domingo, 13 de julio de 2014

Salió el Sembrador a sembrar. ¿“Tierra buena” para la semilla?



“Tierra buena”. Sí.

¿Y los pájaros del borde del camino?

¿Y el terreno pedregoso? ¿Y las zarzas?

¡Claro que están en nosotros y que también a veces vienen de fuera! Pero ¿qué tiene más consistencia? ¿de qué depende que esa “tierra buena”, que ya nos constituye, fructifique?


El Sembrador, el Espíritu, nos regala de mil formas la Palabra: suavemente con frecuencia, como una delicada invitación, como una “Palabra-Presencia” que nos acompaña en cualquier circunstancia, también y tal vez más, en los momentos duros. ¿No nos lo dice la experiencia?  ¿quién de nosotros no ha dicho alguna vez: “De aquella crisis, salí fortalecida”, “En aquella ocasión, lo pasé mal, pero…¡cuánto aprendí”!?

Nos vienen a la mente las palabras de S. Pablo: “Todo colabora al bien de los que aman a Dios”. En definitiva, ¿no es caminar de manos de la Providencia? Parafraseando a un santo reciente…“Mi Providencia y tu fe tendrán “esto” en pie” Y así, todo puede caer en esa tierra buena, aunque esté, y está, de mil formas amenazada. Pero… ¡el Señor la cuida, si nosotros lo dejamos, y si le prestamos atención.  La cuida, nos cuida.

Nos lo dice el salmo: Tú cuidas de la tierra, la riegas, la enriqueces sin medida” Tú nos acompañas con tus cuidados. Como en una ocasión le oí a un dominico joven: “Porque eres amor, te encuentro siempre a mi lado, Peregrino”.

                                                                                    Paqui López