El fin de semana del 3 al 5 de junio tuvo lugar en nuestra Casa el retiro anual de Pentecostés, con el título "Inspirados por Dios, atraídos por su Espíritu". Agardecemos a Edu -una vez más- la estupenda presentación con la quer resume este encuentro. Y por supuesto agradecemos también a quienes participásteis y a quienes desde la distancia estuvísteis unidos a nosotros.
Ese que quita los miedos y abre puertas y ventanas. Ese que no deja nada en su sitio, que todo lo transforma y enriquece. El que hace valientes a los cobardes y permite la comunicación con los extraños. El que se esconde detrás de las heridas en todos los costados, los brazos, los pies rotos de lo humano. El que fecunda las vidas estériles, y se hace carne en proyectos imposibles. El que da las fuerzas para liberar a los cautivos, devolver la vista a los ciegos y anunciar el año de gracia del Señor. El que se recibe a oscuras y se transmite en oración y silencio. El que se esconde en la Palabra y se alimenta en la fraternidad… Ese es el mismo que mantiene viva, resucitada, real, actual la presencia del Señor entre nosotros…. Puedes decir que no lo ves, o que dudas; que no lo comprendes o que lo rechazas. Pero no puedes decir que no lo sientes… Es el Resucitado en ti, en la vida, en la Historia, en los lugares más hondos de tu propia vida. Dios contigo, ahora y siempre… Hoy comienza y se realiza la Nueva Pascua en tu vida.
Para anunciar hemos inventado miles de medios de comunicación y hemos preparado a grandes profesionales de la palabra. Son expertos en anuncios los canales de TV que con refinadas técnicas dan noticias o venden productos de todo tipo. Y se nos ha olvidado que anunciar es una de las tareas más bonitas y hondas que puede y debe hacer cada ser humano. ¿Qué anuncian tus hechos? ¿A quién anuncias con tu vida? Tus valores y actitudes, tu modo de afrontar problemas… Toda nuestra vida es anuncio, testimonio. “De lo que está lleno el corazón habla la vida” parafraseando al Maestro… Quizás se ha perdido la maravillosa vocación de transmitir lo bueno, las grandes y más vitales noticias, lo esencial e indispensable, lo profundo. Cualquier cosa no es anuncio, sino comercio… Las cosas pequeñas, sencillas, los valores del reino necesitan vidas que los asuman para anunciarlos… Como guinda a esta Pascua, ¿estás dispuesto a ofrecer la tuya?
Y casi al final, la palabra del principio. La que dio comienzo a toda la aventura. Una pregunta por el amor, y una invitación al compromiso. Somos bautizados no por una elección calculada, pensada fríamente, con unas condiciones… sino por una invitación respondida en fragilidad y madurada en el tiempo. Sin saber muy bien sus consecuencias. Hemos sido elegidos para amar, por encima de todas sus precariedades. Para seguir intentándolo a pesar de ello. El corazón de la vida resucitada no es más que eso: amar. No es cumplir una doctrina fría o una moral pesada o unos ritos arcaicos. Se trata de amar, sólo de amar… Siente en este día cómo el Resucitado -igual que a Pedro- te vuelve a convocar como si fuera la primera vez. Síguelo como si fuera la primera vez…
Sin comunicación no podemos vivir. Jesús expresó su vida entera por los caminos de Galilea, demostró su amor sin límites clavado en la Cruz, y derrochó vida abundante ya resucitado. Pero, ¿se puede seguir comunicando cuando su presencia física ya no es palpable y visible? Cuando no se ve claramente al mensajero es fácil distorsionar el mensaje y empobrecerlo. Convertirlo en norma y hasta en ideología. Cristo vive en su Espíritu, que es presencia real y actual, que garantiza una comunicación auténtica, que tiene autoridad. El Resucitado está más cerca de lo que creemos...
Nunca el lenguaje humano fue cosa fácil. Entendernos fue toda una ventura en Babel. Sin Espíritu, con los solos deseos de competitividad no puede existir la comunicación. Pentecostés comienza cuando el Resucitado invita a reconciliar (“a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados…”), cuando en lo hondo de los hombres surge el deseo de comprender, justificar, crecer juntos y hacer camino. Para que exista el Espíritu, y actúe, se requiere una disposición previa de escucha y de disponibilidad...
El Espíritu, la comunicación iguala pero no confunde. Nos permite unirnos sin dejar de ser diferentes. Comprendernos sin ser semejantes. Cada uno en su especificidad refleja un rasgo de la lengua de Dios. Por eso necesitamos no renunciar a nuestra originalidad, sino ponerla al servicio de lo común. Valorarla, respetarla, apreciarla como un don de Dios a la pluralidad de sus criaturas. Un coro infinito de voces que hablando diferente puede entenderse.
La comunicación, el Espíritu, nos permite vivir sin miedo. Abrir puertas y ventanas, romper inseguridades. Descubrir en la diferencia del otro y de su palabra la grandeza de Dios manifestada en lo diverso. Donde hay Espíritu el otro es mi hermano, no mi rival. El Espíritu se nos regala en este día y siempre. La comunicación se construye con nuestro esfuerzo, de acuerdo a esos presupuestos. Donde hay Espíritu hay entendimiento, comunicación y diálogo.