martes, 22 de octubre de 2013

FRAILES DE LA VIRGEN


Así se llamaron –dicen los historiadores- los Padres dominicos en un principio. Y ello porque la denominada “Madre del amor hermoso”, la más bella de todas las criaturas, estará siempre unida a todo dominico –sea de la rama que sea-. Ese nombre recordaba las relaciones que los dominicos deben –debemos- tener con ella, y que ella ha tenido siempre para con nosotros.



Los hijos de Santo Domingo no han dejado de ser hijos de María, aunque hayan dejado de llamarse los Frailes de la Virgen. Al leer las historias de la Orden es imposible el no sentirse embriagados de dulzura en muchos pasajes de ellas que nos declaran el cuidado de María para con los dominicos. “¿Adónde vais Señora?” -preguntó una vez una buena alma, viéndola pasar como de camino y cuidadosa-. “A cuidar a mis frailes –le respondió-, porque están sin Prior…”. ¿Es posible? Así sucedió de hecho. El convento de Colonia se hallaba sin Prelado, y María ejerció –aunque invisible- oficios de tal mientras la vacante. ¡En los dormitorios cuántas veces se la vio rociando con agua bendita las camas de los frailes mientras dormían, repitiendo con sus puros y virginales labios el “Ave Maria, gratia plena”, que debe ser la aspiración de todo dominico! ¡En el coro, cuántas veces se mezcló con ellos y cantó en su compañía las alabanzas de Dios y las suyas!

No es posible adivinar, ni siquiera ligeramente, todo lo que los dominicos le debemos, y todo lo que ha hecho por nosotros. Quien quiera saberlo debe acudir a historias dilatadas, y allí hallará que si los Dominicos han sabido, a María se lo deben; que si su Orden ha tenido hombres grandes, María se los ha procurado; que si han hecho fruto en los pueblos, María ha dado virtud a sus palabras; que si se han santificado, María ha hecho la costa; y que si, en fin, aún son algo es porque María los protege, y les hace con su manto una sombra todo-poderosa.

(Del “Compendio histórico de las vidas de los santos canonizados y beatificados del sagrado Orden de Predicadores”, de Fr. Manuel Amado. Madrid. 1829).


A.-J. R. H.