miércoles, 11 de diciembre de 2013

Dejaron huella ... P. Moratiel, O.P.


 Reseña biográfica : P. José Fernández Moratiel. Nació en Santa Olaja de Eslonza, (León) el 17 de marzo de 1936.  Ingresó a los trece años en la Escuela apostólica de Corias (Asturias) donde cursó los cinco años de estudio que se exigían para acceder al Noviciado. El año de Noviciado que se iniciaba con la imposición del hábito de la Orden, transcurrió en el Convento de San Pablo de Palencia, en el curso 1954-1955, año en que hizo su consagración al Señor y a la Iglesia como Dominico. Se trasladó al convento de Las Caldas de Besaya para cursar los estudios de filosofía y al término de los mismos hizo su profesión solemne el año 1958 e inició los estudios de teología en el convento de Salamanca. En 1962 fue el año de su ordenación sacerdotal y en 1963 salió ya destinado a ejercitar su alma de apóstol a través de la predicación. Una primera y corta experiencia en Valladolid, regreso a Salamanca para colaborar en la formación como ayudante del P. Maestro de estudiantes y en 1968 llegó a Pamplona que fue su convento hasta su muerte. Creador de la llamada ”escuela del silencio”. Todas las regiones de España y América han sentido el contagio de su voz calmada invitándoles a entrar dentro de sí mismos y hallar allí la fuente del gozo verdadero: “el silencio como seducción de lo absoluto”. En Scala Coeli se celebraron un número muy importante de sesiones de la Escuela del Silencio, del Padre Moratiel.



Hablar de Moratiel es tan dificil y tan fácil, como lo pueda ser hablar  del Silencio.
Se puede hablar de él y nunca se le llega a expresar.
Pueden usarse miles de palabras, y nunca podrá ser captado en su definición.
De Moratiel, supongo que como de todo ser humano, se puede hablar y utilizar prolijamente adjetivos, que se aproximarán a su figura, pero al final, (con palabras de el Principito), "Lo esencial es invisible a los ojos"...también a las palabras...
Moratiel, era un hombre "humano", que despertaba la humanidad a su alrededor.
Nunca pretendió "enseñar". Decía que el Silencio es el que enseña.
Sin embargo, él sí nos enseñó, en su manera de vivir, dónde está la verdadera luz y la fuerza y la alegría del hombre.
Asombraba, en él, su no acepción de personas.
No escogía a nadie.
Su capacidad de acoger, a todos, no tenia límite. Su capacidad de escuchar, de comprender, de aliviar, de alegrar, de impulsar hacia adelante, de ayudar a situarse en el presente..

Acercarse a él, era quedar "convertido" en bueno. Su talento para ver a cada uno en lo mejor de si mismo, era un gran aliento, para el caminar.
Mientras vivió aquí, muchos se sintieron únicos para él.
Después de su muerte, se descubrió  que todos se habían sentído igualmente únicos para él.
Cuando yo era pequeña, me preguntaba cómo era posible que Dios me quisiera a mí personalmente, que se ocupara de mí, y que supiera hasta mis más ínfimos pensamientos...y, ¿Qué pasaba con los otros? ¿Cómo podía quererlos con esa misma dedicación que a mí...?
Luego, de mayor, he descubierto cómo lo podía hacer.
Yo he "sabido" cómo ama Dios,  cómo acoge Dios,  cómo consuela Dios...por la manera en que Moratiel hacía todo esto.
Siendo como era: hombre, limitado, sencillo, respetuoso, cálido, sereno, alégre, ecuánime, paciente,..."sabía de quién se había fiado..."
Todo él, como nuestro padre Stº Domingo, no sabía sino "Hablar con Dios, o de Dios", fuera cual fuera la conversación, estaba en Dios, y a él comunicaba.
Lo máximo que un hombre puede alcanzar en este mundo, es "conocer" a Dios.  Gracias a Moratiel, somos muchos los que hemos saboreado ese inménso don.
La presencia de Moratiel, que sigue viva entre nosotros, solo despierta Gratitud y Gozo.
Él,  como su Maestro, también  pasó haciendo el Bien...
Y nosotros, los que le hemos visto y oído, somos sus testigos, y damos testimonio...

Carmenmaría Hernández Alonso