lunes, 19 de mayo de 2014

Los dominicos y la Iglesia entera celebran hoy la festividad de

San Francisco Coll (1812-1875)

Francisco Coll nació en Gombreny, Gerona (España), el 18 de mayo de 1812, y fue el menor de diez hermanos. Al poco tiempo murió su padre, y la madre se defendió entre mil dificultades económicas.
En 1823 el futuro dominico comienza a estudiar en el seminario de Vich (Barcelona), y habita en casa de la familia Puigselloses. con el compromiso de atender y dar clase a los niños de la casa. En 1830 entra en la Orden de Santo Domingo. en el convento de Gerona. Pero en 1835 el Gobierno central decreta la supresión de las Ordenes religiosas, y el p. Coll se ve obligado a residir fuera del recinto conventual: en esos años se reafirma su vocación dominicana con una fidelidad extraordinaria a sus reglas, obediencia fiel a los superiores y un gran amor a todo lo que constituía su vocación dominicana. En 1836 recibe la ordenación sacerdotal en Solsona, Lérida. Intensifica entonces aún más su dedicación a la vida pastoral: catequesis, confesiones, dirección espiritual y, sobre todo, predicación.
San Antonio Maria Claret, compañero de predicación del nuevo Beato, dijo de él: «donde yo predico, todavía puede venir el p. Coll a añadir algo; pero donde predica él, a mi ya no me queda qué hacer». En 1856 funda la congregación de Dominicas de la Anunciata para la educación femenina. Hacia 1860 se queda completamente ciego, y en 1875 fallece en Vich.  
Fue beatificado solemnemente por Juan Pablo II el 29 de abril de 1979, y canonizado el 11 de Octubre de 2009 durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.

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Hay tres aspectos de la vida de Jesús que toda persona declarada santa tiene que haber vivido: la filiación con Dios, es decir, el ser hijo de Dios y vivir como tal haciendo la voluntad del padre; la pasión por el Reino, un Reino en el que vivamos la libertad, la justicia, la solidaridad, el amor; y la opción preferencial por los últimos, los desheredados, los excluidos y marginados. Esta opción que fue la de Jesús ha de ser también la nuestra.

Estos tres aspectos que nos encontramos en Jesús, San Francisco Coll los intentó llevar a su propia vida.

San Francisco Coll fue un hombre rico en fe y veía a Dios como un Padre bueno, como el Padre bueno. Él lo llamaba el buen Dios. Otro aspecto importante en la vida de este Santo es su pasión por el Reino. Toda su vida fue una vida dedicada a la predicación y al anuncio del Buen Dios. Cristo era el centro de su reflexión. El Cristo que entrega su vida y que con esa entrega instaura un orden nuevo en la humanidad.

En su predicación dio mucha importancia a la paz y a la concordia “saliendo al encuentro de quienes anhelaban un cambio que dejara atrás tanto odios, luchas entre hermanos, falsedad en la relaciones…y proclamando el amor que se debe al prójimo, incluso a los enemigos”, moviendo a la conversión y al cambio. Frutos de su misión fueron “las restituciones que se hicieron en algunos de los lugares en los que predicó y la reconciliación de personas que llevaban muchos años enemistadas”.

Francisco Coll tampoco dejó a los últimos sin la Buena Noticia. La opción preferencial por los pobres que vemos en Jesús, Francisco la hace suya. La predicación por los pueblos los realiza a imitación de Cristo pobre, como nos dice el P. Vito, “llevando una vida muy austera, imponiéndose privaciones”. Esta pobreza le hacía cercano a la gente de los pueblos en donde predicaba. Al final distribuían entre los pobres los alimentos que les quedaban. Visitaba a los enfermos y a los presos.

Es esta opción por los últimos una de las causas que le lleva a la fundación de las dominicas de la Anunciata. Se da cuenta que mientras algunas chicas pueden instruirse como las que iban a las dominicas terciarias de Santa Catalina de Vic, había otras niñas que no tenían esta posibilidad. “Le dolía en su corazón que tales niñas no pudieran tener lugares de enseñanza. Privadas de escolarización vivían en poblaciones, aldeas y casas de campo, y sus padres no podían llevarlas al colegio de la ciudad, por su pobreza. Se quedaban así privadas de una instrucción tan deseada”.

La Fundación de las Dominicas de la Anunciata es su gran obra. Ellas son las continuadoras de la misión del Padre Francisco Coll. Surgen para dar respuesta a una necesidad que el Padre Coll se encuentra mientras predica en Cataluña: “La entrega de la predicación en Cataluña le proporcionó ocasión para observar el estado de desmoralización en que se hallaban los pueblos. Meditó sobre las causas de semejante mal, y llegó a la conclusión que una causa importante de tales males estaba en la ignorancia que afectaba a la mujer y en la falta de formación religiosa en general”.

Habría muchos aspectos a resaltar del Padre Coll como son su devoción a la Virgen del Rosario, su dedicación al estudio para dar respuesta a las necesidades que se va encontrando, su amor por Santo Domingo y la orden de los dominicos, a la que él pertenecía…, pero me gustaría resaltar uno que hoy día sigue siendo importante para los que nos dedicamos a la enseñanza: la confianza en la posibilidades que los niños y la niñas tienen, confianza en su posibilidades y capacidades.

(Ver texto completo en dominicos.org)