viernes, 20 de julio de 2012

El que me ama



Cristo Jesús,
Tú eres el que me ama
hasta la vida que no se acaba.
Esperas de mí, no algunas migas,
sino toda mi vida.
Eres el que, día y noche, ora en mí.
Mis balbuceos son oración:
pronunciar tu solo Nombre, Jesús,
colma de comunión.


Eres el que cada mañana pone en mi dedo
el anillo de pródigo, anillo de fiesta.
¿Habré cambiado el resplandor de Dios
por un fulgor cualquiera?
¿Habré abandonado
la fuente del agua de vida
para construirme aljibes agrietados
que no retienen el agua?

Tú, Cristo, me buscaste incansablemente.
¿Por qué he vacilado pidiendo
que se me diera tiempo
para ocuparme de mis asuntos?
¿Por qué he mirado hacia atrás
cuando mi mano estaba ya en el arado?

Sin embargo, sin haberte visto te amaba,
tal vez como no lo hubiera querido,
pero te amaba.

Cristo Jesús, Tú me sugerías:
vive lo poco que hayas comprendido del Evangelio,
anuncia mi vida entre los hombres, ven y sígueme...
Y un día, de vuelta a la fuente,
lo comprendí: me llamabas
a una resolución sin retorno

Roger Schutz