viernes, 6 de diciembre de 2013

OÍDO EN SCALA COELI: Notas de la Eucaristía del Domingo, 1 de Diciembre:


·        Una lectura extraña (Mateo 24, 37-44) que seguramente nos ha dejado la inquietud de leerla más veces para saber qué nos quiere decir.

·        Es una manera de expresar lo imprevisto en nuestra vida. Algo que quizás nosotros tenemos muy presente cuando nos damos cuenta de cómo ha venido la crisis a nosotros.

·        Nuestro mundo primero –el mundo rico- se parecía mucho a aquello que se definía como “la ciudad alegre y confiada”. Teníamos crédito, había recursos, estábamos bien, no nos amenazaba ninguna guerra ni ninguna destrucción y, por lo tanto, estábamos realmente metidos en nuestras cosas, en el día a día, que no quiere decir que fuera malo, evidentemente, pero no había otros planteamientos.

·        De pronto, sin saber cómo, se hunden los mercados, empieza la crisis laboral y ya no podemos decir que sólo a los otros –los de fuera- les está pasando algo. Como nos ha dicho el Evangelio, son los más próximos. ¿Quién no tiene en su familia un caso de parado, un caso de persona que ha visto reducidas sus posibilidades, algún joven que ha tenido que salir a buscar trabajo al extranjero?

·        Y en esos momentos, donde lo imprevisto llega, donde ya no vale seguir pensando lo mismo, ni haciendo lo mismo, es cuando el Señor nos llama a la vigilancia.

·        La vigilancia no quiere decir  estar en tensión,  estar angustiado, sino estar lúcidos. La vigilancia, según el Evangelio, es una doble actitud. Por un lado, es una actitud inteligente, porque es darse cuenta de lo que está pasando, de sus causas, de sus efectos y de buscar alternativas; y, por otro lado, es una actitud práctica; ya que no se trata de lamentarse, se trata de saber –aquí y ahora- qué es lo que tenemos que hacer.

·        La vigilancia nos es incómoda. ¡Es tan fácil y tan cómodo mirar para otro lado, mientras no te toque! ¡Es tan fácil echar la culpa a los otros! Y, sin embargo, la vigilancia que pide el Señor es, empezando con uno mismo, colaborar con los demás a solucionar los problemas de todos.

·        Quizás, lo que tenemos que hacer es empezar a pensar de otra manera. Las personas sentimos y hacemos según lo que pensamos: si creemos que todo está perdido, nos dejamos dominar por la angustia, por la decepción, por el miedo, y es fácil tirar la toalla. Si encontramos que la crisis es una oportunidad para plantearnos las cosas en mejor y en más profundo, entonces nuestra manera de actuar y de sentirnos en ese momento será absolutamente diferente.

·        ¿Hay algún elemento, algún factor, que nos permita pensar de otra manera para sentir de otra manera para trabajar de otra manera? SI. Ese factor, ese elemento, ese ingrediente que nos puede cambiar la vida es precisamente el protagonismo que le demos a Jesús y a su Evangelio en nuestra existencia. Él nos permite ver distinto, sentir distinto, actuar distinto; no porque miramos en el cielo, más allá de la vida o nos consolamos en una falsa resignación, sino que la tomamos como ejemplo, nos “arremangamos” como Él, y entonces hacemos nuestra vida como la suya, un “ir pasando haciendo el bien”.

·        Por eso es tan importante el Adviento, para darnos cuenta de ese protagonista, de ese elemento, de ese factor tan importante en nuestra vida, tan práctico en nuestra vida, tan inteligente. La Fe no es ni falso consuelo, ni opio, ni entretenimiento, ni tranquilizante de conciencia, ni una cosa que está bien, ni una costumbre agradable y tradicional…. Tiene que ser  ese factor y ese elemento que nos permita vivir mejor, más profundamente y más útilmente; y si no, no es Fe.

·        Darnos cuenta de ese protagonismo de Jesús en su tres venidas:

o   Una, cuando nació en Belén. A través de su vida, de sus 33 años de vida hasta la muerte en cruz, nos va diciendo cómo ser persona libre, responsable, solidaria. ¿Cuál es el modelo nuestro de humanidad, cómo tendríamos que ser todos los hombres y todas las mujeres? Cómo es posible serlo, porque es muy fácil en la teoría de un filósofo, pero es que  Él vivió lo que predicó, y en un entorno difícil. En las circunstancias más reales y más duras, Jesús demostró que se puede ser una persona digna, solidaria, en pie. Y ese tiene que ser nuestro referente siempre, frente a todos nuestros pesimismos. Si estamos dispuestos a invertir lo que Él invirtió –su propia vida- y a recorrer sus propios caminos como Él los recorrió –su método-, tendremos, por una parte, sus mismos oponentes y sus mismas dificultades, pero, también, sus mismos resultados en mí y en los demás.
o   La segunda venida del Señor es del final de los tiempos. Nosotros, porque tenemos a Cristo y su Palabra, sabemos que la historia no es un simplemente repetirse en un eterno retorno, sino que la historia va hacia adelante y hacia arriba, si nosotros nos incorporamos a ese proceso.
Frente a tanta mentira y ocultación en nosotros, en los demás y en la historia, cuando se quieren cambiar las cosas porque se les llama de distinta manera, pero siguen siendo tan injustas; cuando nos mentimos tanto y nos engañamos tanto a nosotros mismos, el poner en claro a las cosas es muy sano. Eso es lo que se llama el Juicio Final.  Pero poner las cosas en claro también significará valorar todo lo bueno de todas las personas, por poco que sea esto, con tal de que sea auténtico.
o    Y, entre una venida y otra venida, está –podríamos llamar una tercera venida, que es la de todos los días. Cristo resucitado está presente en nosotros y está llamando a la puerta de nuestra atención y de nuestra intención, a la puerta de nuestro ser más íntimo, a la puerta de nuestra conciencia y de nuestra alma, diciéndome “ ¿Qué puesto  me das en tu vida? ¿Quién soy yo para tí?.

·        ¿Qué queremos que haga el Señor por nosotros? De verdad. En un primer momento, quizás la solución de nuestros problemas más inmediatos. Pero conforme vamos profundizando, sentimos que Él nos va concediendo algo más permanente, más íntimo, más revolucionario, más transformador: a Él mismo


·        Por desgracia, la preparación de las próximas fiestas, las celebraciones, las compras, etc. hacen que pasemos el tiempo de Adviento muy despistados. Tenemos que reivindicar como un derecho de toda persona y de nosotros, los cristianos, tener tiempo, espacio, para poder darnos cuenta de la Venida del Señor.  Que nos nos roben la Navidad, pero sobre todo, que no nos robemos la Navidad a nosotros mismos. Que seamos capaces de darle importancia a lo que es realmente importante porque es necesario y urgente: cómo recibimos, cobijamos y seguimos a Jesús de Nazaret y su Evangelio. Solamente así vendrá la Navidad.