domingo, 13 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS 2014 en SCALA COELI



   “El Señor me abrió el oído y me ha hablado, y me sostiene en el camino de la vida”, nos acaba de decir la primera Lectura.

   Bien seguro que a lo largo de esta Semana Santa que hoy iniciamos, el Señor nos hablará de mil formas a cada uno de nosotros, pero especialmente  a vosotros que componéis el grupo que vais a estar aquí durante esta Semana Santa. Pero es preciso estar muy atentos para poderle escuchar en medio de tantas cosas que nos distraen.

   Ya, hoy, desde este inicio de la Semana Santa, nos acaba de hablar a través del simbolismo de los ramos. Estos ramos que hemos llevado en nuestras manos, han de ser símbolo de nuestra adhesión, de sintonía y de lealtad a Jesús.  Nos quieren recordar que creer en Jesús y servir a Jesús en nuestros hermanos, son los mejores ramos que podemos enarbolar hoy y siempre. No como los que le recibieron a las puertas de Jerusalén, que hoy le aclamaron y a los cinco días lo crucificaron.

     Ojalá que todos estemos dispuestos a escucharle con todas las consecuencia, como nos decía la primera Lectura. Porque eso nos hará fuertes y esperanzados, porque sabemos que así no quedaremos avergonzados.

    Y como nos acaba de decir la segunda Lectura, que es el telón de fondo de toda la Semana Santa, La contemplación de Cristo fundamenta la exhortación de la vida fraterna, que siempre exige humildad, olvidarse de uno mismo y vivir la compasión: el que nos salva, ha sido humillado como un esclavo, hasta dar la vida.

   ¡Y quien no se estremece  al escuchar el relato de la Pasión!

   En todo el relato hay una constante, una esperanza que no será defraudada: LA RESURRECCIÓN. Y en medio toda una serie de situaciones sorprendentes: la acusación urdida contra Jesús en medio de las fiestas, la traición de uno de los suyos, la cena pascual, el discurso de despedida, el mandamiento del amor, la eucaristía, la angustia y la soledad de Jesús, el abandono de los apóstoles, el escarnio, las burlas, los tormentos, la muerte.


   Pero también  la llamada a seguirle de cerca y, sobre todo, la invitación a semejarse a él en las actitudes que configuran su persona y que afloran de manera especial en las últimas horas de su vida: la entrega total; la renuncia a cualquier clase de violencia, aunque sea para defenderse; el amor incondicional a los suyos, a pesar de las debilidades o negaciones; la fidelidad y total confianza en el Padre, incluso ante su “silencio”; la aceptación de la condición humana con todas sus consecuencias, aunque  vivida con una dignidad única.