martes, 5 de junio de 2012

Crónica de una peregrinación


Organizada por la Comunidad y la Fraternidad de Santo Domingo de Scala Coeli, de Córdoba, y bajo la dirección espiritual e histórico-cultural de los Padres José Antonio Segovia, Promotor de la Fraternidad de laicos dominicos, y Paco R. Fassio, Prior del Convento de dicho nombre, tuvo lugar durante los días 24 a 27 del pasado mes de mayo, una peregrinación a distintos lugares dominicanos de España, como continuación de la organizada, en su primera edición, en el año 2010 tras la huella de Santo Domingo, a Caleruega y otros lugares plenamente dominicanos.

En la misma han participado un muy nutrido grupo de miembros de dicha Fraternidad, de los distintos talleres de oración y de orantes que se desarrollan a lo largo del curso en Scala Coeli, y de amigos provenientes de Córdoba, Sevilla, Granada y Málaga.


En esta ocasión, teniendo como figura central a San Álvaro de Córdoba, se trataba de visitar los distintos lugares donde San Álvaro estudió, vivió y enseñó, antes de partir hacia Córdoba para fundar el Convento de Scala Coeli. Y, junto a San Alvaro, vivir también la presencia de ilustres dominicos tales como Fray Luis de Granada, el P. Arintero y otros.

En concreto, realizamos unas muy completas visitas a los conocidos e impresionantes Conventos de Santo Tomás, de Ávila; San Gregorio y San Pablo, de Valladolid; y San Esteban, de Salamanca. De la historia de cada uno de ellos fuimos instruidos por el P. R. Fassio, así como por el P. Laya, Prior del Convento de Santo Tomás, y por Fray Salustiano, Prior del Convento de San Gregorio y San Pablo. Ni que decir tiene que salimos impresionados y maravillados de toda la estética monumental y de todo el saber que se encierra entre los muros de dichos Conventos.

Además de lo anterior, es de justicia destacar cuatro hechos acaecidos en la peregrinación:

1º. El descubrimiento por nuestra parte de una joya monumental, muy poco conocida, situada en la pequeña población castellana de Santa María la Real de Nueva. Se trata del Convento e Iglesia de Ntra. Sra de Soterraña. De la misma recibimos toda una detallada, interesantísima y amena explicación por parte de D. Vicente, persona encargada de mostrar la Iglesia y el monumental claustro del antiguo convento dominico, todo un ejemplo de simbolismo y de sabiduría esculpida en piedra, donde todas las figuras e imágenes que a lo largo de los capiteles del mismo aparecen, tienen su significado, su enseñanza, su por qué y su para qué.

2º. Un segundo hecho es otro descubrimiento. Se trata de la majestuosidad del antiguo convento de Santo Domingo de Plasencia, hoy totalmente restaurado y acondicionado como Parador Nacional. Y, como en el caso anterior, una persona, D. Félix Lobo, Director del Parador, haciéndonos un hueco en su trabajo, nos acompañó en la visita y nos transmitió sus amplios conocimientos sobre la historia tanto del edificio como de las personas que a lo largo de la historia fueron habitando el mismo.

En ambos casos tuvimos la gran suerte de poder ser atendidos por dos personas que no solo nos transmitieron sus conocimientos, sino también sus sensaciones y su amor hacia los edificios en cuestión. Verdaderos espíritus predicadores.

3º. Un tercer hecho a destacar no tiene un momento concreto de producirse en el viaje, sino que ha sido una constante durante todo el mismo. Cada día nos sorprendía más –incluso a los que lo conocemos un poco-. Se trata de nuestro P. Paco R. Fassio. No es cuestión ahora de hablar de su humanidad y de su trato. Ello merece muchísimo más tiempo. Por eso, y en concreto, ahora vamos a destacar su conocimiento de “todo”. A lo largo de toda la peregrinación no solo hemos recibido explicaciones de los lugares por donde pasamos, de los edificios visitados, de sus habitantes y moradores, sino también de hechos que han acaecido en los mismos e, incluso, su traslación a situaciones actuales. Verdaderas lecciones académicas, filosóficas y, sobre todo, teológicas. Y todo ello con su forma de transmitir y de saber llegar a todos nosotros.

4º. Y, finalmente, un hecho que ha supuesto un hito para todos los que hemos compartido esta peregrinación. Hemos tenido la oportunidad de recibir el Espíritu Santo, de vivir Pentecostés, en itinerancia. Y, concretamente, hemos asistido y hemos sido, en parte, coprotagonistas de la celebración de la Eucaristía con motivo de Pentecostés, celebrada en la Capilla de la Transverberación del Convento de la Encarnación, de Avila, sintiendo muy de cerca la presencia espiritual de Santa Teresa. Y decimos que ha supuesto un hito, no solo por lo vivido, sino cómo lo hemos vivido y, sobre todo, cómo nos lo ha hecho vivir –a nosotros y a las monjas de la Encarnación que se encontraban tras las rejas- el celebrante, nuestro P. José Antonio Segovia. El sentimiento y disponibilidad a lo largo de toda la ceremonia, los cantos elegidos y las palabras de la homilía de Pentecostés han supuesto el punto álgido de nuestra peregrinación. Eso, al decir de todos nosotros y de las personas asistentes del lugar, que incluso nos han venido a comentar y a felicitar por la ceremonia en la que han tenido la dicha de participar.

A pesar de su extensión, se trata de un crónica muy resumida, a la cual le falta por comentar, entre otras circunstancias, nuestra visita al original Museo “Porticum Salutis”, situado en el Convento de Santo Domingo de Ocaña; nuestro rato de asueto con las Monjas Dominicas del Convento de las “Dueñas”, en Salamanca, y el rezo con ellas de las Vísperas de Pentecostés; el reencuentro en Valladolid, con Juanma, nuestro prenovicio de la provincia dominicana de la Bética; y los distintos almuerzos en comunidad, destacando entre ellos, el celebrado en la Residencia Santa Inés, en Salamanca, de la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata, de las cuales recibimos todo tipo de atenciones; además del lugar de nuestra estancia y de la persona de D. Antonio, el paciente, amable y atentísimo responsable de la Casa Diocesana de Ejercicios de Ávila; y dejando para el final nuestro regreso a Córdoba bajando desde Castilla y Extremadura por todo el Valle del Jerte, admirando el paisaje y llegando, casi casi, a tocar las espléndidas cerezas que se encontraban a un paso de ser cogidas de los árboles para deleite de nuestros paladares.
 
Un éxito de peregrinación que nos da ánimos para intentar organizar una nueva. Quizás nuevos conventos y lugares dominicanos en España o con destino al sur de Francia o, por qué no, dirección Bolonia y Roma. Pero, en cualquier caso, pensando vivir o, al menos, sentir el espíritu de Santo Domingo.


Antonio Rodríguez, dominico seglar