sábado, 14 de marzo de 2015

Ejercicios Espirituales para Matrimonios (II)



13-15 Marzo 2015
Notas sobre la segunda jornada

Un sábado muy completo, mañana-tarde-noche.

La mañana giró en torno a cuatro palabras. Las tres primeras en relación mutua: cercanía, misterio y sencillez.

            El sacramento del matrimonio es cercanía a Dios: “Dios creó al hombre a su imagen: hombre y mujer los creó”. En la unión conyugal, el hombre y la mujer expresan el rasgo divino de la reciprocidad y de la comunión, de una vida plena y complementaria, gracias a la presencia de Dios. Un matrimonio es comunión del amor de Dios con nosotros.

           Dios con la humanidad establece una relación conyugal, y dentro de sí vive como una familia. Y es justamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia, donde caben muchos más. Los esposos, por la presencia de Dios, son investidos de una verdadera y propia misión, para que puedan hacer visible el amor imposible, dando vida, cuidando y haciendo feliz al otro.

           Y este diseño de Dios, se realiza en la sencillez y fragilidad humana; sabiendo de las dificultades y pruebas que se presentan a lo largo de la vida de los esposos, ya que la condición humana es así. Pero, en ella, por el Sacramento del matrimonio, el hombre le puede decir a la mujer, y la mujer al marido: “tú eres la primera presencia de Jesucristo para mí, de su amor personal, de su perdón, de su ternura…., y yo lo soy para tí. Juntos lo somos para nuestros hijos, para cuantos nos rodean, para el mundo”.

Y la cuarta palabra de la mañana: la soledad.  En el Génesis se recoge que “no está bien que el hombre esté solo”, pero también es verdad que es necesaria una soledad, positiva y habitada, para poder amar y convivir en libertad.
La necesidad de cercanía se vive a la vez que la necesidad de distancia y soledad. El camino conyugal se recorre mejor cuando es correcta esa relación cercanía-distancia. La fe es un paliativo para los momentos de soledad, de parálisis. Con Jesús puedo mirar de frente “mi soledad”, bien sea la negativa (para paliarla), bien sea la positiva (para llenarla).



Y por la tarde, dos palabras más: cuidado y custodia. Dos términos que se complementan.

Cuidar/custodiar es:
·              + Estar atentos a los propios sentimientos, al propio corazón, a la propia persona.
  + Es preocuparse por cada uno con amor y especialmente por los pequeños, los débiles, los mayores. 
  + Es preferir la familia, el cónyuge, para que puedan ser eficaces cuidadores de otros más débiles. 
  + Es vivir con sinceridad las amistades. Es un recíproco protegerse en la confianza, el respeto, el bien.
 
Y tres palabras que también expresan el cuidado: permiso (para no ser invasores en la vida del otro, respeto a lo diferente), gracias (reconocer lo que el otro ha hecho por mí, lo bueno que tengo por él) y perdón (porque todos nos equivocamos, para poder convivir con lo diferente).

Después de todo ello, se dio paso al momento del diálogo en pareja y el perdón mutuo.

Finalmente, la noche: un ameno y esclarecedor diálogo entre todos los participantes, en torno a varias de las cuestiones que se han planteado como paso previo al próximo Sínodo de los Obispos



A.-J. R.H.