


Concluimos aquí esta hermosa etapa por Galicia, Asturias y Cantabria. Hemos descubierto conventos históricos, monasterios contemplativos y santuarios marianos donde la familia dominicana continúa anunciando el Evangelio con la misma pasión que inspiró a Santo Domingo hace más de ocho siglos. Si alguna vez recorréis estas tierras del norte, no dejéis pasar la oportunidad de visitarlos. En todos ellos encontraréis mucho más que monumentos históricos: descubriréis auténticos lugares dominicanos donde la oración, la hospitalidad, la predicación y la esperanza siguen estando plenamente vivas, invitándonos a continuar este apasionante viaje por la huella dominicana en España.


miércoles, 22 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (7)


 


Comunidad de Madrid y Toledo


Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos lleva en esta ocasión a la Comunidad de Madrid y a Toledo, tierras donde la Orden de Predicadores ha desempeñado un papel decisivo durante más de cinco siglos. Entre iglesias, conventos y monasterios descubriremos lugares que no son únicamente monumentos del pasado, sino comunidades vivas donde continúa latiendo el carisma de Santo Domingo de Guzmán. Cada lugar que vamos a visitar nos ofrece una forma distinta de acercarnos a la espiritualidad dominicana y a su compromiso con la predicación, la formación y el servicio a la Iglesia; pero unidos por un mismo espíritu: el legado de Santo Domingo de Guzmán.

En Madrid, nuestra primera parada es la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, uno de los santuarios marianos más importantes de España y uno de los lugares dominicanos más emblemáticos del país. Los frailes llegaron aquí en 1523, cuando el emperador Carlos V entregó el antiguo santuario a la Orden de Predicadores. Desde entonces, únicamente las dificultades provocadas por la desamortización del siglo XIX y la Guerra Civil interrumpieron temporalmente su presencia.



A lo largo de estos cinco siglos, Atocha ha sido mucho más que un convento. Fue centro de estudio de filosofía y teología, lugar de predicación y uno de los santuarios más queridos por los madrileños. La devoción a la Virgen de Atocha creció de tal manera que llegó a convertirse en patrona de la Casa Real y en una de las imágenes marianas más veneradas de España. Reyes, soldados, familias y peregrinos acudieron durante generaciones para encomendarle sus alegrías y preocupaciones.



La historia del convento también ha conocido momentos difíciles. Como ya hemos adelantado, la exclaustración de 1836 obligó a abandonar el edificio, que pasó a otros usos. Más tarde, tanto el convento como la iglesia sufrieron incendios y destrucciones durante la Guerra Civil, en la que cinco frailes dominicos entregaron aquí su vida y posteriormente fueron beatificados. Sin embargo, la comunidad nunca perdió la esperanza. Terminada la contienda comenzó la reconstrucción del conjunto, que hoy vuelve a ser uno de los grandes referentes de la presencia dominicana en España. Actualmente alberga la sede del gobierno de la Provincia de Hispania y una comunidad que atiende la basílica, la parroquia, la Archicofradía del Rosario, la Fraternidad Laical Dominicana y numerosas iniciativas pastorales y formativas. Los frailes continúan acogiendo a quienes buscan celebrar los sacramentos, recibir acompañamiento espiritual o simplemente encontrar un momento de silencio en medio del ritmo acelerado de la ciudad.

La visita a Atocha permite además admirar la antiquísima imagen de la Virgen de Atocha. Se trata de la talla más antigua de Madrid. La tradición remonta la devoción a Ntra. Sra. de Atocha a tiempos apostólicos, atribuyendo su realización a San Lucas, siendo traída a España por los discípulos de Pedro. Las crónicas del siglo XVII aseguran que la primera referencia que existe sobre la imagen es un escrito del siglo VII de San Ildefonso, arzobispo de Toledo y la historia del caballero Gracián Ramírez que en el siglo VIII trasladó la imagen de la primitiva ermita al lugar en que hoy se encuentra la Basílica de Atocha. La importancia de esta imagen y su vinculación a Madrid queda más que demostrada en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, donde se hace referencia directa a tres milagros de "Ntra. Sra. de Tocha".



Siempre existió una estrecha relación entre la Casa Real y la imagen de Ntra. Sra. de Atocha, especialmente intensa en tiempos de la dinastía de los Habsburgo y posteriormente con los Borbones. Los miembros de la Familia Real acudían con frecuencia a sus cultos, pasaban por su templo al salir y entrar de Madrid, presentaban a los príncipes ante la imagen, algunos contrajeron matrimonio en la Basílica Real y se encomendaba a la Virgen en momentos de enfermedad o especial dificultad para la nación. Esta relación con la Casa Real sigue viva y por ello, ante la imagen de Ntra. Sra. de Atocha, se encomendaron los entonces Príncipes Felipe y Leticia tras la celebración de su matrimonio en la Catedral de la Almudena.



Desde hace unos años, también se puede admirar en la Basílica la Pila Bautismal de Santo Domingo de Guzmán. En ella fue bautizado el fundador de la Orden en la localidad burgalesa de Caleruega. Tras un largo recorrido histórico, pasando por Valladolid y el antiguo monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid, hoy puede contemplarse en Atocha gracias a la generosidad de las monjas dominicas que la custodiaron durante siglos. La misma pila ha servido también para el bautismo de numerosos herederos de la Corona española, entre ellos la princesa Leonor y la infanta Sofía. Para cualquier dominico constituye un auténtico símbolo de los orígenes de la Orden y un recuerdo emocionante del nacimiento de quien dedicaría su vida a anunciar el Evangelio.



Dejamos ahora el centro de Madrid para dirigirnos al Convento de San Pedro Mártir. Su Iglesia, a primera vista,  sorprende por su arquitectura completamente diferente a la de los templos tradicionales. Diseñada por Miguel Fisac tras el Concilio Vaticano II, constituye una de las iglesias contemporáneas más importantes de España.



Todo el edificio fue concebido para favorecer la participación de la comunidad alrededor del altar. La planta semicircular, el impresionante techo de madera, la iluminación natural cuidadosamente dirigida y el gran crucificado de Pablo Serrano crean un ambiente de profundo recogimiento. Destaca especialmente el inmenso vitral dedicado a la glorificación del martirio, donde aparecen representados santos, mártires dominicos y escenas fundamentales de la historia de la salvación. Más que un simple elemento decorativo, este conjunto artístico ayuda a comprender cómo la belleza puede convertirse también en una forma de predicación. La iglesia continúa siendo un importante centro de formación de la Orden y un lugar donde numerosos jóvenes dominicos preparan su futura misión al servicio de la Iglesia.



Nuestra última parada madrileña nos conduce hasta Alcalá de Henares, ciudad universitaria y cuna de Miguel de Cervantes. Allí encontramos el Convento de Santa Catalina de Siena, donde las monjas dominicas viven desde finales del siglo XVI una intensa vida contemplativa. Su presencia completa la misión iniciada por los frailes dominicos en la ciudad y constituye un hermoso testimonio de la riqueza de la Familia Dominicana.



Las hermanas organizan su jornada alrededor de la oración litúrgica, la Eucaristía, el estudio de la Palabra de Dios, la vida fraterna y el trabajo cotidiano. Desde el silencio de la clausura acompañan con su oración los sufrimientos y esperanzas del mundo: las guerras, la pobreza, la enfermedad, la soledad y tantas situaciones que necesitan esperanza. Ellas mismas recuerdan que la contemplación no significa vivir alejadas de la realidad, sino sostenerla con la oración y la compasión, siguiendo el ejemplo de Santo Domingo.


El convento posee además un notable interés artístico. Su portada plateresca conserva la imagen de Santo Domingo y en el interior destaca un magnífico claustro renacentista con columnas de piedra, capiteles mudéjares y elegantes galerías porticadas. Todo el conjunto invita al silencio y a la contemplación, convirtiéndose en uno de los rincones más bellos de Alcalá de Henares.

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Nuestro viaje continúa hasta la ciudad imperial de Toledo, donde se encuentra el Monasterio de Santo Domingo el Real, uno de los monasterios dominicanos femeninos más antiguos y emblemáticos de España. Fundado en 1364 por doña Inés García de Meneses, ha permanecido durante más de seis siglos como un verdadero oasis de oración en pleno corazón de la ciudad.



La historia de este monasterio está profundamente unida a la monarquía castellana. Entre sus muros profesaron mujeres pertenecientes a la familia real, como doña María de Castilla y doña Teresa de Ayala, estrechamente vinculadas al rey Pedro I. Más tarde residió aquí durante treinta y cuatro años Santa Beatriz de Silva, quien desde este monasterio maduró la inspiración que daría origen a la Orden de la Inmaculada Concepción. También desde Santo Domingo el Real partieron religiosas para fundar nuevos conventos dominicos en distintas ciudades de España.

El monasterio conserva un patrimonio artístico excepcional. Sus claustros, levantados entre los siglos XV y XVII, constituyen algunos de los rincones más hermosos de Toledo. Destacan el Claustro del Moral, el Claustro del Rosal y el patio de San Martín de Porres, que forman un conjunto arquitectónico lleno de serenidad. La iglesia renacentista, construida en el siglo XVI, sorprende por su elegante nave, su magnífica cúpula y el gran retablo barroco que preside el altar mayor. A ello se unen artesonados mudéjares, pinturas, esculturas y valiosas obras de orfebrería que convierten la visita en una auténtica lección de historia del arte.



Las hermanas mantienen una tradición artesanal muy conocida en Toledo: el damasquinado, delicada técnica que incrusta hilos de oro y plata sobre acero pavonado. Gracias a este trabajo sostienen económicamente la comunidad y conservan uno de los oficios más característicos de la ciudad. Su labor demuestra cómo oración y trabajo continúan caminando unidos en la vida dominicana.


Nuestro viaje concluye en Ocaña, donde se encuentra el histórico Convento de Santo Domingo, uno de los lugares más importantes de la historia misionera dominicana. Todo comenzó en 1526, cuando dos frailes llegaron a predicar la Cuaresma. La acogida fue tan entusiasta que muy pronto el pueblo pidió la fundación de un convento. Con la ayuda del emperador Carlos V y la colaboración de los vecinos comenzaron las obras del nuevo edificio, que acabaría convirtiéndose en un auténtico semillero de misioneros.



Durante siglos este convento formó a algunos de los grandes evangelizadores de Extremo Oriente. Desde aquí partieron hacia Filipinas, China, Japón, Vietnam y otros países más de setecientos cincuenta dominicos, muchos de los cuales nunca regresarían. Entre ellos hubo santos, beatos, obispos, arzobispos y mártires que entregaron su vida anunciando el Evangelio en circunstancias muy difíciles. Pocas casas dominicanas pueden presentar una historia misionera tan extraordinaria como la de Ocaña.



Tras superar momentos muy difíciles, especialmente durante la desamortización y la Guerra Civil, el convento volvió a convertirse en lugar de formación y continúa hoy desarrollando una intensa actividad pastoral.




Uno de sus mayores atractivos es el Museo Porticum Salutis, que permite conocer la apasionante aventura misionera de los dominicos de la Provincia del Rosario en Extremo Oriente. A través de objetos procedentes de Filipinas, China, Japón y otros países, junto con numerosas obras de arte religioso, el visitante descubre la enorme dimensión universal de la Orden de Predicadores. La visita concluye con la Sala Salutis, un recorrido por la historia de la salvación mediante un centenar de esculturas y creaciones de gran valor artístico.


Concluimos aquí nuestra etapa por los lugares dominicanos de Madrid, y Toledo.. Hemos conocido un gran santuario mariano, una iglesia que une fe y arquitectura contemporánea, dos monasterios donde la oración continúa siendo el corazón de la vida dominicana y un convento desde el que partieron centenares de misioneros hacia Asia. Todos ellos siguen abiertos y llenos de vida, ofreciendo acogida, formación, celebración y espacios para el encuentro con Dios. Si viajáis por estos lugares, reservad un tiempo para conocer la huella dominicana en ellos. Descubriréis mucho más que un valioso patrimonio histórico y artístico: encontraréis comunidades que mantienen vivo el espíritu de Santo Domingo de Guzmán y que continúan anunciando el Evangelio con la misma ilusión de hace más de ocho siglos. Estamos seguros de que esta visita os ayudará a comprender mejor la riqueza de la Orden de Predicadores y os animará a seguir recorriendo con nosotros este apasionante viaje por los lugares dominicanos de España.


sábado, 18 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (6)

 



Tenerife y Teror (Gran Canaria)

 

Las Islas Canarias guardan una hermosa presencia dominicana que combina historia, devoción, educación y servicio a las personas. Dos lugares destacan especialmente por su importancia y por la huella que han dejado en la vida de las islas: la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria, en Tenerife, y el convento Scala Coeli de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia, en Teror, Gran Canaria.

Comenzamos nuestro recorrido en Candelaria, uno de los lugares más queridos por todos los canarios. Allí se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria, donde se venera a la Patrona de Canarias. Los dominicos están ligados a este santuario desde el año 1530, cuando recibieron la custodia de la imagen de la Virgen y de la pequeña capilla que la albergaba.




La historia de este lugar está llena de acontecimientos. Un gran incendio destruyó el antiguo convento y el santuario en 1789, aunque la imagen de la Virgen pudo salvarse. Los frailes comenzaron entonces una larga reconstrucción que culminó en el siglo XX con la basílica que hoy podemos contemplar. Durante siglos, además de cuidar el culto, los dominicos impulsaron la educación gratuita, ayudaron a los enfermos y promovieron numerosas actividades culturales para la población.

El convento, situado junto a la basílica, conserva un bonito claustro y un interesante museo donde se guardan objetos relacionados con la Virgen de la Candelaria y con la historia de la presencia dominicana en las islas. Hoy los frailes continúan atendiendo el santuario y manteniendo vivas las celebraciones que reúnen cada año a miles de peregrinos.




Además de su riqueza artística y religiosa, el conjunto ofrece un ambiente de serenidad junto al mar que invita al recogimiento y a la contemplación. No es extraño que siga siendo uno de los lugares más visitados y queridos de Canarias.

 

Nuestra segunda parada nos lleva a Teror, en Gran Canaria. Allí se encuentra el convento Scala Coeli de las Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia.

Las Hermanas Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia son una congregación religiosa, fundada por el obispo dominico español José Cueto y Díaz de la Maza y la Madre Pilar Prieto Vidal en Las Palmas de Gran Canaria, el 12 de junio de 1895.​ Su misión principal ha sido siempre la educación y la promoción de la mujer, así como la presencia en lugares donde los medios económicos y la situación social son precarios. Además de en Canarias, actualmente están presentes en la Península, Bolivia, Chile, Venezuela y Camerún.

El convento o casa de espiritualidad de Scala Coeli, en Teror se fundó en 1925. Un ala del convento se destinó a internado para niñas y jóvenes del archipiélago.

Durante muchos años fue un importante centro educativo y hoy continúa desarrollando una valiosa labor espiritual. Sus instalaciones se utilizan para retiros, encuentros y actividades religiosas, ofreciendo un espacio ideal para quienes buscan tranquilidad, reflexión y encuentro con Dios.




El convento destaca por sus amplios corredores, sus balconadas tradicionales y sus cuidados jardines interiores, teniendo un lugar privilegiado nuestra Señora del Pino. Desde la zona más elevada del recinto, en la montaña de la Atalaya, se pueden contemplar unas vistas espectaculares de Teror y de buena parte de la isla. Es un lugar donde la belleza del paisaje y la serenidad del entorno ayudan a desconectar del ritmo acelerado de la vida cotidiana.

 



Tanto Candelaria como Teror son lugares que reflejan perfectamente el espíritu dominicano: oración, acogida, formación y servicio a los demás. Son espacios llenos de historia, pero también de vida y de futuro.

Por eso, si alguna vez viajáis a las Islas Canarias, os animamos a acercaros a estos rincones tan especiales. Visitad la Basílica de la Candelaria, pasead por el convento dominico y disfrutad de la tranquilidad de Scala Coeli en Teror. Seguro que encontraréis belleza, serenidad y una acogida que os hará sentir como en casa. Merece la pena descubrir estos lugares y dejarse sorprender por todo lo que tienen que ofrecer.


miércoles, 15 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (5)

 



SALAMANCA, VALLADOLID, LEON, TORO Y PALENCIA


Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos conduce ahora por las tierras de Salamanca, Valladolid, León, Toro (Zamora) y Palencia. Tierras donde la historia de la Orden de Predicadores ha dejado una huella profunda. Vamos a poder descubrir lugares vivos donde todavía hoy continúa la misión iniciada por Santo Domingo de Guzmán hace más de ochocientos años.

Nuestra primera parada es la histórica ciudad de Salamanca, donde se levanta el majestuoso Convento de San Esteban, una de las obras más representativas de la presencia dominicana en España. Los frailes llegaron a la ciudad en el siglo XIII y, con el paso del tiempo, hicieron de este convento uno de los grandes centros de estudio, oración y predicación de la Orden. Su impresionante fachada plateresca, considerada una de las más bellas del Renacimiento español, es solo el comienzo de un recorrido que sorprende por la riqueza artística de su iglesia, el magnífico retablo barroco diseñado por José de Churriguera, los elegantes claustros y la célebre Escalera de Soto, una auténtica obra maestra de la arquitectura renacentista.




Pero la grandeza de San Esteban no se encuentra únicamente en sus piedras. Durante siglos fue un referente del pensamiento cristiano gracias a figuras como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto o Melchor Cano, protagonistas de la Escuela de Salamanca. Sus enseñanzas sobre la dignidad de la persona, la justicia y los derechos de los pueblos siguen siendo admiradas en todo el mundo. 



Hoy los dominicos continúan desarrollando una importante labor académica y evangelizadora a través de la Facultad Pontificia de Teología San Esteban, la Editorial San Esteban, cursos de formación y numerosas actividades culturales abiertas a toda la sociedad. Visitar este convento significa descubrir cómo tradición y actualidad siguen caminando juntas.



Justo enfrente de San Esteban, podemos visitar el Monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, conocido cariñosamente como Las Dueñas. Fundado en 1419, conserva uno de los claustros platerescos más originales de nuestro país, con una singular planta pentagonal que lo convierte en una auténtica joya arquitectónica. 




Tras sus muros vive desde hace más de seis siglos una comunidad de monjas dominicas contemplativas que mantiene viva la espiritualidad de Santo Domingo mediante la oración, el trabajo y la acogida silenciosa de quienes llaman a sus puertas. Su presencia recuerda que la predicación también nace del silencio y de una vida entregada completamente a Dios.


Dejamos atrás la capital salmantina para dirigirnos hacia uno de los lugares más emblemáticos de la espiritualidad dominicana: el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia. La carretera asciende entre montañas hasta alcanzar los más de 1.700 metros de altitud donde se levanta este santuario mariano, desde el que se contemplan paisajes extraordinarios de la Sierra de Francia, Las Hurdes, Portugal y la llanura castellana.



La tradición recuerda que fue Simón Vela quien encontró aquí una antigua imagen de la Virgen en el siglo XV. Poco después los dominicos asumieron el cuidado del santuario y desde entonces han acogido a generaciones de peregrinos y visitantes. El conjunto está formado por la iglesia, el convento, varias capillas y una hospedería donde es posible descansar y disfrutar del silencio de la montaña. La devoción a la Virgen de la Peña de Francia traspasó hace siglos las fronteras españolas gracias a los misioneros dominicos, llegando a América y Filipinas, donde continúa siendo profundamente venerada. Quien llega hasta este lugar comprende enseguida por qué sigue siendo uno de los grandes centros de peregrinación mariana de España.

Nuestro viaje continúa hacia Valladolid, donde la Orden de Predicadores escribió algunas de las páginas más brillantes de su historia. El conjunto formado por el Convento de San Pablo y el Colegio de San Gregorio constituye uno de los monumentos más importantes de la ciudad. El convento, impulsado por las reinas Violante y María de Molina y enriquecido posteriormente por destacados dominicos, sorprende por su espectacular fachada gótica, considerada una de las más bellas de España.




Junto a él nació el Colegio de San Gregorio, destinado a la formación de los mejores estudiantes de la Orden. Durante siglos fue uno de los centros teológicos más prestigiosos de Castilla y desde sus aulas salieron grandes predicadores, profesores y misioneros que llevaron el Evangelio a numerosos países. Hoy los dominicos mantienen una intensa labor pastoral y docente mediante escuelas de teología, actividades culturales, publicaciones y diversas iniciativas de formación. El antiguo colegio alberga actualmente el Museo Nacional de Escultura, una visita imprescindible para quienes aman el arte español.





Nuestro siguiente destino es León, donde nos espera la moderna Basílica de la Virgen del Camino. Aunque la presencia dominicana en estas tierras comenzó ya en el siglo XIII, el actual santuario nació en la segunda mitad del siglo XX gracias al impulso del benefactor D. Pablo Díez y al proyecto del arquitecto dominico fray Francisco Coello de Portugal. El edificio constituye una magnífica muestra de arquitectura religiosa contemporánea. Las esculturas de José María Subirachs y sus luminosas vidrieras hacen que el visitante descubra un templo muy distinto de los habituales, pero lleno de simbolismo y belleza.




Miles de peregrinos del Camino de Santiago hacen aquí un alto para rezar ante la Virgen del Camino. Los frailes dominicos siguen atendiendo diariamente el santuario, organizando ejercicios espirituales, acompañando a los peregrinos y ofreciendo un espacio privilegiado para el descanso interior y el encuentro con Dios.




Nuestra ruta nos conduce ahora hasta Toro, donde se encuentra el histórico Real Monasterio del Sancti Spiritus. Fundado en el siglo XIV por Teresa Gil de Portugal, este monasterio dominicano reúne un extraordinario patrimonio artístico. Su magnífico artesonado mudéjar, los sepulcros reales, el elegante claustro renacentista y el museo permiten comprender la importancia que tuvo este lugar en la historia de Castilla.




Sin embargo, el verdadero corazón del monasterio continúa siendo la comunidad de monjas dominicas que lo habita desde hace más de siete siglos. Gracias a ellas, este lugar no es solo un museo, sino un auténtico monasterio vivo donde la oración sigue marcando el ritmo de cada jornada. Incluso es posible alojarse unos días y disfrutar del ambiente de paz que caracteriza a esta comunidad contemplativa.


La última etapa de nuestro recorrido nos lleva hasta Palencia, ciudad profundamente unida a la juventud de Santo Domingo de Guzmán. Fue aquí donde realizó sus estudios y donde protagonizó uno de los episodios más conocidos de su vida: vender sus valiosos libros para ayudar a los pobres durante una terrible hambruna. Ese gesto sigue siendo hoy un magnífico ejemplo del espíritu dominicano, capaz de poner siempre el conocimiento al servicio de la caridad.




La tradición afirma que el Convento de San Pablo fue fundado por el propio Santo Domingo. Su iglesia conserva magníficos retablos, sepulcros y obras de arte, mientras la comunidad de frailes continúa desarrollando una intensa actividad pastoral y de acogida. Muy cerca se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad, donde las monjas dominicas mantienen una vida contemplativa marcada por la oración y el trabajo. Su iglesia barroca, la belleza de su conjunto arquitectónico y la fama de sus dulces artesanos, especialmente las tradicionales herraduras de hojaldre, convierten este monasterio en una visita muy especial para cuantos llegan a Palencia.





Como habéis podido comprobar, todos los anteriores lugares tienen algo en común: siguen siendo lugares vivos, donde frailes y monjas continúan anunciando el Evangelio con el mismo espíritu de Santo Domingo. Si viajáis por estas tierras, acercaos a conocerlos. Además de contemplar su patrimonio, compartid unos minutos con sus comunidades y descubrid de primera mano el carisma dominicano.