Así se llamaron –dicen
los historiadores- los Padres dominicos en un principio. Y ello porque la
denominada “Madre del amor hermoso”, la más bella de todas las criaturas,
estará siempre unida a todo dominico –sea de la rama que sea-. Ese nombre
recordaba las relaciones que los dominicos deben –debemos- tener con ella, y
que ella ha tenido siempre para con nosotros.

No es posible adivinar,
ni siquiera ligeramente, todo lo que los dominicos le debemos, y todo lo que ha
hecho por nosotros. Quien quiera saberlo debe acudir a historias dilatadas, y
allí hallará que si los Dominicos han sabido, a María se lo deben; que si su
Orden ha tenido hombres grandes, María se los ha procurado; que si han hecho
fruto en los pueblos, María ha dado virtud a sus palabras; que si se han
santificado, María ha hecho la costa; y que si, en fin, aún son algo es porque
María los protege, y les hace con su manto una sombra todo-poderosa.
(Del “Compendio
histórico de las vidas de los santos canonizados y beatificados del sagrado
Orden de Predicadores”, de Fr. Manuel Amado. Madrid. 1829).
A.-J. R. H.
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