jueves, 25 de diciembre de 2025

NATIVIDAD DEL SEÑOR : LUZ DE ESPERANZA

 

Dios-con-nosotros

    Ya está Dios-con-nosotros, ha llegado la Navidad, la celebración del nacimiento del Salvador, el acontecimiento que llena de sentido y esperanza la vida de los creyentes.

    En Jesús, Dios se hace cercano, entra en la historia humana y se manifiesta como luz brillante que ilumina las sombras del mundo. Su llegada no ocurre en medio del poder o la grandeza, sino en la sencillez de un pesebre, recordándonos que la verdadera luz nace del amor y la humildad.

    Es Dios conmigo, sí, pero no solo conmigo, también contigo. Dios con nosotros, en plural. En ese niño recién nacido podemos ver todo el amor y toda la ternura, todos los buenos deseos que todas las personas compartimos, seamos como seamos. Podemos pensar de mil maneras, podemos sentir de muchas maneras distintas, podemos pertenecer a diferentes culturas, a distintas ideologías, ser creyentes o no creyentes. Pero en el fondo, en lo más profundo de nosotros, todas las personas compartimos los mismos anhelos y deseos, las mismas ilusiones, las mismas necesidades. En el fondo, todos queremos lo mismo, ser felices, vivir tranquilos, hacer felices a los que nos rodean. Todo el amor y ternura que nos despierta un niño recién nacido, son la expresión de los mejores deseos que todas las personas, seamos como seamos, compartimos. Y ese niño que está pasando frío, que está solo en medio de la noche, que pasa hambre, también es expresión de nuestros miedos y angustias, de nuestros sufrimentos, porque al final también todas las personas, seamos como seamos, todos al final sufrimos por lo mismo, compartimos la misma angustia, compartimos los mismos miedos. En ese niño nos podemos ver reflejados todas las personas. Ese niño que es el Dios con nosotros.

    Se trata de un mensaje de unidad, porque para eso viene ese niño, para salvarnos a todos, para liberarnos de las consecuencias de nuestros errores, de nuestras divisiones, de nuestros pecados.

    En un mundo marcado por la violencia, la indiferencia y la incertidumbre, la Navidad anuncia que no estamos solos. La luz de Cristo brilla con fuerza incluso en la noche más oscura, ofreciendo consuelo a los afligidos y fortaleza a quienes han perdido el rumbo.

    La esperanza que trae la Navidad no es pasajera ni superficial. Es una esperanza viva que invita a la reconciliación, al perdón y a la paz. Al contemplar al Niño Jesús, somos llamados a renovar nuestra fe y a abrir el corazón para que su luz transforme nuestras actitudes y acciones. Celebrar la Navidad significa permitir que el Salvador nazca en nuestra vida diaria, en nuestros hogares y en nuestras relaciones.

    Que esta Navidad sea un tiempo para redescubrir la alegría profunda que nace del encuentro con Jesús. Que su luz brillante nos guíe, renueve nuestra esperanza y nos impulse a ser reflejo de su amor en el mundo, llevando paz, justicia y fraternidad a todos.

!!! FELIZ NAVIDAD !!!



Oración

Señor Jesús, Salvador nuestro, en esta Navidad venimos a adorarte con un corazón agradecido. 

Tú eres la esperanza hecha carne, la luz brillante que ilumina el mundo actual marcado por la incertidumbre, el dolor y la falta de paz.

En tu nacimiento reconocemos el amor de Dios que no abandona a la humanidad, sino que camina con ella.

Nace hoy en nuestros corazones y renueva nuestra fe cansada.

Ilumina nuestras decisiones, fortalece a quienes sufren y consuela a quienes viven en soledad o miedo. 

Que tu luz disipe la oscuridad de la violencia, la indiferencia y la injusticia, y despierte en nosotros el deseo de construir un mundo más fraterno.

Haznos instrumentos de tu paz y testigos de tu esperanza.

Que, guiados por tu luz brillante, sepamos llevar tu amor a cada rincón del mundo actual.

Amén.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (y 26). NOCHEBUENA

 


Luz


    El fin del Adviento marca un momento de profunda alegría y recogimiento en la vida cristiana. Nos sitúa ante un momento clave de fe y reflexión, especialmente en los tiempos actuales que vivimos. Tras semanas de espera, de silencio interior y preparación del corazón, la venida de Jesús se presenta como esperanza viva y luz verdadera en medio de un mundo marcado por la incertidumbre, los conflictos, la soledad y el cansancio interior.

    El Adviento no ha sido, no es solo una cuenta regresiva hacia la Navidad, sino un camino espiritual que nos ha venido invitando a renovar la esperanza y a abrirnos al amor de Dios. Nos ha enseñado a detenernos, a mirar hacia dentro y a levantar la mirada con confianza.

    En estos días, hemos tenido y aún tenemos oportunidad de descubrir todas la cartas y mensajes de amor, de amor infinito, que continuamente Dios nos está dejando en los rincones que menos nos esperamos. Descubrir esos mensajes para descubrir que nos ama, que nos apoya; para descubrir esa presencia incondicional a mi lado, a nuestro lado, y poder así tener el corazón en paz. Porque ese niño nace cuando el mundo está en paz, cuando todo está en paz, cuando todo está como tiene que estar, es decir, cuando soy capaz, de verdad, de tomar conciencia de que Dios está en mí, de que Dios vive en mí, me cuida, me mima y nunca, nunca, me va a dejar. Hemos de ser capaces de hacerlo, y mucho mejor si lo hacemos todos juntos, en familia, en comunidad.

   Jesús llega como luz de esperanza que no deslumbra, sino que acompaña; una luz que no juzga, sino que sana. En los momentos actuales, donde muchas personas experimentan miedo por el futuro, dificultades económicas, guerras, divisiones y pérdida de sentido, la venida de Cristo nos recuerda que Dios no abandona a la humanidad, sino que entra en nuestra historia con humildad, naciendo en un pesebre, cercano a los pobres y a los sencillos. No llega con poder ni imposición, sino con humildad, cercano a quienes sufren, ofreciendo consuelo y esperanza. En Él, la oscuridad no tiene la última palabra, porque su luz transforma los corazones y renueva la vida.

   Preparar el camino al Señor significa dejar espacio para el perdón, la reconciliación y la solidaridad con quienes más lo necesitan. La esperanza cristiana no es pasiva, sino, más bien, muy activa: nos impulsa a vivir con fe, a confiar incluso en medio de las dificultades y a ser reflejo de la luz de Cristo para los demás.

   Al finalizar el Adviento, se nos invita a reconocer a Jesús en lo cotidiano: en la solidaridad, en el servicio, en la escucha atenta y en el compromiso por un mundo más justo. Su luz nos llama a no quedarnos indiferentes, sino a ser portadores de esperanza allí donde reina la oscuridad. Preparar su venida hoy significa abrir el corazón, reconciliarnos, sanar heridas y volver a confiar. La esperanza cristiana no ignora la realidad, sino que la transforma desde el amor.

    Jesús viene para recordarnos que incluso en los tiempos más difíciles, Dios camina con nosotros.

    Que el final de este Adviento nos ayude a acoger a Cristo con fe renovada y a vivir como reflejo de su luz en los momentos actuales que claman por esperanza.


Oración

Señor Jesús,
al llegar al final del Adviento nos acercamos a Ti con un corazón dispuesto y lleno de esperanza.

Durante este tiempo de espera nos has enseñado a confiar, a vigilar y a preparar el camino para tu venida.

Hoy te acogemos como luz verdadera que ilumina nuestras sombras y da sentido a nuestra vida.

En medio de las preocupaciones, del cansancio y de las dificultades del mundo actual, ven a nacer en nuestro interior.

Renueva nuestra fe, fortalece nuestra esperanza y enséñanos a amar con sencillez y humildad.

Que tu luz disipe el miedo, sane nuestras heridas y nos guíe por caminos de paz.

Haznos testigos de tu presencia, portadores de esperanza para quienes viven en tristeza o soledad.

Que al celebrar tu llegada sepamos reconocer tu rostro en los demás.

Amén.

martes, 23 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (25)

 




Mano de Dios


    El tiempo de Adviento nos invita a reconocer la mano silenciosa pero poderosa de Dios actuando en la historia. En el relato de Zacarías e Isabel, contemplamos cómo Dios prepara el camino de la salvación incluso cuando todo parece cerrado a la esperanza. Es un signo profundo de esta acción divina que no se impone con ruido, sino que transforma la vida desde dentro.

    Ambos eran ancianos y estériles, marcados por el peso de los años y por una promesa que parecía no cumplirse. Sin embargo, la mano de Dios no se rige por los límites humanos.

    Zacarías, sacerdote fiel, recibe en el templo un anuncio que lo descoloca: Isabel concebirá un hijo. Su duda lo deja en silencio, pero ese silencio se transforma en espacio de maduración interior. Dios obra incluso cuando la fe vacila. El silencio impuesto a Zacarías tras su incredulidad no es castigo, sino camino de conversión. En ese silencio, la mano de Dios trabaja su corazón, enseñándole a escuchar más que a hablar, a confiar más que a calcular.

    Isabel, por su parte, acoge la gracia con humildad y gratitud, reconociendo que el Señor ha mirado su pequeñez y ha quitado su vergüenza. En ella se manifiesta una fe confiada que sabe esperar.

    El nacimiento de Juan es signo de que Dios cumple sus promesas. Juan no es solo un niño esperado, sino el precursor, la voz que clamará en el desierto preparando el camino del Señor. Desde antes de nacer, su vida está marcada por una misión: señalar la llegada de la luz. Así, la mano de Dios actúa no solo dando vida, sino otorgando sentido y vocación.

    En Adviento, esta historia nos recuerda que Dios sigue actuando hoy. Aun en nuestras esterilidades, silencios y dudas, Él prepara algo nuevo. Como Zacarías e Isabel, estamos llamados a confiar, a esperar contra toda esperanza, incluso cuando todo parece imposible, a reconocer que la mano, el don, de Dios nunca deja de obrar, guiando la historia hacia el cumplimiento de su amor, y a creer que Él sigue preparando caminos nuevos para nuestra vida.


Oración

Señor Dios de la promesa y de la esperanza,
en este tiempo de Adviento nos acercamos a Ti con el corazón atento,
como Zacarías e Isabel, que supieron esperar aun en el silencio y la prueba.

Tú posaste tu mano poderosa sobre sus vidas
y transformaste la esterilidad en don,

la duda en alabanza,
y el tiempo de espera en cumplimiento de tu palabra.

Enséñanos a confiar cuando no vemos,
 a esperar con paciencia, a guardar silencio interior, 
a reconocer tu acción discreta pero poderosa,
y a creer que lo imposible se vuelve posible cuando Tú intervienes.

Que este Adviento renueve nuestra fe y prepare nuestro corazón
para acoger tu don más grande: Jesús,
luz que nace en la oscuridad y esperanza que no defrauda.

Amén.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (24)

 



Magnificat

    El Adviento es tiempo de espera activa y de esperanza encarnada. Es una espera habitada por la fe y sostenida por la esperanza,

    En este camino, el Magníficat de María ilumina profundamente la manera de vivir el Adviento en los tiempos actuales, marcados por la incertidumbre, el cansancio y la desigualdad.

    No es solo un canto del pasado, sino una proclamación viva de fe y esperanza que interpela nuestro presente.

    María canta cuando aún no ve cumplida la promesa. Lleva la vida en su seno, pero el mundo sigue igual: hay injusticia, pobreza y exclusión. Sin embargo, su Magníficat no nace de la evasión, sino de la confianza. Proclama que Dios derriba a los poderosos, levanta a los humildes y colma de bienes a los hambrientos. En un mundo como el presente de desigualdad, violencia e indiferencia, este canto se vuelve profundamente actual y provocador.

    El Adviento nos invita, como a María, a creer que Dios ya está actuando, aunque los signos sean pequeños y silenciosos. La esperanza cristiana no es ingenua: es una esperanza que se atreve a cantar en medio de la espera, que reconoce la fidelidad de Dios aun antes de ver los resultados.

    El Adviento nos invita a esperar como María: con una fe que reconoce a Dios presente incluso en lo minúsculo y lo oculto. Esperar hoy significa resistir al pesimismo, no acostumbrarse a la injusticia y seguir creyendo que la transformación es posible.

    Vivir el Adviento desde el Magníficat es asumir una esperanza comprometida. Es aprender a cantar la fidelidad de Dios antes de ver los resultados. Es dejar que Dios transforme nuestra mirada, nuestras prioridades y nuestras acciones, para que su justicia y su misericordia comiencen a hacerse visibles hoy, en nuestra realidad concreta.



Oración

Señor Dios fiel,
en este tiempo de Adviento
nos ponemos en actitud de espera confiada.
Enséñanos a esperar como María,
con una fe que escucha tu Palabra
y una esperanza que no se apaga.

Que el Magníficat resuene en nuestro corazón,
para reconocer tu acción en la historia
y creer que sigues levantando a los humildes,
sosteniendo a los pobres
y llenando de sentido nuestra vida.

Danos una espera activa,
capaz de transformar la impaciencia en confianza
y el miedo en compromiso.
Que, como María, sepamos cantar tu fidelidad
aun cuando la promesa parece lejana.

Haznos testigos de esperanza
en medio del mundo,
personas de fe que preparan tu venida
con gestos de amor, justicia y misericordia.

Amén.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (23)

 


Concebir

    El Adviento es tiempo de concebir esperanza. No solo de esperar pasivamente, sino de gestar en lo profundo del corazón una vida nueva que aún no se ve, pero ya transforma. En este camino, José y María se convierten en referentes esenciales para comprender cómo la fe se vive cuando el futuro no está asegurado.

    María concibe desde la fe. Su “hágase” no surge de la certeza, sino de la confianza. No conoce el rumbo completo, pero cree que Dios cumple sus promesas incluso cuando estas desbordan la lógica humana. En los tiempos actuales, marcados por la inseguridad, el cansancio y la desconfianza, la fe de María nos enseña a acoger la vida tal como viene, a no cerrarnos por miedo, y a creer que Dios sigue actuando en la historia.

    José concibe la fe de otra manera: en el silencio y en la obediencia. Su camino está lleno de dudas, pero decide confiar y cuidar. No habla mucho, pero actúa. En un mundo donde abundan las palabras y escasean los compromisos, José nos recuerda que la fe se demuestra en decisiones concretas: proteger al vulnerable, sostener al otro, permanecer fiel aun cuando no todo se entiende.

    Ambos, María y José, viven un Adviento radical: confían cuando el futuro parece incierto y el presente está lleno de preguntas. Hoy, como entonces, el mundo atraviesa crisis sociales, económicas y espirituales que nos hacen dudar. La prisa, el miedo y la fragmentación amenazan con apagar la esperanza. Sin embargo, el Adviento nos recuerda que Dios actúa en lo pequeño, en lo silencioso, en lo que apenas comienza a latir.

    Concebir esperanza hoy es un acto de valentía. Es creer que la justicia puede nacer en contextos de desigualdad, que la paz puede abrirse paso en medio de la violencia, que el amor sigue siendo posible en una cultura marcada por el descarte. José nos enseña la esperanza obediente, la que se traduce en cuidado concreto: proteger la vida, ofrecer refugio, caminar aun de noche. María nos muestra la esperanza disponible, la que dice “sí” aun con temor, la que confía en que Dios hace nuevas todas las cosas.

    El Adviento no es evasión de la realidad, es una forma profunda de habitarla con fe; no ignora la oscuridad de los tiempos actuales, la atraviesa con una luz humilde. Concebir esperanza es permitir que Dios nazca otra vez en nuestras decisiones cotidianas, en nuestra manera de mirar al otro, en nuestro compromiso con el bien común. Así, como José y María, nos convertimos en custodios de una promesa que no defrauda: que incluso hoy, incluso aquí, la vida puede renacer.


Oración

Señor Dios de la vida,
en este tiempo de Adviento venimos a Ti
con el corazón abierto y frágil.

Enséñanos a concebir esperanza
como José y María,
aun cuando los tiempos actuales
están marcados por la incertidumbre y el temor.

Danos la fe de María,
capaz de decir “sí” sin tener todas las respuestas,
de confiar en tu promesa
cuando el futuro parece oscuro.

Regálanos el silencio fiel de José,
su valentía para cuidar, proteger y caminar
aunque no comprenda del todo tu plan.

Que sepamos concebir en nuestro interior
gestos de amor, justicia y misericordia,
para que tu Hijo vuelva a nacer
en nuestras decisiones cotidianas.

Haznos custodios de la esperanza,
testigos de tu presencia hoy,
y sembradores de fe en medio del mundo.

Amén.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (22)

 



Hágase en mí


    El Adviento no es solo preparación para la Navidad, sino una oportunidad para reconocer que Dios sigue actuando en los tiempos humanos, también en los nuestros. Es un tiempo para detenernos y mirar la historia con ojos de fe.

    La Iglesia nos invita a preparar el corazón para la venida del Señor, y en ese camino aparece María como la mujer del “sí”, la que enseña a esperar confiando. Su palabra sencilla y profunda —“hágase en mí”— atraviesa los siglos y hoy se dirige también a nosotros.

    María no canta desde la comodidad, sino desde la confianza. Ella reconoce que Dios tiene poder para transformar la realidad y que su misericordia lo alcanza todo. Su canto habla de un Dios que colma de bienes a los hambrientos y que nunca se olvida de su promesa.

    El Adviento es ese espacio sagrado donde tú y yo aprendemos a escuchar. No se trata solo de contar los días hasta la Navidad, sino de permitir que Dios vuelva a nacer en lo cotidiano: en las decisiones pequeñas, en el perdón ofrecido, en la fidelidad silenciosa. Como María, estamos llamados a abrir la vida para que Dios actúe, aun cuando no entendamos del todo el camino.

    La esperanza cristiana no es ingenua. María conoce la incertidumbre, el riesgo, la incomprensión. Sin embargo, confía. Su fe no huye de la realidad, la transforma. En Adviento, su ejemplo nos recuerda que esperar es creer que Dios cumple sus promesas, incluso cuando todo parece oscuro. La esperanza se vuelve entonces una luz encendida en medio de la noche.

    El Magnificat brota como canto de quien ha confiado. María proclama que Dios mira la pequeñez, que derriba las injusticias y levanta a los humildes. Ese canto no es solo suyo: es también el nuestro cuando creemos que el amor es más fuerte que el miedo. En Adviento, el Magnificat nos enseña a mirar el mundo con los ojos de Dios y a comprometernos con su Reino.

    Así, el Adviento se convierte en un diálogo vivo entre María, tú y yo. Ella nos toma de la mano y nos conduce al misterio. Y nosotros, aprendiendo de su fe, podemos repetir con ella: “Aquí estoy, Señor… hágase en mí”.



Oración

Señor Dios,
en este tiempo de Adviento venimos ante Ti con un corazón que espera.
Como María, queremos escuchar tu Palabra y acogerla con confianza,
aun cuando no comprendamos del todo tus caminos.

Enséñanos a decir “sí” cada día,
a abrir nuestra vida para que Tú actúes en ella.
Que el Magnificat de María sea también nuestra oración:
un canto de gratitud, de esperanza y de justicia.

Mira nuestra pequeñez, Señor,
y haz en nosotros obras grandes.
Levanta a quienes están cansados,
consuela a los que sufren
y fortalece nuestra fe en medio de la espera.

Que en Adviento aprendamos a confiar,
a creer que tu promesa se cumple
y que tu amor transforma la historia.

Con María, te decimos hoy:
aquí estamos, Señor.
Que se haga tu voluntad en nosotros.

Amén.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (21)




 
Perseverancia

    El tiempo de Adviento nos invita a vivir la espera con un corazón atento y perseverante. No se trata de una espera pasiva, sino de una actitud profunda de confianza en Dios, incluso cuando sus promesas parecen tardar en cumplirse.

    En este camino, la historia de Zacarías e Isabel se convierte en una luz que orienta nuestra esperanza. No dejaron de orar ni de cumplir su misión cotidiana. Su perseverancia no fue ruidosa ni espectacular, sino humilde y constante.

    En nuestros tiempos también experimentamos silencios de Dios: oraciones que parecen no ser escuchadas, proyectos que no dan fruto, situaciones personales y sociales que generan desaliento. El Adviento nos recuerda, a través de Zacarías e Isabel, que Dios actúa incluso cuando no lo percibimos. La esperanza cristiana no es ingenua, sino firme, porque se apoya en la fidelidad de Dios y no solo en los resultados inmediatos.

    Hoy, como ayer, el Adviento nos llama a perseverar, a no abandonar la fe ni la confianza. Dios sigue viniendo a nuestra historia. La espera, vivida con esperanza, sigue siendo fecunda. Esperar no significa resignarse, sino confiar activamente en que Dios actúa incluso cuando no lo percibimos. Dios transforma la espera en fecundidad y el silencio en alabanza. En este tiempo santo, renovemos nuestra esperanza, seguros de que el Señor viene y su promesa nunca falla.

    La espera, vivida con esperanza, sigue siendo fecunda.


Oración

Señor Dios, en este tiempo de Adviento 
enséñanos a perseverar como Zacarías e Isabel. 

Cuando la espera se haga larga y el silencio pese en el corazón, 
fortalece nuestra fe y renueva nuestra esperanza. 

Danos un espíritu fiel, capaz de confiar incluso sin ver, 
y un corazón abierto a tus promesas. 

Que nuestra esperanza no se quede solo en nosotros, 
sino que se transforme en ayuda concreta para los demás, 
especialmente para quienes sufren, esperan o se sienten solos.

Que sepamos esperar con paciencia, servir con amor 
y reconocer tu presencia en nuestra vida. 

Amén.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (20)

 



José

    El Adviento es un tiempo de preparación, esperanza y renovación interior. Dentro de esta espera luminosa, la figura de San José adquiere una profundidad especial. Él, hombre silencioso y justo, recibe el anuncio del nacimiento de Jesús de una manera inesperada, en un momento de confusión y desconcierto. Sin embargo, su respuesta marca un camino de fe para todos los creyentes.

    Cuando el ángel le comunica que el hijo que María espera es obra del Espíritu Santo, José podría haberse cerrado en el miedo o la duda. Pero el Adviento nos lo muestra como un hombre de esperanza: alguien capaz de escuchar a Dios aun en la incertidumbre.

    Su respuesta es un ejemplo de obediencia, valentía y profunda confianza. José no pronuncia discursos; su fe se expresa en acciones concretas. Acompaña a María, y con discreción y amor protege cada uno de los pasos de la Sagrada Familia.

    El anuncio del nacimiento de Jesús no solo transforma la vida de José; ilumina también la nuestra. En su historia descubrimos que la esperanza no es un simple deseo, sino un acto de fe que se sostiene incluso cuando las circunstancias parecen difíciles. José nos enseña que esperar en Dios es caminar confiados, sabiendo que Él guía nuestros pasos y hace nuevas todas las cosas.

   En este Adviento, contemplar a José nos invita a preparar nuestro corazón con humildad, serenidad y entrega. Su silencio habla de una fe madura; su obediencia, de un amor profundo. Que, siguiendo su ejemplo, podamos abrirnos al misterio del Dios que viene, permitiendo que la esperanza renazca en nosotros con la fuerza y la ternura del Niño de Belén.




Oración

Señor Dios de la esperanza,
en este tiempo de Adviento te damos gracias por el ejemplo fiel y silencioso de San José.
Él acogió con corazón humilde el anuncio del nacimiento de Jesús, aun sin comprenderlo todo,
y confió plenamente en tu Palabra.

Padre bueno,
concédenos un espíritu atento como el de José,
capaz de escuchar tu voz en medio de nuestras dudas y temores.
Que su valentía para decir “sí” nos inspire a abrir el corazón
al misterio de tu amor que viene a salvarnos.

Jesús, Luz que naces para iluminar al mundo,
fortalece nuestra esperanza y renueva nuestra fe.
Quédate con nosotros y haz que este Adviento sea un camino
de paz, silencio interior y confianza.

Amén.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (19)

 




Cumplimiento promesa

    La genealogía de Jesús en el Evangelio de Mateo es mucho más que una lista de nombres antiguos: es una confesión de fe. En ella, la Iglesia reconoce que Dios actúa en la historia concreta, a través de personas reales, con sus luces y sombras, para cumplir su promesa de salvación. Esta genealogía revela que Jesús no aparece de manera aislada, sino inserto en una larga línea de creyentes, pecadores, reyes, extranjeros y gente común. Así, se subraya que Dios no se limita a lo perfecto, sino que transforma la fragilidad humana en lugar de manifestación de su fidelidad.

    Es una proclamación teológica que muestra cómo Dios cumple fielmente sus promesas a lo largo de la historia y cómo ese cumplimiento llega a su plenitud en Jesucristo. En su Evangelio, Mateo afirma que Jesús es “hijo de David, hijo de Abraham”, dos figuras clave de la historia de la salvación. Con ello, declara desde el comienzo que en Jesús se concretan las promesas hechas tanto a Abraham —una descendencia que sería bendición para todos los pueblos— como a David —un reino estable y eterno.

    La forma de presentar la genealogía de Jesús quiere mostrar que la historia avanza hacia un punto culminante: el nacimiento del Mesías. En el Adviento, la Iglesia contempla esta genealogía como una invitación a reconocer la fidelidad de Dios a lo largo del tiempo. Cada nombre es un eslabón en la cadena de la promesa que culmina en Jesús. Así, el Adviento no se trata solo de esperar una fecha, sino de descubrir que Dios cumple su palabra lentamente, a través de procesos, generaciones y vidas concretas. Mirar la genealogía es aprender a leer nuestra propia historia a la luz de esa fidelidad: Dios sigue actuando, también hoy, en lo pequeño, lo inesperado y lo imperfecto. Prepararnos para la Navidad es abrir nuestro corazón para que la promesa cumplida en Jesús siga transformando nuestra vida y el mundo.


Oración

Señor Dios de la historia,
que conduces los pasos de tu pueblo
y cumples con ternura tus promesas,
te damos gracias por la genealogía de tu Hijo Jesús,
en la que reconocemos tu fidelidad a lo largo de los siglos.

Hoy, en este tiempo de Adviento,
queremos contemplar esa historia sagrada
como el camino que preparó la llegada de tu Salvador.

Haz, Señor, que al mirar la genealogía de Jesús
aprendamos a descubrir tu presencia también en nuestra vida:
en nuestras esperas, nuestras luchas, nuestras familias
y en todo lo que aún necesita ser sanado y renovado.
Que entendamos que tú sigues obrando,
como lo hiciste en cada generación,
con paciencia, misericordia y amor.

Te pedimos que nuestra esperanza se fortalezca,
que nuestros corazones se abran a tu luz
y que este Adviento nos encuentre vigilantes,
dispuestos a acoger a Cristo
que viene a cumplir, una vez más,
tu promesa de salvación.

Amén.

martes, 16 de diciembre de 2025

Adviento 2025: Hacia la Luz de la Esperanza, en comunidad. (18)

 



Sinceridad o Hipocresía


    El Adviento es un tiempo de espera, pero también de verdad. Y ante esa verdad, cada creyente debe preguntarse con honestidad: ¿vivo esta espera con sinceridad o con hipocresía? No se trata de un juicio externo, sino de una invitación a examinar la profundidad de nuestra fe.

    Hablar de la venida de Jesús es fácil; lo difícil es creer de verdad en ella y dejar que transforme nuestra vida.

    La hipocresía aparece cuando decimos esperar a Cristo, pero no permitimos que Él transforme nuestra vida. Cuando proclamamos esperanza mientras nos aferramos al egoísmo, cuando hablamos de amor mientras guardamos rencores, cuando encendemos velas sin encender el corazón. Es fácil adoptar gestos religiosos, pero muy distinto es dejar que la Palabra nos cambie desde dentro.

    Jesús denunció fuertemente esa actitud porque impide que el Reino florezca en nosotros.

    Creer en la venida de Jesús no es solo aceptar una doctrina: es una decisión diaria. Es abrir espacios de conversión, reconocer nuestras fragilidades y dejar que Dios haga nuevas todas las cosas. El Adviento nos recuerda que Cristo no viene solo al mundo de hace dos mil años; viene ahora, a nuestra historia concreta, a nuestras luchas, a nuestras relaciones, a nuestro modo de vivir.

    Superar la hipocresía requiere humildad. Significa reconocer que a veces aparentamos más fe de la que realmente vivimos. El Adviento, sin embargo, no nos condena; nos despierta. Nos recuerda que la sinceridad ante Dios es un camino que todos podemos recorrer. Creer de verdad en la venida de Jesús implica abrir espacio para la conversión, revisar nuestras actitudes, reconciliarnos con el hermano y dejarnos tocar por la gracia. La sinceridad no significa perfección, sino transparencia: reconocer lo que somos y permitir que Cristo actúe.

    Dios no busca perfección exterior, sino un corazón sincero que quiera cambiar.

    Si de verdad creemos en la venida de Jesús, entonces permitamos que su luz revele nuestras sombras y que su amor transforme lo que aún no está alineado con el Evangelio. Abramos el corazón sin máscaras. Jesús viene para sanar, para renovar y para dar una esperanza que no engaña.

    Este tiempo nos invita a elegir: ¿máscaras o verdad? ¿Apariencia o conversión? ¿Rito vacío o encuentro real? Jesús viene a un corazón humilde, no a uno perfecto. Que este Adviento nos ayude a dejar atrás la hipocresía y abrazar la sinceridad de una fe que se expresa en obras, en amor y en esperanza renovada. Que sea un tiempo de verdad, de autenticidad y de fe viva.


Oración

Señor Jesús,
en este tiempo de Adviento,
quiero abrir mi corazón a tu venida con sinceridad.

Tú conoces mis luces y mis sombras,
mis deseos de seguirte
y también mis incoherencias.
Líbrame, Señor, de toda hipocresía,
de vivir una fe de apariencias,
de palabras sin obras
y de gestos vacíos que no nacen del amor.

Enséñame a esperar tu llegada
con un corazón auténtico, humilde y vigilante.
Arranca de mí el egoísmo, la indiferencia
y todo lo que me aleja de Ti.
Regálame un espíritu de verdad,
que mis acciones reflejen lo que proclamo
y que mi vida sea un espacio donde Tú puedas nacer.

Hazme sensible al hermano que sufre,
misericordioso con quien se equivoca
y generoso con quienes más necesitan tu consuelo.
Que tu luz ilumine mis intenciones
y que tu paz transforme mis pensamientos y mis actos.

Señor, que este Adviento
sea un camino de conversión sincera,
un tiempo para encontrarte de verdad,
sin máscaras ni reservas.
Que mi fe no sea solo costumbre,
sino un encuentro vivo contigo
que renueve mi esperanza cada día.

Ven, Señor Jesús,
y haz de mi corazón un lugar sencillo y honesto
donde tu amor pueda habitar.
Amén.