viernes, 1 de junio de 2012

Paraclitados


He tenido que luchar con el ordenador que insiste en corregirme y poner periclitados. Le dejo claro que la última escritura la tengo yo y, aunque él insiste en subrayarlo en rojo, no cedo y pongo "paraclitados", o sea, "afectados por el Paráclito" y, como consecuencia, "defendidos" y "animados".

- "¿Animados? ¡Hombre, no me fastidie! Pues están los tiempos como para animarse..." Claro, pues por eso, precisamente porque no lo están y porque la esperanza es el recurso teologal diseñado en especial para situaciones como las presentes. ¿O es que tenemos que tachar Pentecostés del calendario cristiano, como si fuera una ventanilla con el letrero: "Cerrado hasta que termine la crisis. Disculpen las molestias?"


Al Espíritu de Jesús no hay gobierno que lo recorte, así vamos a hacer algunas consideraciones en torno a su paso por nuestra vida. De entrada, recordar que nos deja esponsorizados, es decir, pudiendo contar con Alguien que patrocina nuestras actividades y sufraga los gastos y "desgastes" que traen consigo nuestros proyectos, intentos y relaciones, mayormente en lo que se refiere a tratar de vivir según el evangelio de Jesús.

Tampoco descansa hasta que nos convierte en gente sinergizada. A riesgo de ponerme pesada con asuntos lingüísticos, recuerdo que es una palabra del último verso del evangelio de Marcos y actúa como "certificado de últimas voluntades" del Viviente: "Ellos salieron a predicar por todas partes y el Señor "trabajaba junto con ellos" (syn-ergein). O sea que "co-laboraba", "con-curría" o "actuaba como socio". Nada menos.

Otro regalo más: nos convierte en frutiportantes y, si les suena raro, vayan a Gal 5,22-23 que habla del "fruto" del Espíritu y dibuja el perfil de quien se deja guiar por él: es alguien capaz de amar de verdad, no pierde la alegría, mantiene la paz, tiene una respiración larga (la famosa "longanimidad" del catecismo), es amable y buena persona, mantiene la palabra dada, tiene aguante y capacidad para ser señor de sí mismo.

Podemos preguntarnos si todos estos dones no tienen contrapartida y si no necesitamos hacer nada a cambio. Y creo que, sin negar su condición de gratuidad, hay una condición previa que nos dispone para recibirlos: el intento de "desalojar troyanos", esos pensamientos aún más peligrosos que los peores virus y que amenazan infectarnos el sistema operativo vital: "No podemos hacer nada", "Han acabado con todo", "No tenemos salida"... Que cada cual detecte sus vulnerabilidades y se pase el antivirus correspondiente.

Aporto uno de los más recomendados por su eficacia y que refleja una tradición árabe sobre Jesús: Juan el evangelista tenía una risa contagiosa y Simón Pedro, en cambio, era dado al llanto. Entonces Simón dijo a Juan: "Te ríes tanto como si ya hubieras llevado a cabo la obra de tu salvación". Y Juan le contestó: "Y tú lloras tanto como si ya hubieras desesperado de tu Señor". Entonces Dios reveló al Mesías: "De los dos modos de vivir, el de Juan me agrada más".

Si a algo nos empuja el viento de Pentecostés es a coincidir plenamente con los gustos de Dios. 

Dolores Aleixandre · ALANDAR Junio 2012