viernes, 3 de enero de 2014

Colaboración: TIEMPO DE NAVIDAD

        
“Mira que estoy a la puerta. Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”.


     Así reza la antífona de comunión del 23 de Diciembre.

      Para oír la voz del Señor es imprescindible que estemos atentos. Él es AMOR y el amor es comunicativo; necesita darse, pero sólo en un clima de atención y silencio podemos percibirlo.

      En este tiempo litúrgico celebramos su Presencia entre los hombres, el ENMANUEL, “Dios con nosotros”. ¿No nos hemos acostumbrado a este misterio de Amor? ¿No lo vivimos superficialmente?  Lo necesitamos y lo buscamos, aunque con frecuencia de forma equivocada. Pero Él insiste. Está a la puerta, siempre a la puerta de nuestro corazón. Es más, está DENTRO. S. Agustín decía, hablando de esta Presencia:

“Más íntimo a mí que yo mismo”, más íntimo que lo más hondo de mi persona.

      Sí, está y llama, y quiere prodigarnos su amor, para hacer de este mundo su Reino. Sólo dejándonos amar por Él, en su “escuela de amor”, aprenderemos a amar al hermano, al débil, al pequeño, donde Él tiene su morada preferente. Por algo Él se hizo “pequeño”.

     “Escuchar” para oír su voz y dejarnos amar por Él, aprender de nuestra relación con Él qué es amar: todo un  camino de vaciamiento progresivo de sí mismo y de apertura y entrega a Dios y al hermano. 


                                                                                                                                        Paqui López