sábado, 16 de noviembre de 2013

Semana de San Alberto Magno: Alberto y la Virgen María


S. Alberto contempló, desde joven, la naturaleza. Abrazó con gusto la verdad de las cosas creadas, como obras en las que  Dios ha dejado su huella. Pero a medida que maduró en su vida, el Maestro se vio empujado irresistiblemente a contemplar la Verdad de Dios en si misma. Por eso, en la plenitud de su vida, contempla casi todos los libros de la sagrada Escritura, especialmente los Evangelios y las figuras bíblicas, especialmente la Virgen María. Es célebre el escrito “Mariale”, en el que trata de la Espiritualidad de la Virgen, que pone de manifiesto su gran devoción para la Madre de Dios:

¡SALVE, humanidad del Redentor, que en el seno virginal te uniste con la eterna Divinidad!.

¡SALVE, suma y eterna Deidad, que viniste a nosotros bajo el velo de nuestra carne!

¡Mil veces Salve a ti, que por virtud del Espíritu santo, te uniste a la carne  Virginal!

¡SALVE TAMBIÉN A TI, MARÍA, en la que , la plenitud de la Divinidad, ha puesto corporalmente su mansión!.

¡Salve a ti, en quien habita sin medida la plenitud del Espíritu Santo.

¡Salve también a la purísima Humanidad del Hijo, que ha sido bendecida por el Padre y venida a ti!.

¡Salve, Inmaculada Virginidad, que has sido exaltada sobre los coros de los Angeles!.

¡Gózate, Señora del mundo, que fuiste digna de ser templo de la purísima Humanidad de Cristo!.

¡Gózate y alégrate VIRGEN DE LAS VIRGENES, en cuya carne la Bienaventurada Deidad quiso unirse a esta purísima Humanidad!

¡Gózate, REINA DEL CIELO, en cuyo santísimo seno, esta Humanidad encontró digna morada!.

Gózate y exulta, NOBLE ESPOSA DE LOS PATRIARCAS, que fuiste digna de nutrir en tu seno Virginal y amamantar a esta santa Humanidad.

¡Salud y bendición a ti por los siglos, oh FECUNDÍSIMA VIRGINIDAD, por la que nosotros fuimos dignos de recoger el fruto de la salvación eterna. Amen