martes, 7 de octubre de 2014

Hoy la Iglesia celebra la festividad de Nuestra Señora del Rosario




Fray Luis de Granada y el Rosario de Nuestra Señora

En el año 1573 escribió las “Meditaciones de la vida de Cristo”. El último de los capítulos se titula “De cuán excelente sea la devoción del rosario de Nuestra Señora y de los quince misterios que contiene”.

             Es sumamente importante tener en cuenta el testimonio que nos ofrece el santo y sabio predicador de Granada, porque en él expresa la experiencia que, como dominico, vivía en su comunidad –desde Santa Cruz la Real de Granada hasta Santo Domingo de Lisboa- con el rezo del Rosario. Lo mismo que predicaban él y sus hermanos dominicos en la España del Siglo de Oro, ofreciendo en el Rosario una aplicación pastoral y espiritual de los misterios de la salvación a la vida cristiana. El método del rezo del Rosario, que en el siglo XVI tenía la Orden de Predicadores, es el mismo que se rezaba hasta principios del siglo XXI: el mismo que Santa María Bernarda Soubirous rezó ante la Virgen en Lourdes en el siglo XIX, y los beatos Francisco y Jacinta, con su prima sor Lucía, recitaron ante la Virgen en Fátima en el siglo XX. El Rosario que María recomendó a la humanidad en Lourdes y Fátima fue ampliado a veinte misterios por Juan Pablo II el 16 de octubre de 2002.

             He aquí lo que escribía Luis de Granada:

             “Pues en este libro (Meditaciones de la vida de Cristo) se ha tratado hasta aquí de los principales misterios de la vida de nuestro Salvador, es ahora de saber que, entre otros muchos frutos para que sirve esta doctrina, uno de ellos es saber por aquí la historia de los misterios del Rosario: y por esto me pareció dar aquí brevemente la razón por la cual esta devoción es tan universal y tan celebrada en la Iglesia cristiana, y declarar cuáles sean los misterios que comprende, para que con mayor estudio y diligencia los devotos de nuestra Señora se apliquen a ella.

            “Es, pues, ahora de saber que el principio de toda nuestra bienaventuranza consiste en el conocimiento de Dios. Mas a este soberano Señor no podemos en esta vida conocer en sí mismo sino en sus obras, y entre éstas las más excelentes fueron las de la sagrada humanidad. De donde se sigue que éste es el medio más excelente que hay para venir en conocimiento de la soberana deidad, por medio de la sagrada humanidad. Y así no es otra cosa la devoción del Rosario, si se aplica como conviene, sino meditación de los principales misterios de la vida de nuestros Salvador y de su santísima Madre, los cuales andan juntos, porque en todos ellos entrevino la Virgen nuestra Señora como su Hijo bendito, mayormente en los de su santa niñez. 

             “Y para los que no están ejercitados en esta devoción, advertimos aquí que ella se reparte en quince misterios principales de la vida de nuestro Salvador y de su santa Madre, que son cinco gozosos, y cinco dolorosos, y otros cinco gloriosos.

             “Los cinco primeros gozosos son: la anunciación del ángel a nuestra Señora, la visitación a Santa Isabel, la natividad del Salvador, la adoración de los Reyes Magos, la purificación de nuestra Señora y presentación de su Hijo en el templo, o cuando después de perdido lo halló en el mismo templo.

             “Los cinco dolorosos son: la oración del huerto, los azotes a la columna, la coronación de espinas, el llevar la cruz a cuestas, el ser crucificado en ella, con lo cual se junta el oficio de la sepultura y la soledad de nuestra Señora.

             “Mas los cinco misterios gloriosos son: la resurrección del salvador, con el aparecimiento a la sagrada Virgen y a los discípulos, la subida al cielo, en la cual piadosamente creemos haberse hallado la Virgen Santísima, porque justo era que la que se halló presente a los dolores del monte Calvario, no careciese de la fiesta y gloria del monte Olivote. El tercer misterio glorioso fue la venida del Espíritu Santo, a la cual esta Virgen se halló presente con los discípulos y discípulas de su Hijo. El cuarto fue su gloriosa asunción, y el quinto, la gloria de su coronación.

             “Pues el que quiere cumplir con esta devoción, no se ha de contentar con rezar secamente las Avemarías que el Rosario comprende, sino, rezando con la boca, debe el corazón ir rumiando y meditando estos misterios susodichos, deteniéndose en cada uno con la devoción que el Espíritu Santo le administrare. Para lo cual le servirá todo lo que se ha tratado en este libro acerca de los misterios de la vida del Salvador, porque, habiéndolos primero leído con atención y devoción, ellos le darán motivos y consideraciones para despertar su devoción, humillándose primero, y pidiendo a nuestro Señor le quiera dar el sentimiento entrañable de lo que él en este mundo por nosotros hizo y padeció. Porque él solo es el que da a los humildes y diligentes el verdadero sentimiento de estos misterios.

             “Pues con esta devoción, que pertenece a la gloria del Hijo y de la Madre, alcanzará el hombre la gracia y favor de ambos, para que le sean favorables en todos los negocios y trabajos de esta vida, y mucho más en el postrer trance de la muerte, para que, ayudado en este paso, vaya a gozar y ver esta santa Virgen con su precioso Hijo en el cielo. Al cual sea honra y gloria en todos los siglos de los siglos. Amén.”