domingo, 8 de febrero de 2015

Ejercicios Espirituales en Scala Coeli, para dominicos seglares ( y III) 6-8 Febrero 2015



Notas sobre la tercera  jornada

En esta soleada mañana de domingo, el P. José Antonio nos ha invitado a recoger las redes tras haber reflexionado ayer sobre el celo profético. Partimos del texto de San Lucas 12, 1-3, en el que Jesús hace advertencias a los regentes de la religión, que lo son también para los que queremos tomar el relevo de los profetas.
Al igual que en el comienzo de estas jornadas, terminamos también con unas palabras del Papa pronunciadas en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma el 29 de junio de 2013 sobre el testimonio de vida. No se puede ser creyente sin dar testimonio, es lo que nos queda para no sentirnos frustrados ante las dificultades de la vida. Ponía en evidencia así quienes eran los verdaderos y los falsos testigos o profetas.

¿Cómo ser dominico hoy siendo fiel a Cristo y siendo mi vida útil a los demás aunque no diga ni una palabra?

El Papa habla de una "clase media de la santidad" de la que todos podemos formar parte influyendo en nuestros ambientes como santos ocultos, porque al final los demás lo agradecen más que las palabras. No nos faltan oportunidades para dar testimonio y eso es evangelizar. Predicar con la vida tal y como hacía San Francisco de Asís. Y dice también "la incoherencia de los fieles y pastores entre lo que dicen y hacen mina la credibilidad de la Iglesia, de la fe, del Evangelio." Pero anunciar y dar testimonio (palabra y gesto) sólo es posible si estamos junto a Él en intimidad, de manera que lo reconozcamos como único Señor poniéndolo en su lugar. El celo, la pasión de que Él nos guía y todo lo que hagamos en nuestra vida lo hacemos según su plan.

Ello tendrá como consecuencia, dice el Papa, despojarnos de nuestros "ídolos" y seguirlo con fidelidad, valentía y gozo con el testimonio de nuestra vida.


De esta coherencia de vida fue modelo Santo Domingo y los dominicos la tenemos bien formalizada: "Contemplar y dar lo contemplado". Uno de los rasgos dominicanos es el equilibrio entre lo personal y la comunicación. La contemplación o el celo por Dios y de ello deriva la entrega con todas las consecuencias que es dar lo contemplado o el celo por los demás. De aquí que se puedan hacer varias afirmaciones:

1. No debemos separar oración y compromiso.
2. La oración nunca puede suplir lo que hay que hacer, pero mejora su realización.
3. La oración me saca de mí mismo para llevarme a Dios y a mis hermanos.
4. Revisar costumbres, instalaciones, acomodos y hasta mentalidades para lograr ese equilibrio.

Terminamos los ejercicios con muchas preguntas para nuestra reflexión interior: ¿a qué me compromete mi oración? ¿qué tiene de profética? ¿qué dificultad encuentro para armonizar oración y compromiso? ¿cómo puedo trabajar ésto en comunidad?...

                                                                                            P.M.S.