sábado, 30 de noviembre de 2013

OÍDO EN SCALA COELI: Notas de la Eucaristía del Domingo, 24 de Noviembre:



·        Con la fiesta de Cristo Rey se da por finalizado el Año de la Fe, que la Iglesia ha venido celebrando con especial intensidad. Un ejemplo de ello ha sido el Via Crucis Magno, celebrado en Córdoba.

·        San Pablo, en la segunda lectura, en lo que se refiere a nuestra fe, nos viene a decir y recordar que en el ser humano se da un estado de confusión, de desvarío, de oscuridad. A menudo, orgulloso de sus conquistas, el ser humano se siente artífice de su propio futuro. Pero cuando pretende camuflar sus propios errores, entonces se sume en una desconcertante mediocridad y se muestra intolerante y hasta violento.

·        Necesitamos, de alguna manera, la mano de alguien mayor que nosotros, que nos traspase al reino de la verdad, del amor y del perdón. Y, precisamente, este reino es el Reino de la Luz, el Reino de Jesús.

·        Si equiparáramos la categoría de la victoria cristiana con la dominio y supremacía que detenta cualquier gobierno internacional, estaríamos distorsionando el mensaje y la misma vida de Jesús. La victoria, el reinado o el imperio de Jesús está en el extremo opuesto de cualquier estructura de sometimiento o de poder. Cristo no oprime, no somete, tan solo libera y ama.

·        La grandeza de Jesús consiste en que se ha rebajado a hacerse miembro de nuestra familia, nos ha regalado la dignidad de ser hijos de Dios, nos ha elevado a la categoría de hermanos.  El ejercicio de su realeza ha consistido en despojarse de todo tributo que distingue o identifica a los poderes de la tierra y ofrecernos la grandeza de su encarnación, de su amor crucificado y de su presencia escondida en la Eucaristía.

·        El Evangelio nos dibuja la imagen de nuestro rey, con cetro y corona, que se transforma en un hombre despojado de sus vestiduras, coronado de espinas y clavado en la cruz. El letrero de su cruz: “este es el rey de los judíos”,  para los romanos era una burla, para los responsables de los judíos era un insulto, para el creyente es el título que define a Cristo.

·        La gente se ríe de él, los soldados se mofan de él, y un criminal crucificado con él le insulta. Tan solo, el segundo criminal también crucificado con él invierte las burlas de los demás en una oración exquisita y extraordinaria, convirtiéndose esa oración en la única imploración en el Nuevo Testamento que se dirige a Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. En aquellos momentos dramáticos se produce el milagro de la fe, que hace oir la voz de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.


·        Estaría bien que sintiéramos en nuestro interior también esa voz de Jesús, que nos diéramos cuenta de sus hechos y de su vida, porque con ellos Jesús nos quiere llevar a prescindir de esos ciertos aires de grandeza y autosuficiencia que nos alejan de la sencillez evangélica; y, además, hoy Jesús espera también de cada uno de nosotros  que nos examinemos de cómo vivimos nuestra fe.