jueves, 1 de mayo de 2014

Histórica celebración de la Festividad de Santa Catalina de Siena por parte de la familia dominicana de Córdoba, junto al Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré.


El Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré, ha realizado a Córdoba una visita de algo más de dos días de duración, durante la cual se ha reunido en comunidad e individualmente con los frailes de las Comunidades de San Agustín y de Scala Coeli.  Asimismo, se ha reunido con las distintas prioras y superioras de las comunidades de religiosas y monjas dominicas de la zona occidental de la provincia Bética.



Igualmente, dentro de los actos programados con motivo de dicha visita, el pasado martes, 29 de Abril, festividad de Santa Catalina de Siena, se celebró  un encuentro, que se podría considerar como histórico, en el Convento de Ntra. Sra. de Gracia, de las Madres Dominicas, al que acudieron miembros de todas las ramas de la familia dominicana, frailes de San Agustin y Scala Coeli, monjas y religiosas dominicas y un nutrido grupo de miembros de la fraternidad seglar de Santo Domingo y P. Posadas, así como algunos seglares de Alcalá la Real que habían venido a Córdoba acompañando a las monjas del convento de aquella población jienense.


El encuentro de la familia dominicana tuvo como primer acto una celebración eucarística, con motivo de la festividad de Santa Catalina de Siena.  Dentro de la misma, Fray Bruno, manifestó que la oración de esta fiesta de Santa Catalina es muy importante, que “nos ha enseñado a llegar al conocimiento admirable de la verdad, de tu verdad; al conocimiento de nosotros en ti y de ti en nosotros”.

Añadió, con motivo de la oportunidad que tuvo de contemplar el crucifijo de Santa Catalina, que se conserva en un Monasterio de Roma, que la oración de Santa Catalina fue siempre delante de ese crucifijo; “mirando a él descubría que con esta vida dada para el  mundo, su vida, su propia vida, Santa Catalina podía buscar su verdad. Su verdad no tenía el nombre de Catalina, tenía el nombre de Cristo para Catalina, Cristo para la vida de Santa Catalina. Esta contemplación de la vida entregada, esta contemplación –cada día- para entender que esta vida es también para mí, y también para todos los hermanos, todas las hermanas de mi comunidad, de mi asamblea, de mi Iglesia. Esa es la ayuda para caminar hasta la verdad, para entender que la verdad de Dios no son las teorías que aprendemos, no son las teorías que dialogamos juntos; la verdad es el crucifijo: la vida entregada para que podamos recibir nuestra verdad”.

Continuó el Maestro de la Orden expresando su parecer de que “la fiesta de Santa Catalina hoy es un momento importante para nosotros como familia dominicana. Antes de predicar, antes de hablar del Evangelio, antes de hablar de la doctrina de la Iglesia, tenemos que encontrar la gente para ayudarla, para mirar el crucifijo; no para tener una idea triste, sino para entender que la gloria de Cristo fue dar la vida para la vida del mundo, dar su vida para que el mundo reciba la vida. La predicación, la contemplación empieza en la contemplación de Cristo sobre la cruz, de Cristo abandonado”.

Fray Bruno Cadoré finalizó la homilía manifestando que en un convento de Italia “hay un crucifijo pintado por Fray Angelico. Él –Cristo- es luminoso, el fondo de la pintura son tinieblas, y la luz de Cristo da luz a las tinieblas. Cuando dejamos a esta verdad tomar nuestros corazones, entonces estamos capacitados para decir algo de predicación, de dar algo de la vida del Evangelio”.


Finalizada la Eucaristía, el Maestro de la Orden departió unos momentos con los miembros de la Fraternidad seglar de Scala Coeli, momento al que –por su importancia-  le dedicaremos otra crónica.