jueves, 7 de agosto de 2014

Santo Domingo ante la Biblia

OCTAVO MODO DE ORAR:
 ESTAR SENTADOS JUNTOS Y EN DIALOGO

       De entre los nueve modos de orar que se describen de Nuestro Padre Santo Domingo tenía uno hermoso, devoto y grato para él, que practicaba tras la recitación de las horas canónicas, y después de la acción de gracias que se hace en común por los alimentos recibidos. El mesurado y piadoso Padre, impulsado por la devoción que le había transmitido la palabra de Dios cantada en el coro o en el refectorio, se iba pronto a estar solo en algún lugar, en la celda o en otra parte, para leer u orar, permaneciendo consigo y con Dios.

Se sentaba tranquilamente y, hecha la señal de la cruz, lo abría, leía y se llenaba su mente de dulzura, como si escuchara al Señor que le hablaba, en conformidad con lo que dice el salmo: Voy a escuchar lo que dice el Señor, etc., (Sal 84,9). Y como si se debatiera con un acompañante, aparecía, ora impaciente, a juzgar por sus palabras y actitud, ora tranquilo a la escucha; se le veía disputar y luchar, reír y llorar, fijar la mirada y bajarla, y de nuevo hablar bajo y darse golpes de pecho.

Si algún curioso quisiera observarle a escondidas, el Padre Santo Domingo se le hubiese asemejado a Moisés, que se adentró en el desierto, llegó al monte de Dios, Horeb, contempló la zarza ardiendo y oró con el Señor y se humilló a sí mismo (Gen 3, 1-6). Este monte de Dios, ¿no es como una imagen profética de la piadosa costumbre que tenía nuestro  Padre, de pasar fácilmente de la lectura a la oración, de la oración a la meditación, y de la meditación a la contemplación?

A lo largo de esta lectura hecha en soledad, veneraba el libro, se inclinaba hacia él, y también lo besaba, cuando leía palabras que Cristo había pronunciado con su boca. A veces, ocultaba el rostro cubriéndose con la capa, o escondía la cara entre sus manos, velándola un poco con la capucha; lloraba lleno de congoja y de dolor; y también, como si agradeciera a un alto personaje los beneficios recibidos, se levantaba un poco con toda reverencia e inclinaba su cabeza; plenamente rehecho y tranquilo, leía de nuevo.




Escena: Domingo sentado delante de Jesús como Maria de Betania.

Jardín: Paraíso, huerto cerrado, como la Anunciación de Fr. Angélico.
Postura del que espera ser servido en un restaurante.
Sentado a la sombra de mi Amado, gozo con sus frutos (Cant)
Cristo sentado: para dialogar con tiempo, atención, dedicación.
                           A la mesa de los pecadores
                           En la barca
                           La samaritana

María de Betania de “Felices los que lloran” y alcanzaremos para aquellos que atendemos y para nosotros mismos la consolación.
                           Ultima cena
                           Emaus

Domingo se sienta para darle todo el tiempo del mundo a esta comunicación (sentarse delante o a los pies de significa ser discípulo habitual).

“Se sienta con paz”. Sentarse con actitud de permanencia, sin prisa.
            Padres del desierto: “Arsenio, permanece en la celda y sentado”
Yashab en hebreo y catcito en griego: sentarse, pero también permanecer, instalarse, habitar.

“Después de hacer el signo de la cruz”: confesión cristiana y gesto litúrgico (evangelio). Leer es un acto sagrado y de oración y no sólo preparación de la oración.

Llora: experiencia mística: Guillermo de San Teodorico: “significan las lágrimas la cercanía de la presencia amorosa del Señor”
           
            S. Isidoro: ellas nos permiten conocer la visita del Señor, los pasos que da nuestro corazón.
           
Diálogo con el Señor: discute como Jacob; busca entender, comprender, integrar lo sabido y vivido con lo nuevo.

Abraza el libro (gesto litúrgico y místico: Cantar de los Cantares: que me bese con el beso de su boca. Abrázame. Guillermo de San Teodorico dice del contemplativo: “besa con un tierno beso de amor a Cristo en su corazón”

Se golpea el pecho: reconoce su propio pecado (Yo mismo contra ti solo pequé);
        
                                 Romper el corazón de piedra.
                                Conversión, reparación.

Se inclina: Como Moisés ante la zarza y se cubre el rostro.

La lectura como oración. Dios habla, tú escuchas (para no inventarse un Dios, ni imponerle mi voluntad).

            Entrando en el espíritu de autor inspirado: “A horas determinadas, es necesario dedicarse a una lectura determinada. Una lectura al azar, sin orden ni continuación, lejos reedificar el alma, la arroja en la inconstancia. Las Escrituras piden ser leídas en el espíritu que las ha dictado. Sólo entrarás en el pensamiento de Pablo cuando, debido a la atención en la lectura y a la aplicación asidua a meditarla, te impregnes de su espíritu. De la lectura continuada es preciso sacar sentimientos afectuosos, formar una plegaria que interrumpa la lectura. Si verdaderamente el lector busca a Dios en su lectura, todo lo que lee trabaja con él y para él a fin de conseguir la meta”.

La lectura se prolonga en los dominicos en el estudio: cfr. S. Vicente Ferrer, Fr. Luis de Granada.

El estudio como forma de compasión: la caridad de la verdad, para hacer posible la verdad de la caridad.  


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PRECES por las Vocaciones Dominicanas:

Por la intercesión de la beata Juana de Aza, que sembró la semilla de tu Palabra entre los suyos,

Concede a las familias cristianas la ayuda para que sus hijos descubran y desarrollen el plan que Tú tienes para cada uno de ellos.