martes, 1 de mayo de 2012

Abraza a Jesús Crucificado


Queridísima hermana en Jesús.Yo, Catalina, sierva de los siervos de Jesús, te escribo en su sangre preciosa, deseosa de que te alimentes y te nutras del amor de Dios como del seno de una dulce madre.

Quien posee el amor de Dios, encuentra en ello tanta alegría que cualquier amargura se transforma en dulzura, y todo gran peso se vuelve ligero. No hay de qué sorprenderse porque, viviendo en la caridad, se vive en Dios: “Dios es amor; el que está en el amor habita en Dios y Dios habita en él”.


Viviendo en Dios, por tanto, no se puede tener amargura alguna, porque ¡Dios es delicia, dulzura y alegría infinitas! ¡Es ésta la razón por la que los amigos de Dios son siempre felices! Aun enfermos, indigentes, afligidos, atribulados, perseguidos, nosotros estamos alegres.

Aun cuando todas las lenguas que hablan mal nos criticasen, no nos importaría, ya que de todo nos alegramos y disfrutamos, porque vivimos en Dios, nuestro reposo, y gustamos la leche de su amor. Como el niño obtiene la leche del seno de la madre, así nosotros, enamorados de Dios, obtenemos el amor de Jesús crucificado, siguiendo siempre sus huellas y caminando junto a él por la vía de las humillaciones, de las penas y de las injurias.

No buscamos la alegría si no en Jesús, y huimos de toda suerte de gloria que no sea la de la cruz. Por tanto ¡abraza a Jesús crucificado, alzando hacia él la mirada de tu deseo! ¡Considera el ardiente amor por tí, que ha llevado a Jesús a derramar sangre de cada poro de su cuerpo!

Abraza a Jesús crucificado, amante y amado, y en él encontrarás la vida verdadera, porque es Dios que se ha hecho hombre. ¡Ardan tu corazón y tu alma por el fuego de amor obtenido de Jesús clavado en la cruz!

Debes, entonces, transformarte en amor, mirando al amor de Dios, que tanto te ha amado, no porque tuviera ninguna obligación para contigo, sino por pura donación, empujado sólo por su inefable amor.

¡No tendrás otro deseo que el de seguir a Jesús! Como embriagada por el Amor, no te darás ya cuenta de si te encuentras sola o en compañía: ¡No te preocupes por nada, sólo de encontrar a Jesús y caminar tras él! ¡Corre, y no te duermas nunca más, porque el tiempo corre y no espera ni un momento!

Permanece en el dulce amor de Dios.
Jesús dulce, Jesús amor."

Santa Catalina de Siena OP (1347-1380) 
(carta n. 165 a Bartolomea, esposa de Salviato da Lucca)

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