sábado, 7 de diciembre de 2013

ADVIENTO: Dios, al alcance de la mano.


Su cercanía  la vivimos en actos de Amor Liberador.

a) En el corazón de la espiritualidad de Jesús está la conciencia de la cercanía, y proximidad de Dios. Uno de los cambios más importantes que Jesús introdujo en el pensamiento religioso y en la espiritualidad de su tiempo fue el convencimiento de que Dios no estaba lejos. El reino de Dios no pertenece al pasado ni al futuro, y Dios no está en lo alto del cielo. El misterio de Dios está «en medio de vosotros». Jesús reconocía la presencia de Dios en el “aquí y ahora”, en el momento presente de su propia vida.
        La cercanía de Dios a todos, con independencia de quiénes o qué puedan ser, es fundamental en la enseñanza de los místicos. «Dios está más cerca de mí que mi vena yugular». Haciéndose eco de las palabras de S. Agustín en sus célebres Confesiones, Meister Eckhart dice: «Dios está más cerca de mí que yo mismo: mi ser depende de la cercanía y de la presencia de Dios en mí...
        Dios no sólo está más cerca de mí que yo mismo, sino que Dios es uno conmigo y contigo. Hay una misteriosa unicidad entre Dios y nuestro verdadero yo, y la conciencia de esta unicidad está en el centro de toda experiencia religiosa. Se puede expresar de muchas formas diferentes: como Dios que habita en mí, como mi ser lleno del Espíritu Dios, como unión con Dios, como una unión de voluntades. Por eso los místicos hablan de nuestra deificación o divinización,  de que llegamos a ser Dios.
b) ¿Qué podemos hacer, pues, con esta experiencia de unicidad con Dios? Lo más extraordinario que encontraron en Jesús sus discípulos y amigos no fue sólo que llamaba a Dios abbá, sino que se identificaba con El. Hay una forma de identificarse con Dios que es un sentimiento de superioridad de la peor clase. Pero eso se debe a que uno se imagina a Dios como un dictador egoísta que domina el mundo. Jesús se identificó con un Dios humilde, compasivo, tierno y servicial, y fue lo bastante audaz y confiado como para hablar y actuar como un Dios de esa clase, sin calificativos.