lunes, 4 de agosto de 2014

DOMINGO DE GUZMAN. Segunda juventud: Canónigo regular en Osma.


La segunda juventud de Domingo de Guzmán coincide con la terminación de sus estudios en Palencia e incorporación al cabildo regular de Osma, institución también en plena sintonía con el movimiento de renovación evangélica y apostólica que aludimos días anteriores.

El obispo Martín de Bazán quiso establecer plenamente la vida regular entre los clérigos adscritos a la catedral de Santa María. Los animó particularmente a aceptar la vida común, la clausura y el silencio, favorecedores de la meditación, el estudio y la celebración del culto divino. Cabildo regular significaba estar sometido a la regla de san Agustín.

Domingo aceptó de buen grado la invitación que le hicieron para ir a la capital de su diócesis. Desde el comienzo en el Burgo de Osma se sintió plenamente centrado en el género de vida que se quería para el cabildo.

Domingo, en conformidad con la regla de san Agustín, cuya profesión mantendrá ya hasta la muerte, tuvo la caridad como norma suprema, ejercitada en la vida comunitaria, hasta lograr la unanimidad de alma y corazón en Dios y con los hermanos. Renunció en lo sucesivo a toda propiedad privada, y siguió con docilidad la fuerte llamada a la vida de oración, en la horas y tiempos señalados. Cuidó con esmero el clima de recogimiento en la iglesia, para facilitar en aquel recinto la práctica de la oración. Se empeñó en poner en armonía el corazón y los labios en la celebración de la alabanza divina. Llevó una vida austera, en la que entraban como componentes el ayuno y la mortificación. Alimentó su espíritu con la lectura, especialmente de las Escrituras Santas. Amó la belleza espiritual, y logró exhalar a través de su conversación el buen olor de Cristo, “no como siervo bajo el peso de la ley, sino como hombre libre dirigido por la gracia”.

Consumía el día y la noche en el claustro o convento y en la catedral, y se entregaba sin interrupción a la plegaria que alimentaba con la Palabra de Dios. En este punto, sus biógrafos ya destacan una manera peculiar en su modo de oración que mantendrá toda su vida: la oración con lágrimas y gemidos. Era en él una peculiar manifestación del amor que profesaba al prójimo, a los pecadores, desdichados y afligidos. El amor que ardía en el interior de su corazón desbordaba al exterior en forma de sollozos, lágrimas e incontenible llanto.

Hacía uso frecuente de la siguiente oración:

Dígnate, Señor, concederme la verdadera caridad, eficaz para cuidarme y procurar la salvación de los hombres. Estoy convencido de que solo comenzaré a ser de verdad miembro de Cristo, cuando ponga todo mi empeño en desgastarme para ganar almas, según el modelo del Salvador de todos, el Señor Jesús, que se inmoló totalmente por nuestra salvación.


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PRECES por las Vocaciones Dominicanas:

Tú, Señor, que hiciste a Domingo predicador de la gracia,
                  regala el don de nuevas vocaciones a la Familia Dominicana para que pueda anunciar a todas las gentes su salvación.