miércoles, 3 de octubre de 2018

1ª Conferencia Bicentenerario Beatificación P. Posadas


BICENTENARIO DE LA BEATIFICACIÓN DEL P. FRANCISCO POSADAS  (1818 – 2018)

EL P. POSADAS Y SU VIDA EN SCALA COELI

P. Mariano del Prado, O.P.

           INTRODUCCIÓN
    
     En el ańo 2013, cuando celebramos el III centenario de su muerte, en la Revista Escala Romera que edita la Real y Fervorosa Hermandad del Santísimo Cristo y San Álvaro de Córdoba, decíamos que en la historia del Santuario de Santo Domingo de Scala Coeli hay cuatro figuras seńeras que a lo largo de los siglos han ido marcando la vida, tanto interior como exterior, de este enclave dominicano en nuestra Sierra cordobesa.

     A principios del siglo XV, San Álvaro de Córdoba, quien lo fundó en 1423, que con su vida de santidad, su teología de la cruz y todo su bagaje apostólico y espiritual y la fundación en este entorno, en 1425,  de la devoción del Vía Crucis, perpetuó para siempre su memoria en lo más profundo del sentir cordobés y cristiano que aún pervive entre nosotros.

     Fray Luis de Granada, en el siglo XVI, durante los diez ańos que vivió en Santo Domingo compartió su saber y elocuencia en la predicación y en sus escritos, y nos dejó la mejor muestra de cómo se puede ser no sólo gran  observante, sino también gran observador, especialmente en su condición de amante de la naturaleza, convencido que a través de ella se puede llegar a los más altos valores, especialmente al Creador de todo. Y así lo dejó plasmado sobre todo en su gran obra, El Símbolo de la Fe.

     El Beato Francisco de Posadas, siglo XVII, que entró en la Orden en este Convento de Scala Coeli, donde recibió el hábito dominicano, el 23 de Noviembre de 1672; tenía 28 ańos. Gran predicador y mejor sucesor del legado espiritual y humano que nos dejara San Álvaro de Córdoba y su inmediato sucesor, Fray Luis de Granada.

     El padre Lorenzo de la Concepción Ferrari, siglo XVIII, Conde de Cumbre Hermosa, que también recibió el hábito dominicano en este convento. A él se le debe la joya del barroco cordobés que alberga en la actualidad y que podemos contemplar en la iglesia del Santuario, y que a su vez, es un cuidadoso monumento e historia de la Orden de Predicadores.

     Como este ańo 2018 celebramos el Bicentenario de la beatificación del beato Francisco de Posadas, tercera figura seńera, en orden cronológico de la historia de este Santuario, la Comunidad de Dominicos de Scala Coeli juntamente con la Fraternidad de Dominicos Seglares de Santo Domingo y P. Posadas, y la Real Hermandad del Santísimo Cristo y San Álvaro de Córdoba, hemos querido organizar una serie de Actos con el fin de perpetuar su memoria  y, a la vez , que nos sirva de acicate para poder vivir nuestra vida de creyentes  con la máxima coherencia como supo vivirla él.

     Supongo que tendréis en vuestro poder el Programa editado para esta efemérides. Y aquí estamos, pues con esta conferencia que se me ha encomendado con ese motivo de  los 200 ańos de su beatificación, que hace 3 días  se cumplieron, el 20 de Septiembre, cuyo título ya lo sabéis: “El P. Posadas y su vida en Scala Coeli”. Dos puntos centrales, pues,del contenido de esta exposición: El P. Francisco de Posadas y Scala Coeli. Y un Epílogo final.


             P. FRANCISCO DE POSADAS

     Gracias a otro cordobés nacido en Rute allá por el ańo 1666, Fray Pedro de Alcalá, conocemos hoy  al P. Posadas con precisión, como nos comenta el P. Álvaro Huerga en su libro “Escalaceli”, el mejor libro de investigación, hasta el momento, sobre este Santuario, de obligada consulta también en estos temas.
      Fray Pedro de Alcalá, dominico del Convento de San Pablo, fue confesor, confidente y biógrafo del P. Posadas. Se dispone,  a escribir la Vida del Padre Posadas, que vio la luz el ańo 1727, haciendo realidad la  idea acariciada desde hacía ańos.


      El P. Posadas nace en Córdoba el 25 de noviembre de 1644 y fue bautizado en la Parroquia de San Andrés Apóstol el 4 de diciembre de ese mismo ańo. Toma el hábito dominicano en Scala Coeli el 23 de noviembre de 1662, a la edad de 18 ańos, a eso de las 10 de de la noche. Hace el noviciado en Jaén, donde profesa el 25 de noviembre 1663. Cursa los estudios eclesiásticos (Artes y Sagrada Teología) en San Lucar de Barrameda, ya que en el Convento de San Pablo de Córdoba no lo recibieron, como tampoco lo habían recibido cuando un ańo antes solicitó entrar para ser dominico, por su baja condición social. Tanto en el noviciado como en San Lucar se granjeó una extraordinaria estima por su talento y virtud. A finales de 1668, lo encontramos en Guadix, donde el Obispo Diego de Silva y Pacheco le ordena de sacerdote el 22 de diciembre del mismo ańo. Celebra la Primera Misa en el altar de la Virgen de la Fuensanta, grandes devotos, tanto él como su madre. Ella  había acudido   a la Virgen de la Fuensanta, implorando fecundidad y prometiéndole que el primer fruto de sus entrańas  a ella se lo entregaría.
    
Regresa a Sanlucar y  es donde termina la carrera y estrena el oficio de confesor y predicador. Y nos dice el P. Álvaro Huerga que desde el principio en el joven predicador ya brillaban la santidad y la sabiduría amasadas con una profunda humildad. Quisieron llevárselo a Roma por la fama de la maravilla de sus sermones, pero “sería infidelidad a la vocación, contestó él, buscar cátedra en lugar de púlpito”. Y prefiere  la soledad de Scala Coeli, donde irá forjando día a día la extraordinaria figura de su santidad. Scala Coeli será siempre su refugio espiritual para la oración, el estudio y el lugar propicio para sus penitencias. Pedro de Alcalá nos dice que en Scala Coeli, “con deliciosa ingenuidad de nińo grande, sońaba con ser predicador de verdad, a lo Santo Domingo, y se ensayaba en la predicación a los árboles en el ínterin que no era enviado a los hombres…. Muy pronto será enviado a ejercer el  ministerio a que Dios lo eligió” (Vida del P. Posadas 1627, pág. 65 y 66) Y es destinado, en 1674, con 29 ańos , al Hospitalico que el convento de Scala Coeli poseía en Córdoba, que desde muy antiguo había sido un hospital llamado de San Bartolomé. Y aquí vivió como vicario, como confesor, como predicador, como colector de limosnas para que la Comunidad de Scala Coeli pudiera subsistir,  espejo de dominicanismo vivo, y convirtiéndose en el mejor adalíz de caridad con los más necesitados y como maestro espiritual.  Era tal la actividad del P. Posadas, que muy pronto los cordobeses le llamaron el Hospitalico del P. Posadas. Desde esta residencia Córdoba se convierte en púlpito  de predicación. Desde aquí, salió a las plazas y calles de córdoba a predicar, a evangelizar. El amor por la predicación fue tal, que viendo la multitud de gente que lo quería escuchar,  en la plaza de la Corredera, que en su tiempo se construyó, cuenta su biógrafo Pedro de Alcalá, “…trató  sacar el púlpito de la inmediata iglesia de Nuestra Seńora del Socorro. Poníanlo en medio de la plaza, para que no solamente los moviese la dulcísima voz que entraba por los oídos, sino también el espíritu de Dios que en sus acciones y semblantes admiraban los ojos”. Referente a esta plaza, aunque no sea el tema que a mi me toca, dada la  gran preocupación y acción social del P. Posadas,  diría: “Quisiera tener un pan tan grande como la plaza de la corredera para hacer rebanadas y mitigar el hambre de los pobres”.
     El 20 de Septiembre de 1713, a las 19,30 h. muere, a la edad de 69 ańos menos  dos meses y cinco días, después de una jornada de trabajo cotidiano y haberse despedido de los que aquel día acudieron al Hospitalico. Las honras fúnebres se celebraron en el Real Convento de San Pablo de Córdoba, donde fue enterrado, haciéndole hijo adoptivo del mismo. No lo habían querido recibir vivo, y lo recibieron muerto. Tocaron todas las campanas de la ciudad, el pueblo acudió en masa a venerarlo y por ello se tubo que retrasar el entierro 2 días. Pío VII lo beatifico el 20 de septiembre de 1818.
    
      Evangelizador de sus conciudadanos, profeta en su tierra, misionero incansable de Andalucía,  maestro de lejanas tierras con su pluma. Gran maestro espiritual y seguidor de la cruz, emulando a San Álvaro y a Fray Luis de Granada. De él dejó escrito D. Juan de Ferrer, decano de la Real Academia y Bibliotecario Mayor de la Librería de Su Majestad en 1727, con motivo de la aprobación de la obra de su Vida por parte de la Casa Real: “El mayor lustre de las ciudades es el soberano esplendor de la santidad de sus hijos… y la Divina Providencia ha querido darle a Córdoba nuevo lustre, nuevo honor y nueva gloria con el Venerable Siervo de Dios, el Presentado  Fray Francisco de Posadas, natural de ella y estrella portentosa de la Orden de Santo Domingo…” Y lo califica como “Vesubio” de Caridad.

El Dr. Antonio Domínguez Ortiz, en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa de nuestra Universidad Cordobesa, en 1980, que versó sobre el P. Posadas, entre otras muchas cosas de interés, dijo que el P. Posadas llegó a convertirse en el hombre más influyente y respetado de la ciudad. El hijo de la vendedora (que así se le conocía), a quien le habían rechazado los frailes de San Pablo, era a finales del siglo XVII, el oráculo al cual todos le consultaban.

     Sus escritos son profundos y abundantes. Sus amigos que se admiraban de que pudiese predicar tanto, nos dice su biógrafo Pedro de Alcalá (vida, Pg. 89), se sorprendían aún más de que con el ajetreo que llevaba, hallase huecos para escribir tanto. Destacamos entre otros por orden cronológico:
 1.  La Vida y virtudes del padre Cristóbal de Santa Catalina, 1691. Fue confesor y consejero de dicho padre Cristóbal, de aquel venerable   fundador del hospital de Jesús Nazareno y de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de Jesús Nazareno. Esta Vida del padre Cristóbal, escrita por el P. Posadas, ha sido de gran utilidad   en el proceso de beatificación del P. Cristóbal, concluido y proclamado beato en la celebración solemne que tubo  lugar en la Iglesia Catedral de Córdoba el día 7 de abril de 2013.
2. Aprobación de las Reglas y Constituciones de los Hermanos del Hospital de Jesús Nazareno, 1692.
3. Sermón de Rogativas por el buen suceso de las guerras de Cataluńa, 1694. Organizadas por la ciudad en el Convento de San Pablo, dedicadas a la Virgen del Rosario y motivadas por el patriotismo.
4. Ladridos evangélicos, 1694. Se trata de una serie de conferencias pronunciadas por él en la Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, cuyos temas fueron: la paz, la ciencia, la justicia, el amor al prójimo y la convivencia.
5. Sermón de profesión, 1697. En la Profesión de una religiosa, sor Catalina de Jesús María.
6. Triunfo de la Castidad, 1698.
7. Vida de sor Leonor, 1699.
8. Vida de Santo Domingo, 1706.
     Y otros muchos escritos que vieron la luz después de su muerte: Obras Póstumas, 6 volúmenes, 1736-1739. Entre ellos, “Carta del Exposo” en el que nos ofrece un brillante ejemplo de oración.

SCALA COELI EN TIEMPO DEL P. POSADAS

    Scala Coeli en tiempo del P. Posadas, seguía siendo lo que San Álvaro quiso que fuera cuando lo fundara al principio del siglo XV, en 1423: un remanso de paz y convivencia, de sosiego, un convento humilde, sumamente pobre, que se vivía casi exclusivamente de las limosnas. Y fue el P. Posadas el encargado de proveer a la comunidad de Sacala Coeli el alimento necesario desde su Hospitalico. Este convento, desde su fundación y también en tiempo del padre Posadas siempre fue una comunidad con un pequeńo número de religiosos. Tenemos la lista de los nombres de los frailes que formaban la Comunidad en 1676. Son 9: fray Juan Martínez (Prior), fray Fernando Tafur, FRAY FRANCISCO DE POSADAS, fray Juan Contreras, fray Francisco del Castillo, fray Pedro de Vida, fray Juan Moreno, fray Luis Garrido y fray Cristobal de San Antonio.

Nos dice el P. Alvaro Huerga que “para él (P. Posadas) más atento al dominicanismo esencial que al orgullo de los linajes, Scala Coeli simboliza las más puras esencias, es un remanso de paz, un árbol que produce esquisitos frutos. El ejemplo de San Álvaro, la fragancia de los libros de Fray Luis de Granada aparecen a sus ojos como una imagen siempreviva, reencarnada en el Padre Posadas criado en el seno nutricio de Scala Coeli…”

Siempre será Scala Coeli su  refugio espiritual y el escenario de sus penitencias. Desde el Hospitalico solia subir todos los ańos al menos Jueves y Viernes Santos recorriendo estos “santos  lugares”, como lo hiciera San Álvaro dedicandose a orar para alimentar y fortalecer su espíritu y practicar sus penitencias. Dice su biógrafo, Pero de Alcalá que “hacía el recorrido del viarucis descalzo”.

El Padre Posadas durante el tiempo que estubo en Scala Coeli y posteriormente en el Hospitalico, conoció perfectamente a la Real y Fervorosa Hermandad del Santísimo Cristo y San Álvaro de Córdoba porque ya existía desde  el 5 de Agosto de 1592, 70 ańos antes que él tomara el hábito dominicano.

Conoció tal cual, más o menos, la capilla de San Álvaro con el arcón que alberga sus reliquias. Así mismo la imagen del  Santísimo Cristo, ante el cual, después de terminado el noviciado y hacer la prefesión, junto con su madre, oraron ante el Santisimo Cristo dándole gracias por haber hecho él los votos solemnes en la orden de Predicadores, los hijos  de la Virgen del Rosario, como su madre le había pedido insistentemente.

Fíjense lo que son las casualidades. Un amigo, Hermano de San Juan de Dios, de Canarias, pasó por aquí a saludarme, hace unos quince días. Ni él sabía nada de la celebración del Bicentenario del P. Posadas, ni comentamos nada de este asunto. Pero me preguntó si tenía correo electrónico, que quería enviarme un poema que me había dedicado. De regreso a Canarias me lo envía. Cuál sería mi sorpresa cuando abrí el correo. Bendita casualidad, que quiero compartir con vosotros el poema que me envió.

 


SCALA COELI


Convento: Santo Domingo,
En la Sierra cordobesa.
Solo virtud y nobleza,
Irradian estos dominios.

Escuela de predicadores,
Frailes de hábito blanco.
Honra de grandes pastores,
Fieles al Espiritu Santo.

Santuario, Scala Coeli,
Meta de los peregrinos,
Por parajes y caminos,
Acuden piadosos fieles.

Centro fue de formación,
En gigantes de la gloria.
Santos que hicieron historia,
En virtud y predicación.

Desde el Oriente llegó,
San Álvaro fervoroso.
Que proclamó con gozo,
El rocío de la oración.

Entre chaparros y acacias,
Se construyó una ermita.
Los fieles que la visitan,
Esperan recibir sus gracias.

Mención al Padre Posadas,
Cual predicador de oficio.
Aspiraba desvelar a Cristo,
Y conocer las siete moradas.

Refieren que en un sermón,
Hizo una pausa inaudita
Entraba su madre, viejecita,
Apoyándose en un bastón.

“Claustros de Sierra Morena,
Donde la Fe se mantiene.

    “Quien la busca la tiene,
     Y en Scala Coeli se llena”.

                                                    
   Desde mi balcón 8-VIII-2018. Juan.marrero@sjd.es
                                                                        Dedico al P. Mariano del Prado
 

          EPILOGO

     Después de leer y releer su vida y ver las virtudes que le adornaban, quizá corramos el riesgo de creer que todo lo tuvo fácil . No fue así. Vamos a dar sólo unas pinceladas para podernos ver nosotros en él.

     La infancia le fue muy complicada. Sus padres Esteban Martín Losada y María Fernández-Pardo y Posadas, de estirpe hidalga, fueron inmigrantes gallegos de la localidad de  Lama de Arcos. Podemos decir, en lenguaje actual, no solamente inmigrantes gallegos a Córdoba, que en aquel entonces era frecuente, tambieén, que fueron refugiados, porque llegaron a Córdoba huyendo de la invasión de aquella zona por Juan de Braganza, de Portugal. El P. Posadas nace en el seno de una familia que económicamente va de mal en peor. En nigún negocio de los que abrieron tuvieron suerte. Cuando tenía tan solo 5 años, en 1649, muere su padre y con ello se agraba la situación económica. Su madre contrae nuevas nuncias con Juan Pérez  Cerezo. La situación familiar, no solo económicamente empeora, sino que las relaciones con su padrastro serán muy dificiles. No consintió que Francisco fuera al colegio como quería su madre para que se fuera preparando para poder ingresar en la Orden Dominicana. A la edad de 12 años le obligaron a ir como aprendiz de cordonero en un taller sito en las Casillas, en el campo de San Antón. Cuatro años estubo allí sufriendo hasta que el Padre Miguel de Villalón le buscó acomodo en el Convento de San Pablo y le dío clases de latín. Mientra él aprendía, en 1661, murió el Padrastro y  regresa al hogar con su queridísima madre. A partir de entonces la situación económica se agrabó hasta el extremo de tener que dedicarse a recovera, esto es, ir de casa en casa vendiendo huevos, oficio que truncó sus esperanzas de entrar de Dominico en el Convento de San Pablo, como era su deseo y el de su madre.

     Francisclo se siente con vocación y quiere entrar en dicho Convento , justo al lado donde vivian. Pero otra contradición y sufrimiento: no lo admiten por su bajo nivel social, “hijo de la vendedora”. Nos dice el P. Alvaro Huerga que Francisco “engulló el acíbar con un temple de paciencia heróica (y de suma humildad) ... A Francisco le punzaban aquellas espinas, no sólo por herirle a él, sino porque se clavaban injustamente en la persona que más quería en este mundo: a su madre.  Y esto rebosaba la amargura de los dos”.

     Ya en el hospitalico, nos dice su biógrafo Alcalá, que se vió  aturdido y se austó por verse aupado por el fervor popular, teniendo la tentación de dejarlo todo y volver a Scala Coeli.
     Tambien al comienzo de su estancia en el Hospitalico, sufrió la calumnia y difamación, hasta que todo se aclaró y se demostro su inocencia.


     Está claro que, como a cualquiera de nosotros, viendo la vida del Beato Posadas, poseedor de tanta  humildad, sencelléz, una gran fe, devoción a la Santísima Virgen, amor incondicional al Señor que nos marca los pasos de la vida, y por Él a los hermanos, especialmente a los más necesitados, y el afán costante de llevar a Dios a los demás, todo lo podemos superar, como lo hizo él. Él sabía muy bien que conocer a Cristo, comporta saber seguirle, llevar como él las cruces que nos toquen en la vida y que su seguimiento es muy absorbente: si es necesario, perder la vida por él y por el Evangelio. El Padre Posadas llevó siempre presente lo que nos dejó dicho Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mi, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”.


(Pronunciada en Scala Coeli, Córdoba, el 23 de Septiembre de 2018)